Así se llama el disco que tengo en las manos y que escucho desde hace meses. Soy de los que todavía escuchan música en formato físico, de los que leen atentamente el librito que algunos de ellos traen con la letra de las canciones, con la data técnica y con el nombre de los que participaron en la grabación. Me gusta adivinar qué músicos hay detrás del sonido que le sacan al instrumento y, cuando acierto, yo, que no puedo meter dos notas ni en un boletín de calificaciones, lo festejo como un gran logro.

Era Hora es el primer disco de Claudio Kleiman que, además, es periodista. Con él aprendí algo nuevo toda vez que leí sus críticas o sus entrevistas. “Uno de los mejores periodistas de rock de todo el planeta”, lo definió Gustavo Santaollalla. Charly García confesó esperar ansioso las reseñas que Claudio escribía sobre sus discos y León Gieco, entre tantas otras celebridades, lo bendijo en repetidas ocasiones.

Una generación, la mía, aprendió a conocer mejor a “monstruos” como Bob Dylan, Joan Baez, Led Zeppelin o Metallica (grupo que lo pedía a él como entrevistador cuando venían a tocar en la Argentina), leyendo sus notas en la Rolling Stone de los últimos años y en la icónica Expreso Imaginario, allá por los 70, revista que lo tuvo entre sus fundadores y que circulaba de mano en mano aún después de que Videla impusiera el silencio de los cementerios.

Escuché por primera vez el demo de este disco en el verano de hace un par de años. Luego de una cena en una cantina de Valeria del Mar, un amigo subió a mi auto y me dijo: “quiero que escuches esto”, y peló de su morral un CD casero, que imaginé sería uno más de los tantos que bandas o solistas debutantes hacen llegar a las manos de cualquier periodista, con la esperanza de obtener alguna difusión.

Eran las dos de la mañana y las calles de Valeria estaban desiertas. Metí el cd en la compactera casi sin expectativas, sólo para no defraudar a mi amigo, que insistía diciendo “no sabés lo bien que suena. Escuchá también las letras. Es un discazo”. De entrada fue la música de fondo de nuestra conversación, hasta que el sonido impuso silencio. Puse más fuerte, luego más y más. Bien al mango. Empecé a cantar algunos estribillos pegadizos y a escuchar dos veces cada canción. A tal punto que, en un ida y vuelta por la avenida Costanera en esa noche de febrero, nos paró un retén policial alarmado por el volumen y por las voces de dos tipos cantando a los gritos con las ventanillas abiertas. Dos veces nos hicieron el control de alcoholemia. Les daba cero y no podían creer que no hubiéramos tomado nada. Eran tres policías, dos hombres y una mujer. Les hicimos escuchar un tema y casi terminan bailando con nosotros. La canción era “Buscando la manera de zafar” y ocupa la banda dos del disco definitivo, que meses después tuve en mis manos. Un rockabilly con una letra que sintetiza lo que les pasa a miles de argentinos hoy: “Tengo una ocupación fundamental/como buen argentino la vida se me va/buscando la manera de zafar”. Es tan divertido y tan potente que esos tres policías entendieron rápido nuestro entusiasmo. Cuando lo dejaba en su casa Juan, mi amigo, me dijo: ”el disco es de Claudio Kleiman, toca con su banda y con muchos invitados grosos. Te lo dije, discazo”.

Me quedé con ganas de pedirle una copia del CD, y por discreto no lo hice.

Juan, por suerte, no se olvidó de aquella noche en Valeria del Mar y un día apareció en el diario con el disco en sus manos, hace ya un año. Desde entonces no paro de escucharlo.

Son diez temas imperdibles. Toca un dream team de músicos a los que Kleiman admira, y ellos también a él. “No dudaron", me dice Claudio, "cuando les pedí que participen. Es un verdadero seleccionado", agrega, "pero la intención no era que estuvieran por sus nombres, sino por lo que cada uno podía aportar para el sentido de cada canción, y por lo que significaron en mi formación como músico. Claudio Gabis, por ejemplo, fue uno de mis primeros profesores de guitarra, con él aprendí a amar el blues. Gabis participa en el tema 'Parque Centenario', que es un rock muy urbano, con esa onda que curtían muchas canciones de Manal. Y hasta le sumé sonido ambiente. Se escucha suave, de fondo, el canto de los pájaros, pibes jugando y hasta algún ladrido que viene desde el Instituto Pasteur.”

“Rock urbano” es la palabra que mejor define esta obra. Temas como el nombrado, o como “Para dejar la ciudad”, con riff muy Stone y arreglos corales murgueros de Alejandro Balbis, que son un hallazgo de originalidad y buen gusto: “Por las veredas/Hay gente triste, miradas de ansiedad. Y la humareda/ de colectivos a todo lo que da/Hoy es un buen día / para dejar la ciudad.”

En el medio, otra perlita: “Boggart Blues”, con letra de Kleiman y música de Skay Bellinson, ya estrenada por éste y grabada en su disco solista Talismán, pero que vuelve en la voz y la guitarra de Kleiman, con coros de Oveja Negra, para sonar más potente que nunca.

Da gusto mirar y descubrir detalles en la caja que acompaña al disco. La silueta de una guitarra Dobro que, fragmentada sobre fondo azul noche, brilla igual que los nombres que figuran en el librito que la acompaña. Además de los mencionados, participan León Gieco ( “Dueño de mí/ quemé mis naves al partir/No tengo propiedad en que pensar/Puedo reír/ Puedo esperar”, canta Gieco junto a Kleiman una hermosa letra de Pipo Lernoud), Gustavo Santaolalla, Claudia Puyó, Ciro Fogliatta, La Mancha de Rolando, Conejo Jolivet. Oveja Negra, la Mississippi, Roy Quiroga y Pablo Memi de los Ratones Paranoicos, Rodolfo García, Diego Arnedo, Ricardo Mollo, músicos que serían la envidia de cualquier productor y que se alternan en cada surco aportando en cada tema armonía y perfección.

Cada uno pone su impronta. Pero sobre todos ellos, la voz y las guitarras de Claudio Kleiman, que por esta vez dejó la lapicera decidido a ser el protagonista de sus sueños para darnos, una vez más, otra verdadera lección del más puro y genuino rocanrol.

Era Hora, como toda producción independiente, no es tan fácil de conseguir.

Va una ayuda: Disquería RGS, Corrientes 5233. Mondo Rabioso, Lavalle 750, Anthology de Galería Bond Street, Santa Fe 1670. Y para compras online: www.tematika.com .