La editorial Corregidor cumple 50 años

Los libros, pese a las crisis y las pestes

El sello creado por Manuel Pampín lleva publicados más de 3.500 títulos, que incluyen desde Soriano hasta Laiseca, pasando por Pizarnik, Lispector, Jauretche y Gelman, entre muchos otros. Un catálogo apabullante que refleja la literatura, la cultura y la política argentina y latinoamericana. Y como escribió su fundador: "Sin libros no hay futuro posible".

“Mi catálogo habla por mí; sin libros no hay futuro posible”. Manuel Pampín, creador de Corregidor, editorial que cumple 50 años, despliega un itinerario vital con una épica de clase singular. El pastor de cabras --que nació en 1936 en Vilar Da Vella (La Coruña, Galicia), en plena Guerra Civil Española, y llegó a Buenos Aires a los 14 años-- trabajó como empleado en una distribuidora, fue distribuidor y librero, hasta que decidió materializar la idea de tener un sello propio, que ahora continúan sus hijos María Fernanda, Paula y Juan Manuel. Medio siglo después su catálogo apabullante habla de la literatura, de la cultura y la política argentina, pero también de Latinoamérica y el Caribe, con 3.500 títulos publicados. Corregidor editó la obra de Rodolfo Puiggrós, de Arturo Jauretche y Macedonio Fernández; publicó por primera vez la poesía completa de Alejandra Pizarnik, Susana Thénon, Olga Orozco, Enrique Molina, Alberto Girri, Juan Gelman y Edgar Bayley; dio a conocer a los lectores argentinos la obra de Clarice Lispector y Juan Carlos Onetti; lanzó las primeras novelas de Osvaldo Soriano (Triste, solitario y final) y Alberto Laiseca (Su turno para morir); acompañó la primera etapa narrativa de Jorge Asís (Don Abdel Zalim), Luis Gusmán (Cuerpo velado), Reina Roffé (Monte de venus), Blas Matamoro (Olimpo) y Enrique Medina (Strip-Tease).

Pampín creó Ediciones Corregidor S.A. el 1° de julio de 1970; pero el primer libro salió en 1971, Los caudillos de la Revolución de Mayo, de Rodolfo Puiggrós. En la primera mitad de la década del 70 editaría Partitas (1972) de Leónidas Lamborghini; los cuentos de Hierba del cielo (1973) de Marco Denevi y La balada del álamo carolina (1975) de Haroldo Conti. En esos años (del 72 al 74) se realizaron 35 ferias de libros en calles, parques y plazas de Buenos Aires (también en algunas ciudades del interior). La joven editorial Corregidor estuvo en esas primeras ferias. El catálogo de este sello es fundamental en la difusión del tango –ha sido considerada la mayor editorial del mundo en producción de libros de este género, entre los que se destaca su colección La historia del tango-, el lunfardo y la historia del sindicalismo. A través de la colección “Vereda Brasil” nos llega no solo la obra de Lispector, sino también la de Oswald de Andrade, uno de los vanguardistas más importantes del siglo XX; Graciliano Ramos, Silvano Santiago, Ferreira Gullar y Ferréz, entre otros. En la colección “Archipiélago Caribe” se destaca Simone, novela del puertorriqueño Eduardo Lalo, premio Rómulo Gallegos en 2013. De Lalo también han publicado la novela La inutilidad y los ensayos de Los países invisibles. En la misma colección hay dos novelas del cubano Marcial Gala: La catedral de los negros y Sentada en su verde limón. Otra colección reciente, “Narrativas al sur del Río Bravo”, incluye libros del venezolano Gabriel Payares (Lo irreparable), dos novelas de la argentina Débora Mundani (El río y La convención), y un libro de cuentos y una novela del argentino Ariel Urquiza (No hay risas en el cielo y Ya pueden encender las luces).

