It (Eso)  
Imagen: Joaquín Salguero

Macri en su última cadena oficial. Macri en un acto armado para despedirse de sus fieles. O Macri bailando con Juliana en el centro de la pista de un club de campo de su amigo, representante de Disney, con todo el gabinete saliente. Las máscaras de una Macrilandia que se despide del gobierno este diciembre de 2019 con una festichola pagada por la festichola primigenia del Estado que quedó en estado de shock por sus pases de baile off shore, Leliqs, fondos de inversión, bonos del tesoro rematados, tasas de interés marcianas, dólar futuro, horcas de efemeí, partidas sub ejecutadas, evasión impositiva de empresas ocultadas en cajas chinas o mamushkas rusas, justicia teledirigida, corrupción servicial en Comodoro Py, persecución a opositores, presos políticos, remate de bienes públicos a los amigos, 40 por ciento de pobres, más de un millón de niños con hambre, desocupación de casi dos dígitos, saqueo de las arcas públicas a demostrar con una justicia proba e independiente del terror de los servicios de inteligencia nacionales e internacionales, y todo tipo de negocios incompatibles con la gestión pública, que ninguna oficina anticorrupción a imagen y semejanza señaló, y deuda tan abultada y tan centenaria que tiene como objetivo dañar el diseño del futuro, como la de Rivadavia, a quien Macri parece tributar como prócer por su veneración reiterada al poder financiero mundial, en 1825 ( cuando le pidió 3 millones de libras esterlinas en oro a los ingleses, pero solo llegó un millón, y se le dio a la Baring Brother de Londres como garantía las tierras fértiles de la pampa húmeda, por lo que no se pudo hacer la reforma agraria. Y reinó el latifundio). Y además, hubo 190 años después un Dujovne, un Caputo, un Aranguren, por caso, o un tal Sturzenegguer, fase II- ya que repitió impune la perfomance de 2001-, que se llevó del BCRA 11 toneladas de oro acumuladas en la gestión de la “yegua” Cristina Fernández de Kirchner al banco de Inglaterra, que nos debe las Malvinas todavía y no las piensa pagar. La yegua, la líder política que más se sometió al voto popular en toda la historia democrática argentina desde 1912-, perseguida con 1200 tapas de diarios y revistas plenas de fake news, 34 libros que destilan historietas atravesadas por el odio (entre ellas que su padre no era su padre y su esposo muerto no estaba en el cajón), 200 horas de televisión que solo existen si CFK existe como protagonista ausente en el panel, diez juicios imposibles en el más definido Lawfare del Cono Sur. Y falta en este inventario del odio político. Siempre falta para completar el compulsivo sentimiento para degradar el amor popular de una líder que se debe vencer a como dé lugar. Y aun así, eso que se ve, se lee, se escucha no alcanza para definir que Macri no tuvo éxito. O que miente. O que vive en una realidad paralela. Macri es ESO que se ve: gobernando y diciéndonos a cámara que construyó un país efectivamente maravilloso para todos, pero en verdad lo hizo para los suyos. Esos son sus valores, sus ideas del mundo que trató de aplicar en este paraje, más certeramente entendido como “mercado” por él, llamado la Argentina. Y como en el caso de la novela de terror de Stephen King, It (ESO) o Pennywise, el payaso bailarín: su naturaleza es muy similar a la idea de un omnipotente dios de la locura y la maldad que se impone a los otros porque hay algo que los hace familiares, y que sólo puede ser derrotado por los “perdedores” del modelo de dominación porque al mostrar su forma concreta éstos se unen para romper el control que tiene sobre ellos. Entonces, por primera vez ESO se hace vulnerable: desarrolla miedo a su propio final. ¿Eso fue la unidad del peronismo y los sectores populares en el Frente de Todos? El fin de la ilusión, sin embargo, no llega a todos- como tampoco es asi en esa novela de King- porque una parte del pueblo sigue sujeto a sus formas, la ilusión de su poder. Porque ESO se hace fuerte ante la confirmación del autoengaño. El deseo del autoengaño para no ser uno mismo: un trabajador, un jubilado, un pobre, un no rico. Por miedo a la libertad; por necesidad al sometimiento; por interés en querer ser igual siendo diferente; por una persistente cadena de engaños construidos con un relato también persistente sobre la cabeza de los argentinos. Entonces, la pregunta al fin de este camino de los cuatro años de gobierno de Macri es qué falta para que millones- diez millones, nada menos, aunque por cierto heterogéneos, según la última elección nacional- comprendan el artificio que las ciencias políticas llaman reinado neoliberal, valores múltiples de una cultura del descarte y la inequidad capitalista que se aplica por el voto o a sangre y fuego en otras latitudes: basta ver a nuestros vecinos de Latinoamérica en el trance. ¿Qué falta en la política y la cultura para que ESO no vuelva? ¿Para impedir el miedo y la crueldad? Es la pregunta que nos desvela. Porque, como siempre, esta historia continuará.   

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