Algunas cartas inéditas del volumen de editorial Buenavista
Memorias y extrañamientos

XII

Mercedes 8 – 5– 36

Todavía no es mediodía; en este momento empiezan a tocar las 12, las grandes campanas de esta iglesia; te gustará mucho la iglesia ¿cuándo vendrás a verla? Se está muy bien en este hotelito; no hemos encontrado dueños más amables, cumplidos y atentos; además se come bastante bien. En la habitación se puede caminar tranquilo sin que se mueva el ropero ni el lavatorio; yo la lleno de pasos pensando en tí. El mayor encanto es la ventana; creo que te dije que da a la plaza y a la altura de la mitad de la copa de los plátanos...

[...] No sé que decirte, de esta cartita querida; cada una de ellas me da una seguridad absoluta de este vivir nuestro; de que tanta locura estética sea posible en su profunda verdad y que estuviéramos preparados sin querer y sin saberlo, para ello! ¡Encontrar y ser verdad este sentido de la vida! A veces pienso en lo pequeño que somos para haberle encontrado semejante secreto al mundo.

Lo de Torres me parece buenísimo, tal vez lo mejor escrito en corto, en síntesis y en posición de una observación –verdad– pura en relación con otra. Lo he leído varias veces (una con Scolpini) y te juro que lo quiero más a Torres desde que ha dicho eso de tí. Estoy contentísimo y nada arrepentido (al contrario) de haberte dicho (¿te acuerdas en el taller, cuando [Torres] no quería la exposición de todos jun- tos?) que me gustaba que hicieras la exposición sola. El dibujo es divino; el que a tí no te conforma del todo, a mí me gusta mucho.

Aquí nos quedamos un mes...

XIV

18 – 5 – 36 Mercedes

[...] El sábado será el primer concierto y toda esta semana seguirá la cobranza: llevamos cerca de $ 200. Petruchka está muy adelantadita. [...] Por fin vino hoy tu carta cuando ya no podía más de ganas de tenerla. Me siguió sorprendiendo ese “repertorio” de figuras maravillosas; ¡pero qué lindas! Miré muy despacio y mucho los dibujitos; al principio me desconsoló el vacío del color comparado con los anteriores, pero después empecé a sentir la inteligencia del reparto de las dimensiones, etc. y ya me son muy queridos. He leído todo lo que me cuentas de esa vida que hacen ahí; me he sentido lejos, triste, pero por encima de todo una melancolía inexplicable, profundísima. Siento que lo más íntimo de mi amor a tí, por más que te diga como es y lo más íntimo de tí aunque igualmente me lo digas está incomunicado por esta distancia cruel. Yo no sé qué decirte o que pedir a tu alma generosa, pero mándame muchas noticias de tí. –¿Será que estoy celoso del ambiente que siento que te saca de mí o que no me dices nada de tí? ¿Por qué es que hoy me siento tan lejos de todo? Tu estás sana, en plena y maravillosa acción; pero yo estoy cansado de extrañarte, de estudiar; en fin, será este momento de la noche: mañana estaré bien. Hoy perdóname que te escriba poco, pero con gusto saltearía estas horas de la vida. Espero las de mañana, no sé por qué.

LXVIII

Diciembre / 39 Buenos Aires

Muchísimo te agradezco las fotos y datos de Ana, pues en los momentos que no estoy en la locura de tanto “movimenteo” las miro y las leo. A cada rato estoy a punto de decirte que ha salido algo, pero si espero, tal vez pase mucho sin escribir.

Yamandú Rodríguez está amargado con Ochoa y por allí el horizonte se estrecha. El lunes tocaré algo para la hora polaca, aunque he estudiado poco por dificultad con los pianos; en el mayor de los casos me darán “algo para la locomoción” como dice Radecki. Mañana sábado tocaré en “Papel picado”, hora de Spaventa en Radio Prieto, será a las 10 y 1⁄2 p.m. Es difícil ver a Martínez Tedy pero lo perseguiré; agradécele a tu papá la presentación. Le estoy tomando en taqui, a título de ensayo, las conferencias de Radecki; Destoc me dicta y tengo esperanzas en eso; hasta estoy tentado de ofrecerme como taquígrafo cuando no tengan qué darme como pianista. Destoc dice que espere antes de embarcarme en un empleo. Tengo $50 argentinos y unos poquitos más que los retengo cada vez con más fuerza.

De salud y de ánimo, bien. Núñez me escribió pero no le contestaré enseguida. El domingo me presentarán a periodistas y críticos de “La Prensa”.

El amigo de Torres, J Payró me recomendó a alguien de “La Nación” que aún no he podido ver. Mañana pienso ir a lo de la hija de Dieste. He visto a Casalis, siempre tan amigo; camino como un condenado. De aquí a un ratito saldré a estudiar el piano. Mándame noticias y no te fijes en las pocas que te mando yo porque son muy poco interesantes y todo esto es un mareo.

Tengo toda clase de esperanzas y me jugaré el todo por el todo. No pienso en otra cosa que en la pelea. A la audición de mañana en la radio, irá gente que puede ser que... Pero al firme todavía nada.

