María Galindo, artivista lesbiana y feminista boliviana
A volcar la tortilla
Anarquista pública, teórica lesbiana, referente central de los feminismos latinoamericanos, María Galindo ha intervenido las calles y las catedrales con grafitis y acciones de denuncia contra la homofobia, el machismo y los mandatos eclesiásticos. De paso por Buenos Aires, compartió saberes en el conversatorio “Lo indígena y lo marica, una relación trágicamente colonial”, y destripó las subjetividades de los políticos bolivianos, de cara a las elecciones del 20 de octubre próximo.
Imagen: Mujeres Creando-Guido Limardo/MAMBA

¿Cómo se explica la homosexualidad?

-Creo que es una enfermedad.

¿Y si es una enfermedad, usted cree que es contagiosa?

-Sí, se puede contagiar.

El diálogo entre la escritora y artivista anarcofeminista boliviana María Galindo y el diputado indígena del Movimiento Al Socialismo (MAS), Avilio Vaca, es apenas un tramo de las entrevistas realizadas durante 2017 a casi el 54 por ciento del Parlamento nacional, una invitación a ciegas del vicepresidente Alvaro García Linera a Galindo, que le abrió las puertas de una oficina gubernamental frente a la suya para entrevistar a legisladoras y legisladores acerca de lo que se le cantara: por cierto, manera inútil de rogarle que dejara al menos por un rato de hacer estallar las calles y las catedrales del país. El insólito laboratorio se convirtió en una de las investigaciones políticas más apasionantes y sin precedentes en el mundo, que durante dos años indagó sobre homofobia, sexualidades, familia, diversidad, placer, cuerpos y machismo en las entrañas del poder político. Y la verdad es que a ninguno en ese palacio le gustó lo que María fue descubriendo, recordó el sábado en el conversatorio "Lo indígena y lo marica, una relación trágicamente colonial", en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba).

“Tanto es así, que al tiempo nos echaron a cajas destempladas. `O te vas ahora con tus cosas, o te vas por la fuerza y nos quedamos con todo lo que trajiste`“, le dijeron los mismos empleados que meses antes habían dispuesto un despacho a metros de García Linera, casi un rockstar del evomoralismo. De la experiencia surgió el libro No hay libertad política si no hay libertad sexual, que este año se reactualiza junto con las videoentrevistas del escándalo, para inundar la agenda de campaña con las voces y los cucos del patriarcado legislativo hegemónico, frente a las elecciones presidenciales del 20 de octubre próximo en Bolivia.

“Este es un material fundamental para dar cuenta durante todo el proceso eleccionario de lo que piensan diputadas y diputados; logramos mostrar sus enaguas y sus calzones", señala Galindo. "Y en un acto de volcar la tortilla, nosotrxs pasamos de estar en el banquillo de seres eternamente cuestionadxs y obligadxs a explicarnxs, a pedir explicaciones, y ellos de ser representantes a ser representativos.” Reponer ese trabajo en estos momentos significa nada menos que desencajar la política en un país donde su presidente llegó a decir que los pollos engordados con hormonas son la causa de la homosexualidad. “Nos atrevimos a preguntar por qué” afirma la fundadora, junto con Julieta Paredes, de la organización lésbica Mujeres Creando.

La Galindo, esa gran boca de labios negros siempre abiertos para gritar manifiestos de feminismo urgente que recuperen libertades despatriarcales y decoloniales, interpela a un auditorio porteñx en la noche de San Telmo del mismo modo que lo hace con la mariconada lésbica, homosexual, travesti, trans, india, loca, blanca, que en su nación todavía no fue al Parlamento “a preguntar” sobre las bases ideológicas y el sistema de partidos que los oprime. “Quiero joder al movimiento gay”, ríe, “porque está mal armado para hacer estos reclamos, y para que se enfrente a esas estructuras fascistas. La democracia representativa está en una profunda crisis, y es necesario plantear otras formas.”

No hay libertad política si no hay libertad sexual, fue y es una bomba de periodismo,  investigación antropológica y activismo con entrevistas audiovisuales, que logró reventar algunas madrigueras enquistadas en la estructura política del altiplano. A aquella invitación de García Linera la habían precedido una “escultura lésbica efímera” en la puerta de la Catedral, justo frente al Parlamento, y los gritos de un vocero indígena autorreconocido aymara, de la bancada del MAS, que les aullaba “asquerosas, inmorales, ajenas a nuestra sociedad, pervertidoras de lo originario, contaminantes de la pureza boliviana. Mujeres así habría que expulsarlas”. Uno de los hallazgos de Mujeres Creando es armar escándalos gigantes. De ahí a García Linera y la revolución, hubo un solo paso.