La Feria del Libro en sus comienzos

La pasión por los libros

En el libro Manuel Pampín: editor argentino (Colihue), el creador de Corregidor –que en 2017 fue elegido editor del año por la Fundación El Libro- le cuenta a Jorge Lafforgue su pasión por los libros. “Un día decidí empezar a editar libros, y lo hice porque para mí era una pasión y sigue siendo una pasión. A pesar de la ignorancia que podía tener, yo cada vez que salía un libro disfrutaba. Interiormente, más allá de la venta. Un hijo nuevo. Así es la cosa. Además, yo casi siempre estaba pensando en los libros posibles de editar, estoy en estado de alerta permanente. Quizás en una conversación surge algo, una chispa, una pista; de pronto empiezo a anotar algo: palabras, ideas, temas que se me ocurren”. Editar por placer, sin importar que el libro sea un éxito. Eso hizo Pampín. “Un día alguien me dijo que las obras de Macedonio las tenía un hijo, guardadas en bolsas y que no las quería tocar. En uno de los actos culturales a los que yo solía concurrir alguien me pasó el dato de que ese hijo tenía un libro de profecías y que lo trabajara por ese costado. Resultó ser un buen tipo y lo invité una, dos, varias veces a tomar un café y a conversar. Poco después de establecido el contacto salió Terror en el año dos mil, pero a la vez empezamos a publicar las obras de Macedonio Fernández”.

Esa pasión paterna por la edición de libros la heredaron tres de sus cuatro hijos: María Fernanda, Paula y Juan Manuel. “Desde chicos vivimos entre libros. Nuestros años se dividían en ‘antes de la Feria del Libro’ y ‘después de la Feria del Libro’. De algún modo, los libros eran inevitables para nosotros, eran nuestra brújula”, recuerda María Fernanda y comenta que cada uno realizó su carrera. María Fernanda es doctora en Literatura, Paula es arquitecta y Juan Manuel es egresado de la carrera de Edición. Los tres estudiaron en la Universidad de Buenos Aires. “Cada uno de nosotros es una pieza del rompecabezas que hace funcionar a la editorial”, confirma Paula y menciona otra pieza clave de la editorial: Norberto Gugliotella, a cargo de la prensa de los libros, también autor de Tanta felicidad, su primer libro de literatura infantil. Cada uno se fue incorporando a trabajar en Corregidor cuando terminaron la secundaria y fueron acompañando el trayecto editorial con sus estudios universitarios. “Definir la pasión es como definir el amor o el deseo, o todo eso junto –dice Juan Manuel-. Es la urgencia del placer de poner al alcance de los demás lo que nos hace felices o nos conmueve. Descubrir autores y autoras, rescatar otros marginados u olvidados y tener la posibilidad de dar a conocer a nuestros lectores las historias que nos emocionan y nos interesan desde muy diversos géneros, reconstruir nuestra propia identidad, atravesar la historia de toda nuestra cultura latinoamericana a través de las letras y hacerla llegar a cada lector en el lugar del mundo en que se encuentre, esta sería quizás una forma de definir nuestra pasión. Por todo eso, nos reconocemos en la figura de editores y editoras como gestores culturales, no como meros editores de textos”.

La familia Pampín, dedicada desde hace medio siglo a la actividad editorial

Del boom a la pandemia

María Fernanda subraya el espacio importante en la historia de la edición y la producción cultural de Corregidor. “Fue un actor clave en la configuración de la literatura y la cultura nacional pero también latinoamericana, quizás aquí más especialmente incluso durante las dos últimas décadas. Estamos seguros de que la contribución en estos campos ha sido muy relevante. El perfil es definitivamente latinoamericanista: en esta idea identificamos el catálogo. Si bien es una cuestión que se forjó desde los inicios en los años setenta, no obstante, fue creciendo y fortaleciéndose a partir de los 2000 con la creación de las colecciones Letras al Sur del Río Bravo, Vereda Brasil, La Inteligencia Americana, Archipiélago Caribe, Vía México, Narrativas al Sur del Río Bravo y EALA (Ediciones Académicas de Literatura Argentina)”, cuenta la editora.

