Un Alfredo Grondona White desconocido, en Rosario
El cómico Grondona y el artista White 
Al cuidado de María Cristina Thomson, el libro reúne dos décadas de dibujos inéditos del inolvidable colaborador de Satiricón y Humor.
Una rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona WhiteUna rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona WhiteUna rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona WhiteUna rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona WhiteUna rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona White
Una rareza: dibujos en tinta y pincel por Alfredo Grondona White 
Imagen: Ayelen Collado

"Párenlo. Encontró un lápiz", se reía de sí mismo el dibujante rosarino Alfredo Grondona White (1938-2015) en una anotación hecha en uno de los innumerables sketchbooks que llenó y atesoró durante casi toda su vida. "Cuando entro al lugar del trabajo de él, luego de que falleció, casi me agarra un ataque", contó su viuda, María Cristina Thomson. "Había multitud de trabajos y anotadores", recordó el jueves en una entrevista con Rosariol12 en el bar Savoy, de Rosario.

Profesora en inglés y académica especializada en literatura infantil, María Cristina Thomson estuvo al cuidado de la edición y es autora del prólogo del libro Alfredo Grondona White Desconocido. Dos décadas de trabajos inéditos (1953-1972), que ella y Jorge Santiago Grondona (hermano menor de Alfredo) presentaron el jueves en Rosario. Publicado en Buenos Aires por Ediciones Deldragón, Alfredo Grondona White Desconocido reúne textos de Jorge S. Grondona, Julio César Parisi (dibujante y amigo del matrimonio que se ocupó de seleccionar los dibujos de Grondona White para el libro), Natividad Marón (quien organizó el archivo, tarea que llevó tres años), Ana Hilb y Mara Buckhart. Ordenadas por núcleos curatoriales temáticos, las reproducciones de los dibujos alternan en forma amena con los textos.

El libro es como una inmersión en ese lugar de trabajo de Alfie, o Alfy, como le decían su esposa, sus familiares y sus amigos. Asombra y deleita, igual que en sus publicaciones, la línea sensible de expresividad artística que lograba, como cuenta Parisi, con una lapicera de émbolo para dibujo técnico (comúnmente conocida por su marca, Rotring). Los pocos dibujos a pincel del conjunto son de innegable calidad estética. Esta cocina del dibujante es mucho más que eso: es una muestra de la obra del gran artista secreto que constituía el lado oculto del historietista colaborador en revistas como Mad, Satiricón, Humor, Dr. Merengue y El Péndulo. Por decirlo alegóricamente con un ejemplo de la literatura inglesa, Grondona White fue algo así como El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Stevenson (novela precursora de la tira El otro yo del doctor Merengue, de Divito) pero al revés: mostró al público a Hyde, su costado irónico y satírico, y dejó guardado en el laboratorio privado a Jekyll, capaz de ternura, sensualidad y lirismo. No es que no fueran sensuales las chicas Grondona White, pero las mujeres de su más recóndita imaginación no caminan por las calles de Buenos Aires sino que habitan exóticos mundos de fantasía. Célebre como autor costumbrista de alta gama en los períodos de ilusión o decadencia de la clase media argentina, en su intimidad dibujaba monstruos y diablitos, gentlemen de sombrero bombín, exploradores y princesas, músicos y militares, autos deportivos y armas de fuego de todo tipo. Abrir el libro es como entrar a los contenidos de su inconsciente, gracias a esa línea que fluía como una atención flotante, desgranando entre viñeta y viñeta algún verso de alguna canción de los Beatles.

"Alfie" en su intimidad dibujaba monstruos y diablitos, exploradores y princesas, músicos y militares, autos deportivos y armas de fuego.

María Cristina y Alfredo se conocieron en Rosario en 1968, cuando ella volvía de una estadía de algunos años en los Estados Unidos y él trabajaba en Somisa. Consiguieron sendos empleos en Buenos Aires y se radicaron allá: hacia 1970 ya tenían encaminada la vida en común. "No me puedo imaginar mi vida con alguien que no supiera inglés", dijo ella. De origen escocés por el lado paterno (ningún parentesco con su admirado amigo Basil Thomson, B. T., autor de la legendaria columna humorística Ramoncito Writes del Buenos Aires Herald), ella recuerda con nostalgia cómo divertía a todos Alfie con sus anécdotas sobre la abuela materna irlandesa de quien él aprendió el idioma inglés.

"Con dejos muy particulares, porque, como hoy contaba Jorge, la abuela era sorda", evocó en la entrevista. "Y su inglés se fosilizó naturalmente porque claro, al ser sordo, no te entra input nuevo. Entonces tenía muchas expresiones que les enseña a los chicos y eran de otra época. Muy gracioso... Gente del campo. Ellos tenían campo en Arminda y en otros lugares por ahí. Very picturesque details in their life. Y él era un amante de Kipling. Por ahí se te ponía a recitar las Barrack-Room Ballads, todo lo de los soldados, le encantaba".

Cuenta Jorge en el libro que de chicos él y su hermano descubrieron y eventualmente devoraron, gracias a una bibliotecaria persuasiva, una colección de revistas Punch de los años '50 donde el humor gráfico de Ronald Searle se imprimió en "Alfy" como una influencia indeleble. Que las proporciones de la figura humana les llegaron a ambos a través del clásico manual de Andrew Loomis en el sitio menos pensado: la casa materna de Carlos Serrano, estudiante de arquitectura y profesor de dibujo de los hermanos Grondona durante casi un año, mucho antes de hacerse famoso como director de teatro.

"Los largos años setenta", llama Buckhart al período entre el fin del segundo y el comienzo del tercer gobierno de Perón. Tal es el recorte temporal de un nostálgico y bello libro que se abre con la caricatura de una escena de época: chicas y muchachos bailando el twist. 

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