En el conversatorio del Mamba, Galindo enlazó el misterio de los quipus con las sexualidades y el placer.

¿Una pareja homosexual puede adoptar?

-No, porque tal vez esa pareja se descontrola y puede perjudicar al niño.

(Entrevista al diputado Ciro Felipe Zabala Canedo.)

“Ya sabemos que la representación política es una instrumentalización, y tenemos un discurso de desconfianza con respecto a la construcción de esa representación política”, advierte Galindo. “Sin embargo, la desconfianza puede convertirse en pánico si constatamos que la iglesia católica tiene una gran bancada, pero que no se enuncia ni se presenta como una bancada católica. O que las iglesias fundamentalistas tienen una gran bancada compuesta mayormente por compañeras y compañeros de las naciones indígenas.”

Y aquí la primera incisión al hueso: preguntar-nos sobre el sentido político del manejo de las identidades y de la representación política fundada en cuotas identitarias. “Si en Bolivia dejábamos la decisión de la despenalización del aborto a la bancada de mujeres, el aborto no se despenalizaba.” ¿Cuál es entonces la representación política de las mujeres en una democracia neoliberal? “Es una representación biológica de portadoras de útero, no es una representación ideológica”, responde. “Pero esto no es inocuo, porque al ser una representación biológica de portadoras de útero, es una representación reaccionaria desde el punto de vista más conservador del propio patriarcado, que tiene portadoras de útero para decir `Mujeres, ustedes no están excluidas, aquí han sido incluidas en la representación política`”.

Rompiendo la machocracia

Los grafitis de Mujeres Creando constituyen sin duda las acciones fundacionales de la organización, de toma del espacio público como un feminismo de la despatriarcalización y contra la machocracia. Galindo asume estos principios con toda su humanidad y los amasa en preguntas que lanza al auditorio del Mamba. ¿Quiénes deciden si somos o no aceptadxs? ¿Cómo construir la otredad desde los discursos dominantes y crear pensamiento crítico? ¿De qué modos la representación parlamentaria, religiosa, social y cultural colonial clausura la mariconada indígena precolombina y la actual?

“Estamos frente a una democracia sin cuerpo desde el momento en el cual a las instituciones del Estado les preguntamos por el cuerpo, y se remiten a la respuesta eclesiástica. Eso es grave. La democracia representativa está en crisis y por eso hablo de 233 (diputados) parásitos de la democracia, porque es importante inventar, redefinir, plantear otras formas, contenidos y propuestas económicas de democracia.”

Pero si todo esto pareciera delirio radicalizado, impulso disparatado o acaso el mal menor, “me dirán ustedes, maricas, mujeres, trans, si tiene algún sentido pararse en la puerta de un parlamento a demandar un derecho”. ¿Cuál es el tamiz por el cual va a tener que pasar esa demanda para constituirse supuestamente en derecho ganado?, pregunta alguien. “Puede que no sólo nos enfrentemos a una derrota –sostiene Galindo-, sino a un derecho ganado frágil, en condiciones de chantaje.”

En el enfrentamiento a esos discursos neoliberales, “desecantes de la participación de las mujeres”, se debería cuestionar al feminismo occidental eurocéntrico para recuperar un pensamiento feminista diverso, que se reconozca desde un pacto ético en torno a la soberanía de los cuerpos. “Me pregunto por qué está resultando ser la respuesta judeocristiana la respuesta recurrente dogmática.”

Los quipus son instrumentos misteriosos hechos de lanas y cuerdas, que utilizaron los incas y otras culturas andinas para contar ganado, prever los cambios de la luna, y atesorar leyendas. Su existencia millenial sobrevivió al Tercer Concilio Limense de 1583, cuando los declararon objetos idólatras y ordenaron destruirlos. “Son inexplicables, del mismo modo que tampoco podemos explicar nuestras sexualidades” dice Galindo a propósito de esa belleza prohibida que tiene entre sus manos y exhibe frente al auditorio con la misma satisfacción que experimentó el día en que se lo obsequiara una campesina de Bolivia, ese país al que nunca dejará de exigirle respeto y libertad “para toda la mariconada”. Como la trama inexplicable del quipu que intenta revelar los tiempos de la siembra y la cosecha, la teórica-chamana sigue buscando respuestas en las piedras y el aire del altiplano para no caer en las trampas del poder fascista. “Ni de sus criterios inquisitoriales. Hoy estamos ante una democracia que no es para maricas, no es para los cuerpos. Nos quieren mandar a la hoguera. En este escenario, la iglesia y su catecismo colonial se han ocupado de hacer la reconstrucción de la memoria ancestral. Y eso es muy angustiante.”

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