Siete días en la ciudad
La transición silenciosa.
Que Javkin no hable públicamente de la transición con Fein no quiere decir que desconozca el calamitoso estado de las finanzas locales. La relación con el futuro gobernador como clave de los aportes que deberá seguir recibiendo la ciudad.

Que el intendente electo Pablo Javkin no opine públicamente de la transición con Mónica Fein en Rosario, no significa que todo el camino esté allanado. Siendo parte del mismo espacio político, tiene muchas limitaciones para señalar aspectos vinculados a la marcha de la gestión pública y además sabe que deberá convivir con muchos cuadros que vienen desempeñándose desde hace mucho tiempo en la estructura municipal. Pero Javkin sabe de memoria que la Municipalidad está al límite de sus posibilidades presupuestarias desde hace mucho tiempo, y que así como la provincia fue creciendo en dependencia respecto de los recursos nacionales, lo mismo ocurrió aquí respecto de los fondos provinciales.

Unos mil millones de pesos llegan para cubrir la salud pública local, unos 1300 más para cubrir los subsidios al transporte de pasajeros que retiró el gobierno nacional y otra cifra parecida para solventar la Tarifa Social Eléctrica de la EPE. Pero todo ese dinero no alcanza y la caída de la recaudación en materia de TGI y sobre todo del Derecho de Registro e Inspección, comprometen aún más las finanzas públicas.

El municipio acaba de reprogramar su deuda con las cooperativas que nuclean a más de dos mil trabajadores y lo mismo hizo con otros proveedores. Pero también desdobló el pago de las horas extra de los municipales y esto ya enciende una alarma diferente. “Nosotros consideramos que las horas extra son parte del sueldo”, advirtió Antonio Ratner, secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Rosario.

Por empezar, Rosario tiene un presupuesto de casi 1300 millones de pesos menos que la ciudad de Córdoba que es similar en tamaño y obligaciones, pero claro, no es capital de provincia y entonces siempre tendrá que salir a pelear con lo suyo. Por eso desde el peronismo ya le apuntan al gobierno de Miguel Lifschitz alguna suerte de discriminación al haber adelantado coparticipación para los rosarinos en más de mil millones de pesos, en detrimento de otras ciudades. Uno de los que apuntó públicamente este dato es Claudio Leoni de la Federación Santafesina de Trabajadores Municipales (Festram). Pero las autoridades de Rosario creen que el tema se vincula más con una interna de este dirigente con Ratner, que con las asimetrías distributivas que puedan plantearse.

De cualquier manera, la incipiente y buena relación que Javkin construyó con el gobernador electo Omar Perotti, será clave para el futuro. Perotti podría encontrar en el próximo intendente de Rosario un enlace clave para limitar el accionar político de Lifschitz al que visualiza como jefe de la oposición a partir del 10 de diciembre.

No son pocas las cosas que cambiarán en el corto plazo y si bien Perotti ganó su elección principalmente en Rosario, no quiere decir que no vaya a haber modificaciones respecto de los doce años de administraciones del mismo signo político y de origen rosarino. Hay una cultura política que se desarrolló durante más de una década y el peronismo que regresa no puede ser idéntico al que se fue en diciembre de 2007. Pasaron cosas en todos estos años.

Así como a nivel provincial la preocupación de Perotti y sus equipos por el déficit van perfilando un tipo de administración de los recursos, habrá que ver qué lugar ocupa Rosario en la consideración de un gobernante hecho a imagen y semejanza de las poblaciones rurales santafesinas.

Con todo lo más curioso sigue siendo la nula referencia de Perotti y sus equipos a la realidad nacional. En la campaña se entendía que el adversario a vencer era el socialismo y por ende todos los dardos apuntaban hacia la administración provincial. Pero con la elección ya ganada Perotti y sus colaboradores, con la excepción tal vez del diputado Leandro Busatto y de la vicegobernadora Alejandra Rodenas; jamás menciona la debacle nacional y su incidencia en Santa Fe como una de las causales de los problemas económicos actuales y que tendrán repercusión en el futuro inmediato.

 

Se vió claramente en la estrategia del peronismo de mandar a los intendentes y jefes comunales a reclamar, con justicia, los fondos de Obras Menores que les debía Lifschitz. Una de las que encabezó esos reclamos fue la intendenta de Cañada de Gómez Stella Clérici que después de explicar brevemente en la prensa las deudas que le reclamaba a la provincia; se explayó con lujo de detalles sobre los efectos devastadores de las políticas machistas en su territorio que es sede de numerosas industrias de muchos años que hoy están al borde del quebranto producto de la caída constante de la actividad económica y de las altisimas tasas de financiamiento. Precisamente, esa fue una de las pocas cosas que se le escuchó decir a Perotti de las políticas del gobierno nacional: “Cada vez que hubo altas tasas para la actividad financiera, se resintió la producción”. No parece mucho ante lo que realmente han significado para el país y para Santa Fe los estragos del macrismo en estos últimos años.

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