LXXIV

Marzo 1° de 1940 Ayacucho

Cuando más duro y enconado estaba por las cosas que me pasaban, cuando más en tensión tenía el foco, me llegan de la franja los juguetes dorados para darme un rato de blandura, como se le puede dar un juguete a un chiquilín. ¡Hacía tanto que no recibía una sorpresa! ¡Oh! no valía la pena tanta angustia! Bueno, este tabaco me ayudó a ponerme más duro después y a considerar todo con menos desesperación. Todavía me dura; lo cuido muy bien; pero no mandes más porque me van a encajar una multa formidable, según me dijeron; no sé si tú habrás averiguado. Los recibí al otro día de haberte escrito la última. Realmente la historia de la pensión no se amplió mucho más. Como te podrás suponer, yo fui el que afronté la situación, diciéndole al dueño que nos habían contratado para un gran concierto el 24 de mayo, víspera de la fiesta patria. Hasta ahí todo fue bien, pero cuando supo que hasta la vuelta, hasta mayo, no le daríamos ni un centavo se puso fulo y quería que por lo menos al salir le diéramos la mitad. Entonces tentamos un concierto inmediato, que fue cuando vino Onetti; pero como tampoco resultaba e iban pasando los días y el hotelero necesitaba la pieza, un buen día nos dijo que no nos pondría el puñal en el pecho, que firmáramos la cuenta, que firmara nuestro representante como garantía y listos. Así fue que sacamos las valijas y yo me fui a la pieza del poeta. Los muchachos que habían quedado de mandarme algo no mandaron nada y yo tuve la desgracia de encontrarme al fulano dos veces por la calle y me dijo que lo habíamos “jodido”; yo le dije que lo mismo a nosotros y me encargó que no me olvidara de él.

A todo esto un viajante de la Editorial Espasa Calpe de Bs. As. me dió una recomendación para Ayacucho; yo vine por unas horas y acá me prometieron un concierto en la base de $ 300.– y hacer lo posible por llegar a $ 500–. Anteayer recibí un cheque de Destoc de 60.- y me vine volando a Ayacucho para no abandonar o dejar que abandonen posibilidades, que me conformaría con que saliera la mitad. Ojalá sea cuanto antes, a ver si puedo mandarte para un regalito a la preciosa querida, el ocho de este mes. También si esto llega a resultar, sí que me vuelvo una fiera y no me ataja más nadie. Bueno, ánimo me sobra, me alegra la confianza que me demuestras y sobre todo que no lo pases tan mal hasta que yo salga de este lío. De esta plata de Destoc no puedo mandar nada porque ahora tengo el complejo de los hoteles. El mismo día que te escribí a tí mandé una larga carta a casa y hoy volveré a escribir de nuevo, pues recibí una muy larga de Ismael con los líos de mis hermanas. Con la noticia de P.H.97 no te puedo decir ni una palabra; si puedo te contaré algún día, pero puedes estar segura que no te haré ningún espectáculo. Es extrañísimo y como si lo hubiera dejado de sentir u otra cosa o yo que sé. ¡Qué horror las cartas!

Aunque Ana no se acordara de mí, yo seguiría igual la vida entera; soy tan feliz cuando me cuentas esas cosas de ella, que no quisiera que la carta terminara nunca, pobrecita.

Estoy muy activo; desde ayer visité los diarios, dos veces cada uno –son tres– y persigo al que mueve el asunto. Son las cuatro y vendrán a buscarme a las cinco para ver pedazos de comisiones, pues los que faltan andan de veraneo; pero igual me prometen que algo se hará.

Te escribiré más a menudo.

LXXXVI

9 – 12 – 40 Treinta y Tres

Recibí tu cartita. ¡Y todo el contenido! Pero no puedo decirte nada. Todo se me vuelve pueril, tonto y falso. Cada vez me conformo menos de no haber podido ir. Lo poco que aquí tenía lo había cedido, por la altura del mes. Y pedir a los amigos de aquí hubiera sido delatar cosas que no conviene a la dignidad. No vaciles ni un segundo en vender el piano. Y ya sabes; aquí tratamos el asunto de los cajones y los mandaremos buscar. ¿El roperito te sirve para algo? Cuanto más cosas te sirvan, mejor; pero creo que tendrás que aligerarte mucho. Si acaso no hay cajones para todo, utiliza mi valija vieja. Ya te avisaremos cuando los mandemos buscar; pero tú también dime las dificultades que tengas o preveas; cuéntame bien la marcha de los acontecimientos y lo que piensas hacer. Me da vergüenza preguntarte pudiendo hacer tan poco, o tan nada.

 

A Mirta no le digas nada de mamá; esta se disgustó mucho, pero ahora está muy desahogada. Yo romperé definitivamente, pues mamá ya no necesita más de las latas que yo pueda darle, ya que ella está tan decidida y en sus trece. ¡Ya te han tocado de cosas! ¡Y tan solita! Sé que tendrá que venir un sentido nuevo de la vida y de la pelea, por lo menos de mi parte y puedes confiar que de cualquier manera las cosas cambiarán. Me meteré en el mundo sin descanso, hasta conseguir, así reviente. Ojalá estos meses no te sean terribles. De cualquier manera, dime todo. 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