Juzgado por varias causas
Catorce años de prisión por violentar a mujeres
Reimundo Cardozo fue juzgado y condenado por una sumatoria de causas de violencia de género contra tres mujeres, entre ellas una adolescente a la que sometió por años.
Reimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldasReimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldasReimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldasReimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldasReimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldas
Reimundo Cardozo, con buzo verde, de espaldas 

La causa más grave por la que llegó a juicio Reimundo Oscar Cardozo fue un intento de femicidio contra una joven, a la que sometió a todo tipo de violencias desde los 16 años y con la que tuvo dos hijas.

Cardozo fue condenado por los delitos de tentativa de femicidio, lesiones leves, abuso sexual con acceso carnal continuado, coacción, desobediencia judicial, amenazas.

El intento de femicidio fue el 12 de abril de 2018 en la localidad de Cerrillos, ese hecho desencadenó que se conocieran los abusos sexuales, las agresiones físicas, el sometimiento por años a la joven que hoy tiene 21.

En este caso intervino la Defensora de Violencia Familiar y de Género, Liza Medrano, quien detalló a Salta 12 que al imputado lo juzgaron por causas que se fueron acumulando.

También se lo condenó por apuñalar a la madrastra de la joven cuando intercedió para defenderla y evitar que la asesinara.

Esta mujer “con su tenaz resistencia la defendió, puso en riesgo su propia vida y evitó que las puñaladas sean de mayor gravedad y número. A pesar de haber estado cursando un embarazo de alto riesgo la pudo proteger”, contó la defensora de género.

El hombre también tenía denuncias previas de otra mujer que había sido su pareja, por “amenazas, coacción y desobediencia judicial”. Ella relató que vivió “16 años de alta violencia física y verbal. A pesar de no continuar con la relación, él se seguía presentando en el domicilio”. De este modo se lo condenó “por los delitos en conjunto”.

Amigo de la familia

Cardozo es padrino de confirmación de la víctima que hoy tiene 21 años, con quien tuvo dos hijas. La joven quedó embarazada del imputado por primera vez cuando ella tenía 16 años y él 44. El acusado la llevó a vivir a su casa cuando el padre de la chica, amigo de Cardozo, se marchó para trabajar en una mina. La madre de la joven no residía con la familia.

Medrano aclaró que la adolescente “nunca se consideró pareja de su victimario, nunca proyectó una vida en común, no lo eligió como padre de sus hijas y nunca consintió un vínculo amoroso”. La imputación en este caso fue por “tentativa de femicidio u homicidio doblemente calificado por mediar violencia de género y una relación de pareja que no consintió, a la que fue sometida mediante engaños, con total brutalidad, maltrato físico y lesiones de todo tipo”.

“En oportunidades en que el padre de la chica trabajaba, (Cardozo) abusaba de la confianza y era muy violento. Se dedicaba a la construcción, realizaba trabajos en la casa de la víctima. En algunas ocasiones por comodidad dormía en el sector que estaba construyendo, lo consideraban un amigo de la familia”.

En el juicio se determinó que Cardozo "tiene una personalidad manipuladora, que tiende a interrelacionarse solo buscando algo útil del otro. Se dijo que desarrolla una conducta parasitaria como para que pueda entenderse de qué se refiere", sostuvo Medrano.

Desenlace casi fatal

El condenado decía que hacía curaciones y usó esta artimaña para abusar de la adolescente. Después de años de sometimiento, la chica “se le va de ese círculo de poder” y él “reacciona de forma violenta” y extrema, tratando de matarla a puñaladas. Estuvo prófugo y en mayo de 2018 lo detuvieron.

“El juez (Ángel Amadeo Longarte) interpretó que hubo intención de asesinar y por eso se logró esa pena”, dijo la defensora de género. La funcionaria también señaló que la defensa del imputado había intentando que la carátula de la causa bajara solo a lesiones para lograr una disminución de la condena. Especificó que los intentos de femicidios son difíciles de probar porque se necesitan hechos concretos para demostrar que corrió riesgo la vida de la víctima.

Medrano manifestó que, además de formar parte del proceso penal, hicieron otra clase de acompañamiento. “Aconsejamos terapia psicológica, hemos tratado de indagar un poco más en la parte familiar a los fines de que la víctima adopte herramientas para poder superar los hechos que ha tenido que vivenciar”.

La defensora dijo que las víctimas relatan de manera coincidente “que desde que Cardozo está privado de la libertad tienen cierta paz y su vida cambió radicalmente. Pueden sentirse libres de ejercer los actos propios de la vida (…) sin ningún temor de recriminaciones, sin hostigamientos, celos, vigilancia, persecuciones, que era lo que sufrían continuamente”.

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