Final para el Festival Internacional de Cine de Macao
Lucimiento para el cine chino
La estadounidense "Give Me Liberty" resultó ganadora de la competencia internacional, pero la comedia china "Lucky Grandma" fue un hallazgo de la programación. 
"Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky."Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky."Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky."Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky."Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky.
"Give Me Liberty", producción estadounidense dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky. 

Tras una semana de proyecciones y una nutrida agenda de actividades, que entre otras incluyó una charla pública de la estrella francesa Juliette Binoche, concluyó la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Macao (IFFAM, según su sigla en inglés). Tanto en la Competencia Internacional como en la de Nuevo Cine Chino se repartieron galardones con criterio, pero al mismo tiempo el palmarés dejó poco lugar a la sorpresa. Sobre todo en el caso de la sección china. El asunto resulta paradójico, porque si bien existen buenos argumentos para justificar la elección realizada por los jurados, también es cierto que algunas de sus decisiones resultan un tanto conservadoras.

El jurado de la Competencia Internacional, presidido por el cineasta tailandés Peter Chan Ho-Sun, resolvió elegir como Mejor Película a Give Me Liberty, una producción de origen estadounidense pero dirigida por el ruso Kirill Mikhanovsky. La película, que previamente tuvo su paso por la Quincena de los Realizadores de Cannes y el Festival de Sundance, contaba además con el favoritismo de algunos de los críticos que llegaron hasta Macao para cubrir el festival. El resto de los premios de la sección se los repartieron entre la franco británica Lynn + Lucy, del director Fyzal Boulifa, que se llevó los de Mejor Director y Mejor Actriz; Buoyancy, film de origen australiano de Rodd Rathjen, que obtuvo los de Mejor Actor y el premio del público; en tanto que el de Mejor Guión recayó en Bellbird, del neozelandés Hamish Bennett. Las dos películas de la sección dirigidas por argentinos --Los miembros de la familia, de Mateo Bendesky; y la coproducción entre Reino Unido, China y Canadá Two/One, de Juan Cabral-- esta vez no se llevaron ningún premio.

A diferencia de la Competencia Internacional, que concentró sus premios en cuatro de los diez títulos programadas, el jurado de Nuevo Cine Chino, presidido por el cineasta rumano Cristian Mungiu, repartió los suyos sin repetir y sin soplar. La ganadora fue Dwelling in the Fuchun Mountains , cuya principal fortaleza reside en la enorme capacidad del director Gu Xiaogang para resolver las cuestiones narrativas del relato a través de un uso contundente y virtuoso de los recursos técnicos. Pero al mismo tiempo cierta frialdad, derivada de ese mismo rigor de la puesta en escena, endurece el costado emotivo en el resultado final. El resto de los premios fueron para Wet Season (Mejor Director: Anthony Chen); To Live to Sing, de Johnny Ma (Mejor Guión); Better Days, de Derek Kwock-cheung Tsang (Mejor Actriz) y Wisdom Tooth, de Liang Ming (Mejor Actor).

En la lista de premiadas sorprende la ausencia de Lucky Grandma, comedia old school que resultó un verdadero hallazgo de programación y que además es la única de la categoría dirigida por una mujer (Sasie Sealy). Ambientada en el Barrio Chino de Nueva York, la película cuenta la historia de una mujer mayor a la que una adivina le augura una inminente jornada de buena suerte. Y cuando ese día llega, la abuela se levanta y se va al casino en un tour para jubilados. Apostando de forma temeraria, la señora gana en cada mesa en la que se sienta a jugar y en unas horas acumula una fortuna. Hasta que en la última mano pierde todo. En el micro de regreso, un viejito se le sienta al lado, pero muere mientras duerme. La abuela descubre que el tipo viaja con un bolso de dinero que ella decide quedarse. Por supuesto se trata de plata sucia y pronto la abuela tendrá a la mafia china pisándole los talones.

Son muchos los puntos altos de Lucky Grandma. Sasey le imprime al relato un ritmo preciso que funciona como plataforma para un timming humorístico que encuentra en el montaje un aliado perfecto. La banda sonora por su parte abreva en la fuente de la clase B de los 60 y 70 que le dan al film una atmósfera de a ratos tarantiniana. Pero el gran secreto de la película es la actuación de la octogenaria Tsai Chin, la protagonista, que construye a su abuela de pocas pulgas a base de gestos y detalles que dan por resultado un personaje tan sarcástico y displicente como encantador. 

Tsai Chi demuestra oficio y alcanza revisar su filmografía para confirmar su experiencia. Uno de sus primeros trabajos fue en la clásica El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957); fue chica Bond en Solo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967) y volvió a la franquicia 40 años después para hacer un papel en Casino Royale (Martin Campbell, 2006), entre muchos otros. Es cierto que la joven Zhou Dong Yu realiza una labor notable componiendo a la joven víctima de bullying que protagoniza Better Days, pero la de Tsai Chi no lo es menos. La diferencia parece ser la misma que a la hora de los premios suele ensalzar al drama y olvidarse de la comedia. Y siempre es una lástima cuando un festival cine se priva de reconocer a una buena comedia, porque en esa decisión se juega la idea aborrecible de que el humor es siempre un género menor.

Otro momento esperado del 4° Festival de Macao fue la proyección de Dark Waters, último trabajo de Todd Haynes. Se trata de un thriller político basado en un artículo periodístico acerca de los juicios que la compañía Du Pont (la misma del glifosato) perdió por los daños a la salud y la muerte de muchas personas a causa de la toxicidad del teflón, uno de sus inventos. Lejos del gran constructor de cine que demostró ser en películas como Velvet Goldmine (1998) o la reciente Carol (2015), Haynes apenas consigue darle forma a una película demasiado esquemática en el desarrollo de la trama y del tema que le da origen. Como si Haynes estuviera más pendiente del alcance político de la historia que de su horizonte cinematográfico. El resultado: Dark Waters puede ser una opción aceptable para ver algo en casa un fin de semana a la noche, pero representa un trabajo muy menor dentro de la obra de un director insoslayable, con demasiado pedigrí como para permitirse trabajar a reglamento.


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