Vale decir

Las completísimas diabluras de Brian May

Las congratulaciones al músico y astrofísico Brian May están a la orden del día: su épica búsqueda ha tenido feliz final. Y es que, lenta pero irrenunciablemente, el guitarrista de Queen lleva tres décadas recolectando una serie de raras tarjetas estereoscópicas conocidas como Les Diableries. Un clásico de culto malignamente encantador del París del 1860s que retrataba escenas diarias del averno, con esqueletos y demonios haciendo de las suyas, reflejando satíricamente la corrupción del tiránico gobierno de Napoleón III. Algunas, con nombres como Satán el periodista o Carrera en bicicleta al infierno, muestran historias de opresión, tortura, miseria; otras, en cambio, presentan escenas más ligeritas: los condenados jugando al billar en Café Chez Satán, un carnaval donde el Príncipe de las tinieblas asiste disfrazado de enfermerita… En fin, hay de todo como en botica en estas cartas tridimensionales del inframundo. “En cierto modo, debía ser reconfortante para la gente del siglo 19 ver cómo en el averno también se la pasaban bien”, ofrece May, que ya había publicado su colección incompleta en el lustroso Diableries: Stereoscopic Adventures in Hell, de 2013, escrito a seis manos con sus amigos Denis Pellerin y Paula Fleming. Un libro que vuelve a editarse por estos días con renovado contenido: a las 180 cartas de la primera edición se suman ahora 2 más, tesoritos encontrados por el artista brit con los que ¡finalmente! ha completado la colección. En una imagen, Satan’s Train Connection, habemus tremendo accidente ferroviario; en la otra, pieza final llamada La Cuve, demonios aplastan uvas con sus patas en una enorme tina de madera. “Jamás pensamos que lo lograríamos; después de tres décadas buscando, creíamos que era una causa perdida”, expresó un encantado Brian May, chocho por dar con estas “verdaderas gemas estereoscópicas” que hay que “maniobrar con delicadeza para que no se echen a perder”.

Invasión

Lo que solía ser un punto anodino del Bronx hoy es destino de moda para el turismo del postureo, atento a repetir fórmulas hasta el empacho; siempre y cuando queden monas las fotos, sobra decir, filtros mediante. Cuestión que el nuevo gran favorito para el profuso peregrinaje instagrammer es una larga escalinata empinada, que hasta nada solo hacía sudar la gota gorda a vecinos que debían subirla o bajarla para sus quehaceres diarios, prefiriendo incluso hacer unos metros extra para usar otras con pendientes más suaves. Pero entonces llegó Joker, película de Todd Phillips que imagina el origen del archienemigo de Batman, con Joaquin Phoenix danzando su descenso a la villanía en full costume. En esas benditas escaleras neoyorkinas, vale decir, que hoy congregan a multitudes dispuestas a emular el baile -en algunos casos, con pelito verde y maquillaje payasesco- mientras la cámara del celu registra el “momentazo”. Lejos de mermar, la afluencia está en su punto más álgido: en especial, los fines de semana, cuando pueden verse a terrícolas gatillándose en la modesta locación desde las 9 de la mañana. Llegar es una papa; ni google se ha perdido el hype y ha taggeado las coordenadas (40°50'08.9"N 73°55'25.2"W, para más precisiones geográficas). La mayoría de los artículos que refieren al fenómeno hablan de un aluvión de fanáticos del Guasón, pero -según la web Vulture- el dato no es precisamente exacto: uno de sus cronistas pasó un día entero en el modesto rincón del Bronx y verificó que muchos de los presentes ni siquiera habían visto la cinta donde Phoenix bailotea al son de Rock and Roll Part 2 de Gary Glitter. Lo que sí vieron fue el meme de la escena, y ¡cantidad! de fotos y videos en redes bajo las etiquetas #jokerstairs o #jokerstairsdancing. Motivo más que suficiente, al parecer, para tomar el metro y depositarse en un barrio que normalmente no visitarían. El furor del postureo no conoce límites, mal que les pese a algunos vecinos, hasta la coronilla de la repentina popularidad de su concurrida escalinata. Algunos han colgado cartelitos donde, temerosos de la gentrificación, claman: “Es una falta de respeto tratar a nuestra comunidad y a nuestros residentes como una mera oportunidad para tomarse una foto”. Ni caso les han hecho: las risas se multiplican, cual soundtrack tristemente inevitable, y los -no necesariamente- cinéfilos siguen llegando y llegando y llegando y…

Contra la inflación, reggae

Los pasados días, en conferencia, la búlgara Kristalina Georgieva, flamante directora del Fondo Monetario Internacional, felicitó a Jamaica por “su reducción de la deuda pública, una tasa de desempleo en un mínimo histórico, la estabilidad de la inflación”, pero -por sobre todas las cosas- celebró “la manera tan creativa de comunicar a la sociedad la política monetaria utilizando la música reggae”. Efectivamente, durante este 2019, pergeñó el Banco Central jamaiquino una campaña que muchos (melómanos) tildan de auténtica maravilla, informando al pueblo intenciones y novedades económicas con musiquita cargada de info y, sobra decir, mucho, mucho flow. “La mejor manera de llegarle a nuestra gente es a través del reggae”, subraya el jefe de comunicaciones de la institución, Tony Morrison, responsable del proyecto, y cuenta que durante años quiso maridar el característico estilo musical con info financiera, objetivo que ¡finalmente! pudo concretar tras recibir el visto bueno de la administración del primer ministro Andrew Holness. El siguiente paso fue evidente: fichar a populares estrellas locales para que inyectaran a sus melodías dancehall y reggae, letras que hablan de inflación, política monetaria, crecimiento del PBI. Y montar clips con las canciones, claro está, que increíblemente pronto prendieron en redes… “Una inflación baja, estable y predecible es a la economía lo que la línea de base es a la música reggae”, canta Donald Anderson acompañado por la Adahzeh Band. Mientras Tarrus Riley, otra de las estrellas escogidas por el Central para impartir una de sus curiosas lecciones de economía, entona en su hit financiero: “Todos los precios altos que me hicieron tanto daño puede irse por donde vinieron. El monstruo de la inflación no prosperará”. Por cierto: parece ser que el próximo track explicativo, en la voz de la cantante Denyque, viene con coreo; y esperan que el "Inflation Dance" devenga locura viral, emulando los pasitos los chicuelos. “Detrás de esta estrategia lúdica hay un objetivo serio: generar apoyo público para una política gubernamental diseñada para llevar la estabilidad económica a un país que durante mucho tiempo ha tenido incesantes problemas”, destaca el Wall Street Journal, advirtiendo que “la inflación anual promedió el 19.2% entre 1990 y 2010, el país sufrió crisis periódicas y su economía creció solo un 0.4% anual, en promedio, durante las últimas dos décadas”. Amén de un estricto programa de austeridad, empero, “hoy la inflación ha caído por debajo del 4%, la deuda es menor, la tasa de desempleo está en un mínimo histórico y la economía ha crecido durante dieciséis trimestres consecutivos”. Pero, claro, medidas como congelar salarios de empleados del gobierno, reducir el gasto público y aumentar los impuestos son impopulares; salvo, al parecer, que se expliquen a través de canciones reggae… Un método poco ortodoxo, sin duda, pero con ritmo.

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