La despedida al chico que "habitaba la escritura contagiando"
Un artista tremendo de tan sólo 20 años 

Se supone que me toca despedir a Mirko. Hoy prefiero poner en evidencia su vida. Que el dato de un pibe más, muerto por un "ajuste de cuentas" en un barrio empobrecido de Rosario, se vuelva un cuerpo vivo, con ritmo y poesía.

La improvisación es una de las destrezas más difíciles y admirables. Mirko fluía en versos con total naturalidad. La última improvisación que le escuché -y que le pedí- fue en el quiosco de enfrente de la escuela donde se anotó para terminar el secundario, que no pudo terminar. Que costó mucho que pudiera anotarse, porque no sabía, o no podía, ya que al salir de la cárcel no le habían entregado los papeles correspondientes. En el taller que compartíamos junto a él, hablamos mucho de la diferencia entre tener y poder ejercer los derechos.

Le pedí que tire un freestyle que hable sobre los perros. Lo tuvimos que frenar... No paraba de tirar frases y rimas. Rimas hermosas porque amaba a los perros.

Desde un lugar muy diferente y miserable, algunos periodistas difundieron que su muerte fue por "un ajuste de cuenta y en un barrio influenciado por una narcobanda". De nuevo ese mecanismo discursivo perverso del poder mediático, que no duda en reproducir la negación del problema que viven los pibes que atraviesan situaciones profundamente complejas. Pretenden evitar la pregunta y reforzar la distancia con aquellas víctimas que parecieran merecer la meurte. Y así, pareciera que logran su cometido: que nadie se cuestione nada, que se pase a otra página.

Nosotros compartíamos más que un espacio de taller con él. Teníamos proyectos juntxs, porque este pibe tenía una fuerte convicción de que había que ampliar el terreno de la cultura. Mirko era un artista tremendo. Sin dudas, con sus 20 años, nos dejó una pista indiscutible para pensar al cultura y el arte como expersión política dispuesta a disputar sentidos y a ganar -y construir- nuevos espacios.

Quería dar clases de poesía y rap. Quería que otros escriban. Él habitaba la escritura de esa manera. Contagiando. Quería que la poesía llegue a los pibes que están encerrados. Lo dijo, varias veces, a cada uno de nosotrxs.

Quería compartir su saber, su conocimiento, su destreza. Quería estar con otrxs.

Quería agarrar el micrófono y amplificarse. Difundirse.

Cuando estaba por salir en libertad le pregunté cómo se sentía. Resulta que, si bien la libertad es un momento esperado, en realidad se vive como un proceso a veces muy angustiante. Lleno de incertidumbre, de crisis. Porque afuera no hay nada. Y todo está peor que antes del encierro. Porque la pena continúa, con la exclusión y estigmatizaciones, con el certificado de antecedentes penales y con las trayectorias laborales más precarizadas, entre muchísimas otars cosas.

Sin embargo, me dijo que quería rapear, componer, escribir. Seguir formándose. Mejorar las letras. Algunas puertas estaban abiertas -escuela, talleres, encuentros artísticos- pero no fueron suficientes para continuar con ese proceso ligado a la vida y los deseos. Pareciera que hay algo que falta conjugar en las políticas públicas para que la oportunidad sea oportuna, certera.

Mirko era un pibe que en la billetera tenía figuritas de Dragon Ball... las mismas que usó la familia para decorarle el cajón el día de su velorio. La abuela contaba que cada vez que se hacía un tatuaje le daba un cachetazo. Me reí pensando en la cara que habrá puesto cuando lo vio con la cara recién tatuada. Pensaba en esos cachetazos afectuosos como un acto que pretendía restituir lo que desde el estado jamás se pudo, su lugar de pibe.

La última vez que hablé con él me contó sobre los temas que estaba escribiendo. Me preguntaba cómo venía la canción que estamos armando en el taller dentro de la cárcel, donde estamos trabajando con sus versos. Que quería volver a la escuela y al taller de hip hop. Que quería que pensemos un proyecto para hacer recitales y competencias de freestyle en los barrios. Que el día anterior había estado en el medio de una balacera... Que "estoy acostumbrado a eso". No le creí, ni en ese momento, ni nunca. Porque nadie se puede acostumbrar a la violencia y a lo indigno.

 

*tallerista de Narrativa y rap, integrante del colectivo Bemba del Sur. 

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