Opinión
¿Es usted peronista o kirchnerista?

Desde tiempo atrás una reconocida consultora argentina repetía en sucesivas encuestas enviadas por correo electrónico la pregunta que titula estas reflexiones. Y a continuación nombraba una serie de legisladores y gobernadores que identificaba con uno u otro sector.

Llamó mi atención la recurrencia de la pregunta y el diseño de la encuesta que parecía destinada más a determinar preferencias en los encuestados que a relevar información y describir las posiciones políticas cruzando una serie de datos tales como edad, nivel socioeconómico y educativo.

Seguramente los expertos que diseñan las encuestas sabrán que el Partido Justicialista integró la Alianza Frente para la Victoria en todas las elecciones presidenciales en las que esta alianza electoral presentó candidatos, 2003, 2007, 2011 y 2015.

En las elecciones legislativas nacionales, la estructura de oportunidades políticas definida por la organización federal, el reconocimiento distrital de los partidos nacionales y las elecciones a medio término, condicionaron al partido a realizar alianzas a nivel provincial. Ello no impidió que los sucesivos gobiernos del Frente para Victoria fueran de partido mayoritario, con bloques legislativos mayoritarios en ambas Cámaras, donde las iniciativas legislativas presidenciales contaron con una alta tasa de aprobación en rápidos trámites legislativos.

Un famoso cientista político contemporáneo de origen griego, nacionalizado norteamericano, George Tsebelis, ha recreado la distinción de las formas de gobierno a partir de lo que ha denominado actores de veto. Las democracias presidenciales cuentan con múltiples actores de veto que son aquellos con poder para modificar el status quo o situación política y que son electos en procesos competitivos. El presidente es un actor de veto individual, los bloques legislativos son actores de veto colectivos.

Lo novedoso del presidencialismo en nuestro país es la pretensión de reducidos grupos en constituirse en actores de veto sin ser electos y que participando de la influyente infraestructura comunicacional (internet, canales de televisión, radios y prensa digital, todo ello llegando a nuestro celulares), promueven modificar o suplantar a los partidos políticos cuya presencia en los cargos públicos distingue a las democracias de aquellos sistemas que no lo son.

La prestigiosa consultora con su insistente pregunta señalaba distinciones partidarias cuando en el proceso de formulación de las leyes ello no ocurrió y el por entonces partido gobernante se desempeñó de forma cohesionada. La excesiva exposición del disenso en la instrumentación de políticas magnificó conflictos cuando hubo acuerdos sustanciales en áreas como educación, seguridad social y presupuesto.

Resta esperar que la incesante información a la que estamos expuestos desde nuestros siempre cargados celulares, sea mediada por criterios reflexivos y sabias posiciones para traducir ello en acertadas elecciones a futuro.

 

* Profesora universitaria de Santa Fe.

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