Desafíos y oportunidades de la escuela en pandemia

Un lugar para brindar amparo

El especialista en educación José Tranier convoca a habilitar la inquietud y una filosofía de la escucha en este contexto
El Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicionalEl Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicionalEl Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicionalEl Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicionalEl Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicional
El Normal 1, histórico puntal "normalista" de la formación docente tradicional 
Imagen: Andres Macera

Frente a la pregunta si se puede perder un año lectivo, José Tranier, doctor en Ciencias de la Educación considera que depende de dónde nos paremos, si es desde los contenidos, es posible que algo se pierda, pero también considera importante preguntar ¿qué se gana? ¿qué podemos aprender de una situación completamente inusual? Para el educador quizás sea el momento de que los docentes puedan suspender “lo normal” de su formación normalista y se permitan cuestionar y cuestionarse sobre la coyuntura que nos toca atravesar. En este sentido considera que la formación docente y la planificación burocrática que se exige desde la misma organización educativa limita a veces esas posibilidades de intervenir en la realidad y en el territorio.

“Eso no quiere decir que las y los maestros no intervengan, ni actúen, pero nuestra formación, frecuentemente, es la que está más apegada a los contenidos y a la planificación”, explica el docente e investigador de la Facultad de Humanidades y Arte de la UNR. Remarca que es imposible atravesar la cuarentena como si “aquí no hubiera pasado nada”

Para Tranier ahora es el momento “de habilitar la inquietud, de adoptar una filosofía de la escucha, del amparo, del arrullo, capaz de preservar y valorar la vida. Lo maravilloso del vínculo entre la comunidad, los docentes y los estudiantes, no es meramente de contenido, es la presencia simbólica que da amparo, nos afirma en nuestra identidad colectiva y señala un acompañamiento. Sin cancelar que los contenidos son importantes, en una instancia de absoluta excepcionalidad hay que darle lugar a otras prioridades”, destaca

En este sentido, considera Tranier, al hablar de “pérdidas y ganancias”, quizás esta sea la oportunidad de comenzar a repensar la currícula, hacerla más situada, con una mirada más local y regional. “Este podría ser el momento de descolonizar los planes de estudio, y de valorar más lo local y regional que muchas veces fue dejado de lado por miradas más centralizadas”.

"Escuela y docentes podemos pensarnos desde un lugar diferente, sostener la continuidad en el contacto, en el amparo y no en la negación de la coyuntura”

El docente considera que es un momento tan atípico que quizás sea la oportunidad de plantear una disrupción educativa más que continuidad. “Esta situación única nos permite detener el tiempo y pensar qué personas, lógicas, discursos, y temporalidades quedaron históricamente por fuera de la modernidad y no fueron tenidas en cuenta para la construcción del discurso normalista, y favorecer así que tanto escuela como docentes podamos pensarnos desde un lugar diferente, que la continuidad se sostenga en el contacto, en el amparo y no en la negación de la coyuntura”, destaca. Para Tranier la crisis del 2001 nos enseñó que en los momentos de inestabilidad social, las instituciones pueden transformarse, y esta puede ser la oportunidad para pensar y generar nuevos cambios.

La escuela, presente

Tranier sostiene que la escuela, sobre todo la pública, conformada en su mayoría por mujeres, es la institución estatal que se mantiene ante cualquier situación de crisis “en el peor escenario imaginable, con sus problemas, con mala conectividad, a pie o a caballo, saturando de contenidos o a través de una plataforma virtual, de todas maneras, ante un mundo incierto, la escuela es un lugar de certeza. Es el Estado como presencia, y en muchas localidades la única, ya sea para acercar las tareas, repartir los libros, o un bolsón de comida”. No se trata sólo de la ayuda material, sino de transmitir un “lugar” seguro; lo conocido, la marca de un vínculo afectivo e identitario que trasciende las paredes y las conexiones virtuales.

La educación pública en Argentina ha tenido el lugar histórico de ser ámbito imprescindible para la constitución del país, “pensándolo en su condición de latinoamericano y periférico y es a partir de esas cualidades, en las que la continuidad pedagógica se convierte y afirma en una continuidad de vínculos, de proximidad afectiva. A diferencia de otros países donde la educación está determinada por la eficiencia, el desarrollo y en la supervivencia del más fuerte, quizás, esta pandemia pueda habilitar conectarnos con lo propio; con otras cosmovisiones, con la tierra; con las historias al margen del discurso oficial; en el sentido de la intimidad de diálogo, del sentir y del escuchar”, plantea José Tranier

¿Por ser virtual no es real?

“La pandemia nos trae una nueva alianza narrativa de excepcionalidad, el mundo como aula y los hogares como escuela, la escuela ingresa al aula y se borran los límites, lo que por un lado tiene muchas complicaciones, por el otro crea una nueva intimidad espacial, una forma de reconocer al otro en su ámbito privado” señala Tranier.

“La pandemia nos trae una nueva alianza narrativa de excepcionalidad, el mundo como aula y los hogares como escuela, la escuela ingresa al aula y se borran los límites"

La virtualidad no reemplaza la presencialidad, la experiencia del aula, pero brinda la posibilidad de la charlas, los encuentros, de verse el rostro, y es un elemento de cercanía importante

En este sentido, resalta que es importante considerar desde qué lugar nos posicionamos, porque aún cuando haya un 60% de los estudiantes con dificultades de conectividad, lo que resalta las desigualdades y demás dificultades, en la certeza de que las niñas, los niños, las y los jóvenes están siendo “imaginados”, “pensados”, “preocupados” por ella, deviene un lugar de acción y esperanza: es la ética del cuidado en donde nos “sabemos” buscados, esperados, y en donde siempre hay un lugar en ella.

En cuanto a las herramientas que se fueron desarrollando durante el periodo de aislamiento social y obligatorio reconoce que muchas de ellas ofrecen un panorama interesante para ser incorporadas a los procesos de enseñanza y aprendizaje. “Y al ínterin de estas plataformas, que a veces son muy angustiantes porque no funcionan o se cortan, van a abrir puertas muy interesantes como poder organizar charlas y encuentros que no requieran siempre la movilidad, poder acompañar las clases con especialistas, o grabar cosas para que los chicos intervengan, pero también va a ser el momento de preguntarnos quién queda afuera y como podemos alojarlo”,

La Universidad

“Me parece maravilloso el lugar comunitario en clave política, ciudadana y de pueblo que está tomando la Universidad como deudora de la sociedad en el contexto de la pandemia” destaca José Tranier, haciendo referencia a las distintas políticas (fabricar respiradores, alcohol en gel, becas de conectividad, entre otras) que la institución de educación superior ha generado para actuar junto a la sociedad, en el territorio, durante el contexto de crisis.

“La pedagogía no es sólo lo que está en el aula, y lo que estamos vivenciando contribuye a generar faros, formas de cuestionamiento y se da en un proceso de acompañamiento, lo pienso más en la escuela que en la Universidad, donde hay esta necesidad de acompañar pero también hay una trayectoria educativa acumulada que le permite contar con más herramientas, pero incluso en la Universidad no se puede decir acá no ha pasado nada, y convertirnos meramente en “custodios” de contenidos. Esta situación inédita nos interpela” reflexiona Tranier. 

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