LAS TRES CARABELAS. NUEVA NOVELA DEL COFUNDADOR DEL FLH (FRENTE DE LIBERACION HOMOSEXUAL)
BLAS MATAMORO: RETRATO DE UN SOBREVIVIENTE
En 1971 fundó junto a otros intelectuales y escritores el FLH (Frente de Liberación Homosexual). Ganador del Premio Literario Academia Argentina de Letras en el 2018, Blas Matamoro, a punto de tomar el avión que lo lleva a Madrid, donde vive desde 1975 desde que prohibieron su libro Olimpo, se encontró con SOY para hablar de la reedición de Las tres carabelas (Editorial De Parado), un libro autobiográfico donde narra sus primeros amores, deseos de los que no se hablaba y de algunos que todavía siguen siendo tabú, como las fantasías de incesto con su hermana. También hablamos del ser migrante,  los movimientos de ultra derecha que asechan y la interculturalidad que nos atraviesa aunque el prejuicio, a veces, es muy grande...

Matamoro, según el mismo lo cuenta, trata deliberadamente que un día de su vida sea distinto al anterior. Se jubiló como abogado pero eso no impide que siga desarrollándose como un intelectual de su época. En el 2006 se casó con su compañero, con el que lleva 41 años de pareja, y con el que comparte la crítica de música, entre otras cosas.

Hace 41 años…

Nos mudamos dos veces nada más y en las dos casas donde vivimos los vecinos siempre nos tomaron como uno más. ¿Cómo está su amigo, su compañero?, nos preguntaban. Fue una experiencia. No había que explicar nada. Es un principio básico de uno mismo: si uno se acepta, los demás lo aceptan.

¿Cómo era ser gay en la época en que fundaron el FLH?

¿Sabías que se fundó en mi casa? En la calle Rioja, fue ahí donde se le dio el nombre. Había un grupo, en Lomas de Zamora, de ahí salió un muchacho que era dirigente de correos, Héctor Anabitarte, que ahora vive en Aranjuez. En mi casa se decidió el nombre. Se le ocurrió, creo, a Juan José Sebreli. Estaban Juan Fernández, Manuel Puig, que murieron, y los que sobrevivimos… En fin… El frente se disolvió cuando murió Perón y en la Revista El Caudillo, de López Rega, salió la amenaza que había que tratar a los militantes homosexuales como guerrilleros y ahí se dijo, más vale abrir un paréntesis o como diría Perón: “desensillar hasta que aclare”, y aclaró bastante en este tiempo histórico…

EL LIBRO

A principio de los años 80, Matamoro estaba esperando la llegada de un guía turístico en el convento Las Descalzas Reales. Allí tuvo un destello que desencadenó en la escritura de Las tres carabelas. El convento de  monjas de clausura fue fundado en 1559 por Juana de Asturias, hija de Felipe II, quién se metió como monja pero antes se llevó todas sus joyas y tesoros, e instaló una capilla junto a otras señoras de la aristocracia. Es un edificio clacisista del siglo XVI, ubicado en el centro de Madrid, rodeado por el murmullo de la ciudad, que alberga importantes obras de arte. Parte del espacio  funciona como museo.
“Ahí estábamos, esperando… Mirando tapices dibujados por Rubens con escenas heroicas y mitológicas de la antigüedad donde abundan cuerpos semi desnudos de hombres muy bien hechos. Yo creo que ahí me puse a pensar: estas mujeres, obligadas a la virginidad, tienen que recorrer este salón habitado por estos ejemplares de hermosura masculina.... Yo imaginé que esas monjas tenían un erotismo encerrado y secreto”.

El año pasado, en Madrid, recibió un correo de Mariano Blatt y Francisco Visconti, editores de De Parado, la editorial que se dio a conocer publicando ebooks de temática porno gay y con la salida de libros en papel se expandió a la narrativa gay.

“Las tres carabelas” se publicó en 1984 y esta reedición sería un rescate, después de 35 años…

Es decir, la edad de los editores- dice Matamoro en varios sentidos, mientras baja los violines que salen del equipo de música que envuelven el living de la casa de su hermana, en el barrio de Flores- Gente que tiene dos generaciones menos que yo, ellos a mí no me han podido tratar nunca. Yo podía estar muerto, también. Sin embargo, pescaron este libro y se entusiasmaron con él.

