POESÍA. La poetisa boliviana Chana Mamani en Rosario

Verdades de la piel marrón

La violencia criminal, anti-aborigen y femicida que cunde actualmente en Bolivia, expuesta en un encuentro en Humanidades
Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón.Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón.Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón.Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón.Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón.
Mamani publicó este año un libro de poemas, Lengüetazo marrón. 
Imagen: Andres Macera

El miércoles, justo en la víspera de la destitución por el gobierno de facto de la cónsul de Bolivia en Rosario, Ester Torrico Peña, la Cátedra de Estudios Sociales del Sur (CESS, Universidad Nacional de Rosario) realizó en la Facultad de Humanidades y Artes un panel sobre “Resistencias de los Pueblos Latinoamericanos al Neoliberalismo”.

La actividad fue impulsada por la agrupación La Berta, en repudio al golpe de Estado en Bolivia. Hablaron Pablo Bilsky (Escuela de Letras, UNR), la violinista boliviana Briseida Alejo, y Chana Mamani (Sandra Condori Mamani), poeta boliviana radicada en Buenos Aires desde 1992.

Nacida en 1985 en las comunidades aymara de Tirasca y Quewaya (en la frontera entre la Paz y El Alto) y licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional de Buenos Aires en 2014, Chana integra el colectivo Identidad Marrón. Publicó este año en Rosario un libro que reúne poemas de su blog Lengüetazo marrón. Titulado Erótica: yarawis aymará, fue editado en Rosario por el sello independiente La ciudad de las mujeres que dirige Victoria Lucero, e incluye un glosario aymara-castellano. Entre la ternura y el manifiesto, los poemas (yarawis, en aymara, significa cuentos o poemas) abordan con humor y erotismo lésbico el racismo contra las mujeres bolivianas en Argentina: “Te tomé de la mano / y mi cuerpo marronada-tirando-café, / no quiere ser objeto de tolerancia ni amiga de la hospitalidad (…) ¿Acaso debajo de esa pollera, adentro de esa manta, / en lo profundo del awayu, en ese sombrero ondoso / no podemos meterle lengua?”.

La violencia criminal, anti-aborigen y femicida, que cunde actualmente en Bolivia, fue el tema en los diversos testimonios que Chana hizo resonar durante su disertación. “El 10 de noviembre se consuma el golpe de Estado cívico, policial, militar, entramado con un fuerte componente racista, religioso y patriarcal. Lo que sucede ahora es algo que se venía gestando. El racismo estructural, ¿de dónde viene?”, preguntó Chana. Si Briseida Alejo se remontó a los 500 años de explotación de los pueblos originarios, Chana Mamani presentó documentos fotográficos extraídos de un informe de 2018 sobre la violencia racista en Sucre a partir de 2006, cuando se inaugura allí la Asamblea Constituyente, y hasta 2008, cuando la Asamblea sanciona la Constitución por la cual Bolivia pasa de República a Estado plurinacional. “Haga patria, mate llamas”, dice una pintada en el espacio público urbano fechada por entonces en Sucre (“llamas” es un término despectivo contra las personas de pueblos originarios del Altiplano). “Matar paceños es hacer patria”, rezaba otro graffiti.

“Una vez que asume el MAS, se da una ruptura en todos los sentidos, sobre todo en lo simbólico. En la asamblea que se estaba haciendo en la ciudad de Sucre, 88 de 255 constituyentes eran mujeres, y 119 de los 255 hablaban como lengua materna la de sus comunidades además del español”, recordó Chana, y citó el testimonio de una asambleísta: “Cuando estaba hablando en quechua nuestra compañera Isabel Domínguez, presidenta de la comisión Estructura de Estado, le molestó a la señora de Podemos, quien dijo: ‘India, cállate, mientras no hables castellano, fuera de aquí’”. “Todo el tiempo sucedían estas agresiones”, resumió Chana, y luego citó un testimonio reciente.