¿Cómo era editar libros en la década del 70 y cómo es editar hoy, en el siglo XXI, coronavirus mediante? La década del setenta tuvo una particular expansión de la industria editorial de nuestro país pero también en la región –plantea Paula-. A inicios de la década, Argentina era uno de los faros culturales en América Latina. Las tiradas eran mucho mayores a las que podemos pensar en la actualidad. No hay que olvidar que estábamos inmersos en un escenario impactado por el boom, que había puesto como centro la literatura latinoamericana no solo en el continente sino también en Europa. Y que en nuestro país hubo importantísimos proyectos editoriales que le precedieron y fortalecieron el mundo del libro”. El contexto actual, coinciden los tres hermanos, es dramático para todos. “Ser una PyME en nuestro país siempre fue difícil –advierte Juan Manuel-. Pero además de eso, ser una industria cultural que viene cayendo desde el 2015, lo hace aún peor. Debemos tener en cuenta que ante cada crisis nuestra industria se fue achicando, y que hoy, en nuestro país, pero también en el resto del mundo, más allá del deterioro del poder adquisitivo de los últimos años, los libros, además de competir por el tiempo libre de las personas con otros modos en que se presentan las industrias culturales, como Netflix y Spotify, el libro rivaliza, lamentablemente, con la lista del supermercado. La pandemia nos afecta a todos por igual. Pero las editoriales independientes a esta altura ya no tenemos márgenes para enfrentar una nueva crisis. Esto hace, por un lado, que nuestro trabajo de edición sea cada vez más selectivo y que busquemos distintos modos para llegar a los lectores apoyándonos en estrategias más directas desde las redes y en las librerías independientes que hoy pueden trabajar parcialmente”.

Los festejos por los 50 años, como la vida en tiempos de pandemia, están en pausa. “En primer lugar nos mudamos hace muy poco para encarar nuestros próximos 50 años al primer piso de Lima 575. Un lugar hermoso, pleno de luz y buena energía. Teníamos planificado celebrar en la Feria Internacional del Libro y en la Feria de Editores, que crece año a año y, también, hacer un gran evento para brindar con los amigos y amigas de la editorial. Tenemos todavía esperanzas de poder celebrar antes de fin de año en presencia de cada uno de los que nos acompañaron y nos acompañan en el camino diario: autores, editores, libreros, periodistas, imprenteros, diseñadores, diagramadores y, por supuesto, lectores”, cuenta Paula. El aniversario coincide con otro número redondo de alto impacto para Corregidor: el centenario del nacimiento de Clarice Lispector, que se celebrará el 10 de diciembre. La editorial está sacando este año cinco nuevas traducciones, entre las que ya salieron Cerca del corazón salvaje y Felicidad clandestina. Muy pronto llegarán Lazos de familia, Agua viva y La pasión según GH. “Mientras tanto estamos organizando eventos en las redes durante todo julio: sorteos, videos de lectores, vivos de Instagram con autores –agrega María Fernanda-. Estamos proponiendo varias campañas para mostrar títulos históricos del catálogo que permitan reconstruir una historia de la editorial, contando anécdotas jugosas, pidiendo fotos de lectores con los libros que los marcaron en sus vidas”.

Sin libros no hay futuro

En 2017, cuando se presentó Manuel Pampín: editor argentino, de Jorge Lafforgue, Pampín dijo: “Corregidor empezó como un sueño que hoy, casi 50 años después, puedo ver realizado. Apostamos durante décadas a rescatar a autores olvidados y aprovechar obras novedosas de la literatura y la cultura argentina y latinoamericana –recordó el editor-. Mi catálogo habla por mí; sin libros no hay futuro posible”. En el horizonte hay más libros. Hemos superado muchas crisis, esperemos atravesar también esta –confía Juan Manuel-. Queremos seguir publicando libros y reforzar nuestro camino en la difusión de la literatura y la cultura latinoamericanas, en todas sus manifestaciones. Seguramente los medios irán evolucionando o mutando, pero nuestra tarea de mediación entre escritores y lectores, seguirá siendo la misma. Por ejemplo, estamos editando actualmente todas las novedades en papel y en EPUB. Y, al mismo, tiempo, vamos llevando las colecciones completas a este formato para que los lectores encuentren los libros de Corregidor tan lejos como sea posible, y que tengan la posibilidad de elegir el formato en que decida leerlos. Imaginar el futuro de Corregidor es imaginar más y más libros”. 

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