Su libro permite descubrir cómo era en ese momento describir la  homosexualidad …

No volví a leer el libro. Me interesa mucho más lo que puedan leer los otros; sobre todo los lectores lejanos, más que los del momento de la edición. Los lectores que tienen treinta y pico de años menos que el libro son los que me interesan. ¿Por qué no re descubrir la vanguardia de los años 20 o el modernismo como fue Perlongher con su neo barroco? ¿Por qué eligen este pasado para releer?

¿Por qué?

No, no lo sé. ¿Cómo voy yo a saber eso?

Oscar Hermes Villordo, en esa época reseñó el libro. “La mano en la brasa”, de Villordo, es del 83, contemporáneo a “Las tres calaveras”, y también es un retrato de época, de una subcultura de la que casi no hay registros…

Esa podría ser una guía. De mi generación, te puedo decir, que había silencio respecto al tema gay. No se escribía. Si había una historia sentimental entre dos personas del mismo sexo estaban mostradas como afectivas, de coincidencia intelectual, o desde el malditismo modernista como Bomarzo, de Manuel Mujica Láinez. Ahí está la homosexualidad pero como gracia, locura y con culpa; la boca del infierno. Otra línea podría ser que estábamos escribiendo cuando vino la dictadura y le cortó la cabeza a todo el mundo. Entonces, es como decir, vamos a leer a los que sobrevivieron. Ese es un trauma histórico que no sé si está elaborado. Para elaborarlo hacen falta varias generaciones… Cuando uno le pueda preguntar al abuelo a dónde estaba cuando pasó todo esto.

¿Tenía alguna idea previa?

No, no. Idea previa no tengo nunca. Las ideas te sujetan, son autoritarias. Las vivencias pasan como pasa la vida. El acto de escribir tiene que ver con el olvido y con producir subjetividad. A los editores actuales, al igual que a Villordo cuando escribió sobre el libro, les interesó el proceso de auto reconocimiento de la homosexualidad, es decir cómo me puedo reconocer en un mundo donde “de eso no se habla”, y si se habla es para condenarlo o ridiculizarlo. ¿Qué hago yo? ¿Me considero un condenado, un ridículo, u otra cosa?

¿Qué fue lo decisivo?

Yo creo que fue la dirigencia política, que en un momento reconoce que esto existe. El gran movimiento nacional, el 90% de la política argentina, que en una época fue el radicalismo y en otra el peronismo. Cuando alguien dice esto existe, la cosa cambia y se llega finalmente al Matrimonio Igualitario en contra de la opinión de la iglesia, que no nos olvidemos, es una de las grandes corporaciones de la historia argentina.

ANTE LA LEY

Aprovechando que usted es abogado, le pregunto: En la Argentina tenemos Ley Antidiscriminación, de Matrimonio Igualitario, de Identidad de Género. ¿Cuál le parece que nos estaría faltando para que se respeten todos los derechos humanos?

El código penal sobre delitos de odio sexual, odio racial. El delito subsiste, como un asesinato, que ha habido y habrá, castigarlo como un agravante. Un asesino que mata por razones raciones es más grave que mata que por un arrebato circunstancial.

El año pasado se hizo jurisprudencia por el asesinado de la activista Diana Sacayán al dictaminarse “travesticidio” porque se comprobó que el homicidio fue por odio a una travesti…

Odio al otro, te odio porque sos distinto, en un país como este, de inmigración, donde el otro está viniendo todo el tiempo, y somos descendientes de los otros. Eso se potencia en la inmigración. Cuando a uno le toca inmigrar, siendo de una familia inmigrante, estoy pasando un poco la vivencia de mi abuelo o mi abuela. Ellos debieron vivir algo similar.

¿Cómo fue haber migrado a España?

Había espacios y había que averiguar a dónde estaban. Cada uno se metía dónde podía. Fue el comienzo de la experiencia española de las migraciones porque antes, España, no era un país de inmigrantes; era todo lo contrario. Nosotros llegamos siendo chilenos, uruguayos, argentinos sobretodo, minoritarios, porque teníamos cierta preparación. No fuimos muchos, pero resultamos ser el preludio de lo que vino después, 5 millones de inmigrantes, mayormente descalificados y muchos de ellos no eran hispano-parlantes; a partir del 2000 llegaron muchos inmigrantes del norte de África.

