Mercedes Araóz renunció 24 horas después de haber jurado 
En Perú la falsa presidenta duró un día en el cargo 
 La caída de la "presidenta en funciones", nombrada por el fujimorismo, consolida la victoria del mandatario real, Martín Vizcarra. 
“Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz. “Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz. “Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz. “Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz. “Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz. 
“Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, admitió Mercedes Aráoz.  
Imagen: EFE

Desde Lima

La “presidenta en funciones” Mercedes Aráoz, con quien el fujimorismo pretendía reemplazar al mandatario Martín Vizcarra, apenas duró un día. La caída de la presidenta que nunca ejerció el cargo consolida la victoria del presidente real. En la noche del martes, Aráoz dio un paso atrás y renunció al cargo en el cual la había colocado la mayoría del Congreso, ahora ex mayoría, controlada por los herederos del encarcelado ex dictador Alberto Fujimori y sus aliados, que se resisten al cierre del Parlamento que controlaban, decidido el lunes por Vizcarra apelando a sus atribuciones constitucionales. Una resistencia que se debilita rápido con el pasar de los días. Aráoz pasó su único día como “presidenta” en su casa. Lo suyo fue un papelón de 24 horas.

“Hoy día buena parte del Perú me está odiando”, le declaró a la agencia Reuters, poco antes de apartarse de un cargo que era pura ficción, una apesadumbrada Aráoz. Manifestaciones de rechazo a su papel en esta crisis llegaron hasta las puertas de su casa. Sus declaraciones fueron un reconocimiento de la impopularidad de las posturas que defiende, de la mano del fujimorismo. El disuelto Congreso que la designó “presidenta en funciones” tiene un rechazo ciudadano que bordea el 90 por ciento. Un repudio masivo relacionado con la prepotencia con la que el fujimorismo manejó la mayoría que tuvo y con la forma en que la usó, junto con sus socios, para protegerse de cargos de corrupción y defender turbios intereses. Rechazo que se ha reflejado estos días en las calles de distintas ciudades del país con movilizaciones respaldando el cierre del Parlamento.

Aráoz se fue pidiéndole a Vizcarra que renuncie y convoque a elecciones generales. Solo la escucharon sus socios fujimoristas. Este es el nuevo grito de batalla de un fujimorismo cada día más derrotado, que en 24 horas perdió a su presidenta de papel. Enredados en su desesperación y contradicciones, el fujimorismo y sus aliados dicen que desconocen a Vizcarra como presidente, pero al mismo tiempo le piden que en ejercicio de ese cargo que le niegan adelante las elecciones presidenciales. El nuevo jefe del gabinete ministerial, Vicente Zeballos, respondió que Vizcarra no renunciará. El gobierno convocó a elecciones legislativas para el 26 de enero.

El Congreso ha sido disuelto, pero sigue funcionado su Comisión Permanente, formada por 28 legisladores, en su mayoría del bloque fujimorista y sus socios, la que se mantendrá hasta que se instale el Congreso unicameral electo en enero. Pero esta Comisión tiene facultades reducidas, sin atribuciones legislativas ni de fiscalización. El fujimorismo la está usando para seguir despachando desde el Parlamento, tratando de dar una imagen de que éste sigue funcionando. Pero la realidad es que para todo efecto práctico el Congreso ya no funciona.

Desde el local del Congreso, su destituido presidente, Pedro Olaechea, señaló que si Vizcarra no convocaba elecciones presidenciales adelantadas, lo haría él como presidente del Congreso. Una presidencia que yo no tiene. Trató de sonar desafiante, pero su anuncio tuvo la misma consistencia que la presidencia de ficción de la renunciante Mercedes Aráoz.

El hoy ex congresista fujimorista, Héctor Becerril, acusado por varios cargos de corrupción y hasta ahora protegido por la inmunidad que acaba de perder, acusó a Vizcarra de corrupto y de haber dado “un golpe de estado comunista” y llamó a los militares a sublevarse contra el gobierno. Agitado, desesperado, gritaba a los micros de la prensa. “Los militares no pueden apoyar un gobierno en el que están los terroristas comunistas”, bramó Becerril, que sonó más fuera de la realidad que nunca. También amenazó con sacar a la calle a manifestantes de grupos ultraconservadores como “con mis hijos no te metas” para apoyar al disuelto Congreso fujimorista.

A esta crisis política se suma en estos días otro explosivo ingrediente: desde hoy hasta el viernes el ex jefe de Odebrecht en Perú. Jorge Barata, que era el encargado de negociar y pagar las coimas, declarará en Brasil a fiscales peruanos, en el marco de un acuerdo de colaboración con la Justicia para entregar información. La trama de corrupción de Odebrecht involucra a cuatro ex presidentes, a la jefa del fujimorismo, Keiko Fujimori, en prisión preventiva, y otros importantes políticos y empresarios. Se espera que Barata revele las identidades de más de 70 políticos y funcionarios peruanos que figuran bajo seudónimos en las planillas de la constructora brasileña para el pago de sobornos y financiamiento ilegal de campañas electorales. Se especula que varios congresistas del disuelto Parlamento estarían en esa lista. Eso tiene nerviosos a muchos que han perdido su inmunidad con el cierre del Congreso. 

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