9 de julio feminista

Las heroínas de nuestra historia

La escuela siempre reivindicó a los varones: dueños de los símbolos, los monumentos y la canonización de la historia, pero junto a ellos, a la par, hubo mujeres que pusieron el hombro, lucharon con el cuerpo y la cabeza por nuestra independencia. La cronista más joven de Las12, quien fue a la secundaria al calor de Ni Una Menos, repone las historias de Juana Azurduy, Macacha Güemes y María Remedios del Valle, primeras feministas de nuestro territorio y defensoras de la unión latinoamericana. 
Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío".Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío".Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío".Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío".Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío".
Magdalena Dámasa Güemes, más conocida como Macacha, era considerada "la madre del pobrerío". 

En la historia argentina se recuerda a los grandes libertadores de la patria, a los hombres que lucharon por la libertad de los pueblos latinoamericanos, pero yacen en el olvido las madres de la patria y las mujeres que colaboraron en los procesos históricos que hoy conmemoramos. Tres de esas mujeres que la historia oficial dejó de lado fueron Juana Azurduy —la flor guerrera del Alto Perú—, Macacha Güemes —la espía— y María Remedios del Valle, la madre de la patria.

“La historia es una disputa por el sentido del pasado que impone una ideología en el presente” declara Lidia Inés Rodríguez Olives, profesora de historia. Explica que en esa disputa por el sentido del pasado, las mujeres mencionadas anteriormente —“y muchas otras también” agrega— son presas de un doble movimiento de violencia. “Si una se fija lo que se sabe de estas mujeres se va a encontrar con que es muy poca la información, siempre aparecen secundando la figura masculina”. Muy poco se sabe de lo que hizo Macacha Güemes como gobernadora, sobre las medidas que tomó o de la expedición auxiliadora del Alto Perú en la cual Juana Azurduy recibió a Castelli y otros revolucionarios en las haciendas de Yaipiri y Yurubamba.

En cuanto a la discriminación de género divisable en la historia oficial no solo se refleja en los relatos: en la actualidad, en la Catedral de Salta está la tumba de Martín Miguel de Güemes junto con la de su esposa, la mujer en el rol que para la aristocrática provincial corresponde a su género. Sin embargo, en los últimos años hubo muchos intentos de llevar a Macacha Güemes a la catedral pero todos estos fracasaron. “Podés tener una mujer en la Catedral pero tiene que ser “la esposa de”, —repudia Lidia—. Es inadmisible tener una revolucionaria como Macacha al lado de su hermano”.

La otra violencia a la que refiere la especialista es la que sufrieron todos los caudillos populares —entre los que se encontraban estas mujeres— en la disputa por la independencia. En las guerras de la independencia se libraban dos cosas. Por un lado la autonomía en relación a España y por otro la orientación y profundidad de la misma: “¿Una insubordinación solamente política o una revolución de carácter económico y también social?”. Junto a un ejemplo, Lidia Olives explica la violencia ejercida por la historia oficial para con estos caudillos populares: “Si vos vas a Salta, el monumento a Güemes ahora es un barrio de centro prácticamente, pero cuando se lo instaló estaba en las afueras y el centro de la ciudad de Salta en realidad retoma los nombres de personajes que estuvieron en contra de la orientación popular de la revolución”.

Juana Azurduy de Padilla, pintura del Salón de Espejos de la Ciudad de Padilla, Bolivia.

Cerca de la Revolución

Juana Azurduy Llanos, María Remedios del Valle Ríos Bravos y María Magdalena Dámasa Güemes son tres revolucionarias que representan la “revolución frustrada”, como la denomina Lidia. Juana Azurduy en representación de los sectores indígenas —sector que previamente había sido derrotado en la rebelión de Túpac Amaru—, Remedios del Valle que representa a los sectores afroamericanos —siempre postergados y discriminados— y Macacha Güemes en representación del gauchaje. “Todos los sectores despreciados por la historia oficial están encarnados en estas mujeres, por eso reafirmo la doble violencia, la de la historia y la de género” agrega.

El rol de las mujeres en las guerras de la revolución fue de suma importancia: “Siempre se pensó que las mujeres no fueron a las guerras sino que al igual que a Mariquita Sánchez de Thompson —y no por menospreciar su rol—, se las ponía en el lugar de mujeres adineradas que prestaban sus casas y tocaban el piano mientras los hombres discutían de política, y nos parece muy importante empezar a corrernos de ese lugar y pensar en las mujeres que efectivamente tuvieron acciones concretas en las guerras” cuenta Nadia Fink, editora de Chirimbote y autora de la saga Antiprincesas, que incluye a Juana Azurduy. Mujeres que ocuparon distintas labores como ser espías, reclutar personas, tomar las armas y luchar en combate, la mujer que cosió la primera bandera argentina, todas acciones concretas que fueron realizadas desde la clandestinidad.

Para entender mejor a estas mujeres, es necesario comprender su origen y sus mandatos sociales en relación a su situación social y económica. Macacha Güemes fue hija de aristócratas del norte argentino. “Su mandato era reproducir el privilegio, casarse con un descendiente de españoles y reproducir esa clase social” explica Rodríguez Olives. “Macacha rompe con su mandato en el momento en el que se alía con los sectores populares, porque justamente los hacendados del norte argentino deben sus riquezas a la explotación de estos sectores”. Por esto la rebelión de Macacha fue una rebelión clasista. Peleó en las guerras gauchas antes y después del 9 de julio y fue fundamental como asesora de su hermano: “Era una gran espía, reclutaba a todos los campesinos de los alrededores y era considerada la madre del pobrerío” cuenta Nadia.