¿Cómo encontró a Buenos Aires en relación a las sexualidades divergentes?

Mucha explicitación, se explicita la cosa. En España se ve cine argentino y ahí también se nota, porque tiene una tradición puritana increíble. Me parece que hay un cambio que tiene que ver con lo sensible; y que está bueno. Todo lo que sea mostrar a través del arte está bien, aunque esté mal mostrado. El arte, si tiene alguna eficacia, es sacar de lo cotidiano lo extraordinario.

¿Y Buenos Aires?

Flores tiene un encanto y es especialmente pastiche, eso me gusta. La arquitectura de imitación mezclada como a cada uno le dio la gana de hacerlo, conservando casonas antiguas. La conservación del pasado, en ciudades europeas, está ligada a un pasado. Cuando trasportas el pasado de un montón de lugares de Europa y los ordenas o desordenas en una calle de Buenos Aires el efecto es totalmente distinto; y eso es pastiche. Es una ciudad de resaca cultural. El que llega deja el suelo como el agua del río cuando sube la marea y luego baja, deja una resaca. Hay algo que no se devuelve. Y esa resaca mezcla lo que llega por acá y por allá, y por todas partes se mezcla. Eso es también muy creativo en la interculturalidad de Buenos Aires. No tener que responder a una sola tradición.

LA MOVIDA

La refundación de Chueca, en los 80s, transformó al barrio en uno gay. Pero antes, era un barrio deprimido, urbanísticamente avejentado, lleno de gente que se pinchaba con cualquier porquería. La llegada de la comunidad gay acrecentó el barrio.

“La gente aceptó la diversidad como fue toda la vida. Cuando llegué a Madrid, en el 76, me llamó mucho la atención porque me dije, esta es la Madrid que dejó Franco”.

La que retrata Almodóvar en sus películas…

Y mucho más lejos de Almodóvar, porque él también tiene sus remilgos. El alma española es muy autoritaria por un lado y anárquica por el otro. Por el lado anárquico dice: “Haz lo que te salga de las narices”, la cosa es propicia a la tolerancia y a no molestarse por eso. O sea, no hubo problemas. El destape fue abrupto y parecía que todo el mundo era, y tampoco fue eso. Chueca es lo contrario a lo que podría ser el gueto.

¿Por qué?

El gueto amuralla a la gente y excluye al que no es. En cambio Chueca, barrio castizo, antiguo, pegado al Madrid previo a la Gran Vía, se convierte en un barrio más de los madrileños.

Acá se intentó hacer algo en San Telmo pero resultó bastante forzado por los agentes inmobiliarios que imponían la bandera del arco iris en los balcones… Digamos, más pensado desde el marketing que otra cosa…

En Madrid lo que funciona es el Día del Orgullo, que es un festival mundial. Con mi compañero vimos familias enteras, con los abuelos y el nieto. Las humoradas sobre curas y monjas y vírgenes es la contrafaz de siglos de represión al homosexual por parte de la iglesia.

Acá hay muchos colectivos LGBTTIQ pero también movimientos de ultra derecha que aparecen como los dinosaurios, Con mis hijos no te metas, también están en España…

Ahora apareció un desprendimiento del partido popular que se llama Vox. Ellos dicen que no hay que obligar a lxs niñxs a recibir una educación acerca del sexo que los padres no autoricen. Una cosa que me parce inadmisible. El Estado está obligado a enseñarte la tolerancia. La base de una sociedad democrática es la tolerancia y hay que tolerar aquello que no me gusta porque lo que me gusta no necesito tolerar.

¿Y ser extranjero y gay? Dos focos de discriminación…

Los inmigrantes gay que se instalan a hacer cosas cotidianas, a sentarse en las terrazas, a ir de compras, a pasear no por los lugares turísticos sino por los periféricos del viejo Madrid es lo que hace que toda la ciudad se vuelva gay. Es como una fiesta patriótica del 2 de mayo, cuando los madrileños resistieron a los franceses. Ahora es una resistencia pero a la intolerancia.

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