Valorización financiera, deuda y fuga de capitales 
La restricción externa y el círculo rojo
Eduardo Basualdo y otres investigadores demostraron que deuda externa y fuga de capitales presentan una relación íntima en los períodos 1976-2001 y 2016-2019. El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.
El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga.
El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga. 
Imagen: Lucía Grossman

La restricción externa es un concepto formulado por el estructuralismo latinoamericano para definir un fenómeno específico. En las distintas etapas del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, el crecimiento demandaba tecnología importada que requería una cantidad de divisas superior a la generada por las exportaciones. Se producía una restricción financiera externa al crecimiento; en particular, faltaban dólares. La limitación de divisas era provocada por la industrialización y ésta lo limitaba de manera recíproca. Esta relación se profundiza por la tendencia al deterioro de los términos del intercambio.

Los ensayos para solucionar esta restricción trajeron aparejadas nuevas dificultades. Respecto a este punto, puede reflexionarse que el monopolio de emisión de dinero mundial, fenómeno “monetario”, es crucial en la economía real.

Desde las últimas décadas del siglo XX, la economía mundial está regida por el neoliberalismo, o sea, la primacía de la especulación financiera sobre la de producción de bienes y servicios. La valorización financiera es la forma que genera mayor rentabilidad, por encima de la industrial y la comercial. Impulsa a la desindustrialización relativa. Pero el valor que se expresa en forma dineraria sólo se produce en la esfera de la producción.

En Argentina, esta modalidad se entronizó como dominante con la última dictadura cívico-militar. Eduardo Basualdo y otres investigadores demostraron que deuda externa y fuga de capitales presentan una relación íntima en los períodos 1976-2001 y 2016-2019. También existió un proceso de fuga en el período 2003-2015, pero las diferencias fundamentales consisten en que no fue financiado con endeudamiento externo y las políticas económicas intentaban que la rentabilidad industrial fuera mayor que la financiera.

De 2003 a 2018, la inversión privada y pública anual fue, en promedio, de 19 por ciento del PIB. En el mismo intervalo, la evolución de la Formación de Activos Externos -tomada como variable para aproximar la fuga- fue más que el triple de la de inversión. Al disminuir la inversión, se intensifica el incremento de la fuga, para que el excedente se valorice de forma financiera.

Esto se explica porque cuando la rentabilidad industrial comienza a desacelerarse, con independencia del patrón de acumulación, la inversión sigue su derrotero. Un movimiento inverso ocurre en la fase ascendente del ciclo. La lógica del capital, que se manifiesta en última instancia mediante las decisiones de inversión, tiene como objetivo esencial la rentabilidad, junto a la reproducción de las condiciones que lo permiten. Debido a que la tecnología no varía en el corto plazo, la inversión impacta a través del efecto multiplicador en el consumo, el producto y el empleo, retroalimentándose.

Con la fuga, comienzan a escasear los dólares, presionando al alza al tipo de cambio nominal. Tarde o temprano, como en la actualidad, este proceso deriva en un grado de devaluación del peso respecto al dólar, valorizando activos dolarizados también por vía devaluatoria. En Argentina, tanto la abundancia como la escasez de dólares constituyen dos momentos necesarios de esta forma de valorización, además de una tasa de interés local mayor que la internacional.

El denominado círculo rojo explica más del 75 por ciento de la fuga. A lo largo de la historia, diversificó sus actividades para maximizar su rentabilidad. Lo hizo como engranaje de la división internacional del trabajo, asegurando que Argentina sea una nación dependiente y subdesarrollada. Sólo accedió a la industrialización en etapas y sectores que le reportaban una rentabilidad superior a la media o porque era necesaria para el control de la economía en su conjunto. Los modos para imponer sus objetivos no escatimaron sangre del pueblo cuando lo consideró necesario.

Comprendiendo la génesis del concepto restricción externa, las causas del flujo de divisas hacia el exterior desde 1976 y la necesidad de una amplia alianza antineoliberal que tenga a raya al capital financiero transnacional, surgen algunos interrogantes. Cuando faltan dólares para desarrollarse en la actualidad, ¿puede asegurarse que se debe a la restricción externa? Si el despliegue de Vaca Muerta y su entorno generan un flujo de divisas significativo, ¿será destinado a la industrialización del país? ¿Qué tipo de industrialización? ¿El círculo rojo accederá a modificar su estructura genética? ¿Qué políticas debería ejecutar el gobierno para ensayar un proceso industrializador? ¿Las deudas son de nosotros y la fuga es ajena? ¿Qué rol deben jugar la movilización y la organización populares?

La orientación de las respuestas toma particular relevancia porque deben darse en el marco de una crisis nacional aguda y una crisis mundial en ciernes.

 

* Economista UBA-UNdAv e integrante de Economía Política para la Argentina (EPPA).

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