MUSICA. ARD7 Volumen II en Distrito Siete

Lo colectivo vuelve todo más hermoso

El festival de música independiente reúne a Suave Lomito, Otros Colores y Depto de Islas, junto a muestras fotográficas y feria de diseñadores y emprendedores.
Otros Colores, una de las bandas participantes.Otros Colores, una de las bandas participantes.Otros Colores, una de las bandas participantes.Otros Colores, una de las bandas participantes.Otros Colores, una de las bandas participantes.
Otros Colores, una de las bandas participantes. 

“Estamos muy emocionados. Tratamos de organizar fechas que involucren bandas con las cuales no solemos tocar, y está bueno que el espacio se abra, también para conocer artistas, fotógrafos, y ferias con emprendedores”, dice Catalina Druetta sobre ARD7 Vol. II, el ciclo organizado por Festival Arde que se llevará a cabo hoy en Distrito Siete (Ovidio Lagos 790). A partir de las 21, el escenario dará presencia a los grupos Suave Lomito, Otros Colores y Depto de Islas; junto a muestras fotográficas y feria de diseñadores y emprendedores de la ciudad.

Integrante de este colectivo autogestivo, cuya primera edición tuvo lugar el año pasado en Galpón de la Música, Druetta lo distingue como “un espacio donde conocer y trabajar con mucha gente. Así se conformaron otras agrupaciones de artistas y sellos de música. Es hermoso, se está dando mucho lo colectivo. Fue lo que sucedió también con el MUR (Músicos Unidos de Rosario). Con Arde comenzamos a reunirnos en Núcleo, que es una agrupación más amplia. Es muy lindo trabajar así, de manera colectiva, porque es mucho mejor para todos”.

La joven música compone también, desde la guitarra, la formación de Otros Colores, cuya frescura comparten en edades a tono, con los 20 a flor de piel: “Con Federico (Casazza, voz y guitarra) nos conocimos en la secundaria, y él ya lo conocía a Bruno (Ottaviano, batería). Luego se sumó Nachu (Nazarena Priotto, en bajo), con quien luego de dos ensayos hubo una amistad automática. No es sólo tocar, se comparte lo humano y se genera una complicidad muy linda”.

-Y no les gusta tener un género específico.

-Tenemos gustos que no sé si son muy diferentes, porque compartimos cosas entre todos, pero en ciertos aspectos sí. Al ser cuatro es inevitable, cada uno mezcla lo que se le viene a la cabeza y sale lo que sale. Así que ¿por qué definir un género? También porque uno no sabe qué va a surgir en un futuro, encasillarnos tampoco está tan bueno.

-¿Qué creés aparecerá de distintivo en el próximo disco (el primero Otros Colores, es de 2018)?

-En el primer disco estábamos conociéndonos, quisimos ver cómo funcionábamos, y lo grabamos en la casa de un amigo sin pensar mucho. Fue bastante espontáneo. El segundo fue más pensado, desde un concepto más abarcador. Federico dice que a las letras las piensa como historias que tienen que ver entre sí, y musicalmente creo que notamos mejor ciertas herramientas que tenemos y todavía no habíamos utilizado. En cuanto a la producción elegimos a quienes creímos tienen que ver con el sentido del disco. Se va a notar una madurez, un gran salto, y estamos muy orgullosos de ello.

De la partida será también el excepcional Depto de Isla, grupo con eje en el trabajo que se reparten Martín Vacchiano (teclas, bajo y voz) y Gabriel Rosignoli (guitarra y voz), en la compañía de Sebastián Mionis (flauta traversa, teclas y voz). Al escuchar Depto 1 (2018) surge una solidez inevitable, atrapa. Se nota que hay mucha música en las cabezas líderes. En este sentido, Rosignoli dice que sí, que “somos medio cabezones de la música, y estamos muy nutridos de los que laburan con nosotros. Hay un núcleo fuerte con Martín (Vacchiano) y luego con todos los instrumentos, intervenciones, y colaboraciones de amigos y amigas. El producto se vuelve un momento enriquecedor. Es una cuestión muy lúdica”.

-Se nota el placer compartido, pero también la guía que lo organiza.

-La banda y el proyecto nacen de juntarnos y grabar un disco en donde invitar a amigos y divertirnos. Si nace así, es difícil que eso no esté impreso luego en cada cosa que se hace. Lo que hacemos con Martín es tener una enorme base de datos de canciones y de ideas propias, que están siempre ahí, produciéndose y creándose. Cuando llega alguien nuevo o se lo invita, hay un material sobre el que trabajar. Es una cuestión de nunca estar quietos, en la composición sobre todo.

-¿Qué diferencias plantean en el vivo?

-En el vivo desarrollamos un plantel totalmente diferente, porque siempre hay canciones para hacer. Desde 2018 tocamos en un formato y con canciones que tienen que ver con el disco pero no son las mismas. Están tocadas con pistas, hay otra formación, hay otro integrante. En cada show pasa siempre algo nuevo. Y es algo un poco obligado, también porque lo buscamos. Nos sentimos con la obligación de presentar y hacer algo nuevo. Es una cuestión bastante neurótica también.

-¿Cómo manejan esa neurosis al componer?

-La dinámica es muy fluida, en el sentido de que no dejamos afuera lo que surge, sino al contrario. Es decir, si tengo ganas de hacer un tema pop, ochentoso y grasa, ¿por qué no hacerlo? ¡Aguante Luis Miguel! ¿Y si después tengo ganas de hacer un tema de 8 minutos? ¡Y más vale! ¿Cómo no hacerlo? El norte está definido a priori, y tiene que ver con hacer todo lo que se pueda y divertirse. Funciona.

 

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