Se presenta en el Centro Cultural Kirchner
Ramiro Abrevaya, canciones que llegan a su madurez
A modo de celebración de su 10º aniversario como solista, el cantautor mostrará este jueves repertorio de sus tres discos.  
Imagen: Carolina Camps

A fines de 2018 Ramiro Abrevaya cumplió 40 años y se encontró con la necesidad de hacer un balance. Hay dos hitos, además, que marcan su presente: fue padre por segunda vez y está cumpliendo diez años de canciones. “Siento que estoy en un pasaje a algo nuevo”, entiende. “Hace diez años que empecé toda esta odisea de hacer música en Argentina y sobre todo de manera solista. Entonces, fue como un momento bastante introspectivo, de mucha sensibilidad. Un momento en el que llegué a una madurez humana, musical y autogestiva”, explica el cantante, compositor y productor porteño. Todo ese movimiento desembocó en una canción autorreferencial que acaba de lanzar en plataformas digitales, “Pulsión de amor”, que habla sobre las circunstancias políticas y sociales en las que nació, en 1978, y propone un futuro luminoso y esperanzador. A modo de celebración de su 10º aniversario como solista, el cantautor se presentará este jueves 26 de septiembre a las 19.30 en La Cúpula del Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151, gratis).

La canción abre con versos que retratan un escenario contundente: “Éramos campeones del mundo y en vuelos nocturnos tiraban personas al mar / Nos cuidaban las Abuelas con su humanidad / Porque tira la vida, no hay energía mayor”. Dice Abrevaya: “Y ése fue un año en el que todo era un quilombo, había dictadura y estaban los vuelos de la muerte. Y me tomé la licencia de hablar bastante crudamente, pero no lo encaro como una canción militante. Pero es un contexto que naturalmente surge cuando me pongo a hablar de mi nacimiento”, cuenta sobre la gestación de la canción. “La idea original era hablar de mi trayecto desde entonces hasta acá, pero finalmente quedó una síntesis que destaca un poco ésa época en contraposición con la infancia, la maternidad y la vida”. Es que en la mitad de la canción aparecen las voces de un coro de niñas y niños de entre 4 y 7 años –“las semillas de la eternidad”-- que le van una vuelta luminosa. “El coro lo integran mi hija Ela, mi sobrino Fidel y varios hijos de amigos y amigas. Fue una cosa muy orgánica y familiera. Me parecía que era un recurso muy fuerte para destacar cómo la vida se abre camino y sigue”.

La portada del single estuvo a cargo del humorista gráfico Tute. Un tipito con los brazos levantados y un corazón en lugar de cabeza ilustran la canción. “Siento muchísima admiración por Tute. Y lo invité a participar porque la temática y la sensibilidad de la canción se alineaba mucho con su naturaleza. Tute tiene una síntesis increíble y en esa imagen yo me encuentro mucho, porque siempre fui de esa manera: pensando mucho con el corazón para bien y para mal”, dice este músico que ha editado tres discos como solista y ha realizado músicas para ciclos televisivos, como Diálogos con Laclau, emitido por Canal Encuentro. “El del solista es un camino largo, muy ondulante; muy hermoso y oscuro a la vez. Pasaron un montón de cosas estos años y me parecía que había que celebrarlo. Y particularmente el CCK es un templo impresionante”, se entusiasma Abrevaya

En el CCK, el músico presentará un concierto retrospectivo: sonarán canciones de Filo (2015) y Luma (2017) adaptadas a un formato más acústico, y participará un coro de 50 personas de la Agrupación Coral Baradero & La Cora. “La idea es hacer algo más fino y elegante. Tenía ganas de hacer algo tipo gospel hace un montón de tiempo y no es fácil pegar un coro de tanta gente y que suene bien. Con ellos hice un cover de U2 (“I still haven't found what I'm looking for”) que grabamos en vivo en una iglesia de Baradero. Y en esta oportunidad, la propuesta fue traerlos, porque el marco era excelente”, adelanta. Además, estará acompañado por su banda habitual, Les Gentiles: Cristian Ruffini (guitarra y coros), María Barone (teclados, piano y coros), Jerónimo Naranjo (bajo y coros), Tomas Wagner (batería) y Nico Iribarren (ukelele, guitarra, charango, piano y coros).

-En el CCK vas a adaptar tu banda a un sonido más acústico y camarístico, pero tu sonido tiene más que ver con el rock. ¿Es tu escuela principal?

-Sí, totalmente. Tengo 40 y me crié escuchando a Soda Stereo, Los Redondos, Charly, Divididos. También Los Stones, Los Beatles, Hendrix y Stevie Ray Vaughan. Soy de esa generación. Pero de ahí a hoy pasaron un montón de cosas y siempre fui muy abierto y permeable a todo. Peter Gabriel y Sting siempre me acompañaron, son bestias creativas y me motivaron a iniciar una carrera solista. Tienen una cabeza enorme e investigan por todos los géneros sin prejuicios. Y eso también creo que se notará en mi música. Pero básicamente lo que va a pasar en el CCK es la experiencia que me dio el recorrido. Tocar también de manera acústica, desenchufada, y apostar a la canción, que es donde todas las músicas se encuentran. Porque yo te puedo poner a Divididos, Wos, Los Kuryaki o a Los Stones con una guitarra acústica y vamos a ser todos un poco lo mismo. Ahí es donde se pone a prueba la genética de la canción. Quiero rescatar la canción, la fuerza del ensamble, de la interpretación y la energía del vivo.

-El filósofo Darío Sztajnszrajber ha participado en una canción tuya y con Reynaldo Sietecase compartiste un concierto de poesía y música, ¿Qué lugar ocupa la palabra en tu música?

-Antes que por la literatura, la fascinación por la palabra viene por el psicoanálisis. Mis padres son psicoanalistas y algunos tíos cercanos también. Entonces, la semiología, el inconsciente y la interpretación de las palabras siempre me pareció algo increíble. Tengo una formación más audiovisual y le entro más a las palabras por ahí, por la música y el cine. No tanto por la literatura. Pero siempre trabajar las letras me resultó muy arquitectónico, me lo tomé con mucho respeto. Me interesa cuidar las palabras, las rimas y las metáforas. En el formato canción, la palabra es lo que primero entra. A Darío lo conocí por el ciclo televisivo Mentira la verdad y lo seguí un montón. Mi mujer lo tuvo de profe en la UBA y le acercó Filo. Le encantó el disco y le propuse participar de una canción mía que ya estaba craneando para Luma. Y ahí surgió "Mareo”, en la que él escribió un texto original para la canción.

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