La guerrera, Juana Azurduy, fruto de la mezcla entre su padre criollo y su madre indígena de Chuquisaca. “El mandato de los criollos y mestizos era denominado la purificación de la sangre, el criollo le va a disputar al español la situación privilegiada mediante la economía, conseguir una posición económica holgada y luego ascender en el privilegio de la sociedad que siempre lo tuvo como en segundo término” explica la profesora. Lo que el destino había escrito para Juana era que ella se casara con un criollo hacendado y así reproducir la mejora en la situación social que se había conseguido más nunca que se aliara con los de abajo y se desempeñara como guerrera para defender sus tierras. Sobre la crianza de Juana, Lidia cuenta: “Un dato que no es menor: en el esquema patriarcal, el que sigue la consigna familiar es el hijo varón. Sus padres quisieron tener varones pero tuvieron dos mujeres y Juana Azurduy recibió una educación que en ese momento correspondía a la de un hombre —por ejemplo, aprender a andar en caballo— justamente porque hay una necesidad de haber tenido un hijo, parecería ser que nunca se resignaron a no tener un hijo varón”.

Juana peleó junto a Manuel Padilla desde el Alto Perú, y resulta importante remarcar que no solo la libertad se logra para el Río de La Plata sino que la lucha era para liberar a toda América Latina. El matrimonio peleó en diversas revoluciones como la de Chuquisaca y la de Cochabamba. Participaron también en la primera expedición auxiliadora del Alto Perú y en la segunda junto a Belgrano. “Después de esta expedición, Juana y su esposo siguieron haciendo lo que se llamó Guerra de guerrillas que eran pequeños ataques en focos y lucharon junto a mujeres amazonas, a las cuales es importante destacar porque era un ejército de mujeres que peleaba junto a Juana y de las que hoy es difícil recordar un nombre” explica Fink.

María Remedios del Valle, quisieron asesinarla seis veces y fue Capitana del Ejército del Norte. 

María Remedios del Valle fue una afrodescendiente que vivió en Buenos Aires casi desconocida para la historia que se cuenta en los manuales. “En ese momento, el mulato era el sector más despreciado por la sociedad estamental. Para muchos de ellos la única forma de romper con esa sujeción social fueron las guerras de independencia, de ahí que surgieron escuadrones formados por hombres y mujeres negras porque solamente a través de la ruptura con una España tan aristocrática podían conseguir una especie de igualdad social”. Por esto es que tuvieron una participación tan crucial para su liberación dentro de estas guerras, explica Lidia.

Sobre Remedios, Nadia Fink clarifica: “Ella participó de las invasiones inglesas, peleó en el ejército de Belgrano, fue una de las niñas de Ayohuma; a pesar de que tenía más de cuarenta años se las trataba como niñas de todas formas, y tuvo seis intentos de asesinato”. María Remedios fue capitana del Ejército del Norte y aun así su nombre quedó en el olvido.

Otra mujer que aportó a la liberación de nuestros pueblos fue Martina Silva, una salteña que reclutó a todo un ejército completo para el 1812 en las guerras de Salta, triunfo muy importante posterior a la batalla de Tucumán. “También, otra figura imprescindible que no suele ser recordada en estas historias de revolución es la de Artigas y las lanceras, que fueron muy importantes para estas luchas” cuenta Nadia Fink.

Somos la historia

En mi experiencia, habiendo cursado primer año de la secundaria en el 2015 —momento en el que nace Ni Una Menos— hubo transformaciones en la enseñanza de la historia que sentí a flor de piel, no eran cambios en las materias, mas sí en las profesoras y sus lecturas sobre la historia. En la primaria, todos mis profesores fueron varones y nunca nadie me enseñó sobre las mujeres que formaron parte de la historia, hasta que entré a la secundaria y mi profesora de historia de primer año nos habló de la guerrera Juana Azurduy. En cuarto año, en un acto del día de la independencia, un grupo de chicxs tocó la canción de Mercedes Sosa sobre Juana y a varixs se nos llenaron los ojos de lágrimas.

Escuchar las historias de vida y lucha de estas revolucionarias nos daba ganas de pelear por nuestros ideales y dejarlo todo como ellas supieron hacerlo. Junto a mis compañeras, marchando, haciendo carteles, disputando espacios y debatiendo, liderando nuestras mini revoluciones y militando el futuro que tanto anhelamos. La lucha por la legalización del aborto, por implementación real de la ESI y por muchos otros reclamos es que nos agrupamos y movilizamos.

Si bien desde siempre las mujeres formamos parte de las revoluciones, hoy con el debate y el cuestionamiento constante de las normas, de mano con el feminismo que nos ayuda a revisar hechos históricos, es más visible nuestra participación en los procesos como también en las protestas que llevamos en la actualidad.

“Las mujeres, lesbianas, trans y travestis están haciendo revoluciones —a veces más grandes y otras más pequeñas— pero todos los días tratamos de construir incluso para las personas que vienen, para las niñeces y las jóvenas, un espacio donde pueda ser más visible nuestra historia y nuestra presencia en esto de revolucionar el mundo” reflexiona Nadia. También remarca la importancia de darle voz a la juventud y a las niñeces ya que parte la mirada patriarcal que acalló e invisibilizó tantas generaciones también silenció y no dejó formar parte de los debates a estos sectores: “es el adultocentrismo que se asocia a la construcción patriarcal que venimos sufriendo desde hace años” remata Fink.

Para ayudar a este proceso de formación es que Chirimbote, el 9 de julio, estrenó La liga anti-princesas 4 —un PDF de descarga gratuita, — la cuarta edición de un libro en el que retratan y cuentan la historia de muchas de las mujeres que pelearon por la independencia de América Latina. 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