“Me querían quemar. Echaron gasolina. Encendieron y yo dije: ‘Quémenme, estoy lista para morir por mi patria’. Por ejemplo, ayer me han insultado. No me han dejado almorzar porque estoy vestida de pollera. ‘Indias, chinas, mulas, váyanse a Oruro. Estos paceños, fuera’. Yo me quedé sola y no pude contestar. Los caballeros, las señoras, sacan la cabeza del auto y gritan. No tienen placas, para insultarnos. Sacan sus placas. ¿Qué vamos a hacer? Ellos nos dicen ignorantes. Nosotros no somos ignorantes, los ignorantes son ellos”.

“¿Por qué llegamos a la quema de la whipala? El bombín (sombrero), el aguayo (la manta), la pollera de la chola, estos 14 años, fueron emblemas de un proceso de descolonización y de despatriarcalización dentro de las propias comunidades que generó mucho repudio. En La Paz siguen estando las que representan la Asamblea Constituyente: portan un color, portan un cuerpo, portan símbolos que evidentemente a la parte elitista no les gusta”, reflexionó Chana: “No estamos en democracia, hay dictadura”. Cabe agregar que en 2010 la Asamblea Legislativa Plurinacional sancionó la Ley 045 contra el racismo y toda forma de discriminación; si los crímenes de odio no son impedidos ni castigados por el Estado, no rige el Estado de derecho.

Ni siquiera el feminismo quedó bien parado: mientras en Plaza Murillo eran asesinadas mujeres indígenas, las feministas blancas debatían sobre teoría a pocos metros de allí. Chana mostró un video de Segundina Flores hablando en el Congreso a la presidenta de facto Jeanine Añez: “Somos mujeres indígenas originarias baleadas por las calles. Decimos a los organismos internacionales, a la Iglesia católica, que hay dolor en Bolivia, luto en Bolivia, que hay un gobierno golpista en nuestro país. Señores ministros, señora presidenta, ¿hoy cuántas vidas hemos perdido en cuántos días de gobierno? Para dialogar frente a esta humillación hoy estamos viniendo los pueblos indígenas y las mujeres indígenas, para poner paz a nuestro país. Nosotros respetamos. Nosotros no humillamos”.

Por una de las paradojas sudamericanas que señala Chana, el rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Waldo Albarracín, fue quien dirigió el informe del observatorio sobre el racismo que se publicó el año pasado; sí, es el mismo Albarracín “que este año fue uno de los grandes influyentes a que sucediera el golpe de Estado”.

Mis vínculos más cercanos son argentinos y blancos, o pomelas, como les digo yo”, contó Chana a Rosario/12. “Y tanto en la academia como en el activismo, siempre hay mucho prejuicio y estereotipo. Yo estuve dentro de un observatorio jurídico social de migrantes donde nos juntábamos con diferentes mujeres migrantes que eran referentes de diferentes territorios. Y había momentos donde ante todas las situaciones de violencia y racismo estaba el humor. Me acuerdo que en una asamblea, creo que 2015, me parece, por lo de Ni una menos, empezábamos a reírnos con ironía de cómo nos veían. Entonces yo decía, bueno, vos sos paraguaya, sos cuchillera; peruana, narcotraficante; colombiana, Pablo Escobar; dominicana, sos bomba sexual, y bueno, boliviana, nada, ¡la sufrida! En 2015, estábamos en un contexto de macrismo, con decretos anti-inmigrantes, con un centro de detención... y era una deuda pendiente la escritura, la producción propia. Basta de hablar de nosotros, vamos a hablar nosotras”.

-¿Y el colectivo Identidad Marrón cómo surge y cuándo?

 

-Somos personas marronas, hijos, hijas y nietos de campesinos, campesinas, migrantes o amas de casa, que participamos en diferentes espacios y que hemos tenido la posibilidad de recibirnos y tener un nivel educativo superior. Desde hace 3 años venimos debatiendo, en la Marcha del Orgullo también: en el colectivo LGTBQ, ¿estamos adentro o afuera? ¿Qué lugar se ocupa y qué lugar no, y dónde se te ubica? y hablar acerca del deseo, que tiene que ver con la poesía que escribo: dónde está el deseo, que no sea un privilegio sino un derecho.

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