WALTER MUIÑO 

UNA APUESTA POR MANTENER VIVA LA CULTURA DEL USO DE LAS PLANTAS

El biólogo de la Universidad Nacional de La Pampa estudia la historia de pequeñas comunidades a partir de su relación con la flora silvestre local y trata de recuperar conocimientos que se pierden con el avance de la tecnología.

Cada provincia, cada ciudad, cada pueblo tiene su propia historia, y esta puede ser contada desde mil perspectivas distintas. Las plantas dicen más que su apariencia exterior y, a la vez, encierran propiedades y tradiciones. Es tarea de los etnobiólogos reconstruir todos estos conocimientos a través de estudios de campo, pero también en base a las conversaciones con las poblaciones que más conocen sobre la flora tradicional.

“El primer contacto con la gente es muy importante”, destaca el botánico y docente de las facultades de Agronomía, y de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) Walter Muiño. Sus numerosos estudios en territorio pampeano lo llevaron a conocer varios pueblos del oeste de la provincia, como también las costumbres que sus pobladores tienen en relación con las plantas silvestres locales.

- ¿Cuál es la importancia de relacionarse con la gente de los pueblos para conocer en profundidad la flora de cada lugar?

- La etnobiología es una interdisciplina que toma elementos de la antropología, la botánica, la ecología, la historia. Así se puede reconstruir la historia del lugar para entender cómo la gente fue poblando esos sectores, cómo se fueron desarrollando, qué dificultades tuvieron para esto, qué recursos y estrategias plantearon, cómo se sirvieron de los recursos naturales para cubrir esas necesidades, cómo fueron los vínculos entre sí y con otros pueblos cercanos, cómo fue la historia de la comercialización para llegar a tener el abastecimiento que tienen ahora. Todas esas cosas se trabajan, pero poniendo énfasis, obviamente al ser una disciplina etnobiológica, en la relación de las personas con un recurso biológico, o sea con animales, con plantas, con hongos, depende lo que trabaje cada uno específicamente.

- En tu caso particular, con la botánica…

- Así es. En todo trabajo etnobotánico tenés que hacer colectas con la gente que utiliza cotidianamente las plantas, porque ellos mismos son los que te dicen “a esa planta no la utilizo y a esa otra sí”, “la uso para esto”, “le doy este nombre”. Ese trabajo lo tenés que hacer en el campo con las personas, cosa que en este escenario de pandemia no se puede.

- Y dentro de la botánica, ¿qué fue lo que despertó tu interés por trabajar en comunidades pequeñas?

- A mí me llamaba mucho la atención cómo se generaban los cambios en estos pueblitos tan chiquitos del oeste de La Pampa, que ni siquiera tenían un tendido eléctrico y se manejaban con una usina propia donde se cortaba la luz del pueblo bien al final del día. En pocos años todos esos pueblos cambiaron, empezaron a tener el tendido de la red eléctrica nacional y llegaron las redes de Internet. A primeras fue un cambio brutal y eso impacta mucho en la cultura y en la manera en la que te relacionás con las plantas y los animales, con el medio ambiente en general. Así muchos conocimientos tradicionales se van perdiendo. Ese tema es el que a mí me interesó, cómo se daban esos procesos de cambio y tratar de hacer un salvataje, de recuperación de esos conocimientos que si no quedan registrados se pierden.

- El foco de tus investigaciones se centra en rescatar esos saberes para que no desaparezcan.

- Sí. El objetivo es evitar que esos conocimientos se pierdan definitivamente y así mantener viva una cultura de uso de plantas, siempre poniendo, desde el punto de vista de la medicina occidental, ciertos recaudos. No es cuestión de agarrar cualquier planta. Hay que identificarlas bien. Si contás con la colaboración de algún representante de la medicina oficial que sea permeable a esas cosas, se puede buscar si hay antecedentes sobre esa planta, si hay pruebas hechas y qué beneficios puede tener sobre la salud.

- ¿Los etnobiólogos suelen trabajar en conjunto con especialistas de la medicina?

- Nosotros hacemos lo que es el trabajo de terreno, de primera mano. Buscamos rescatar el conocimiento tradicional de plantas que si no te la proporciona el habitante no se conocerían, o se debería hacer un paneo general al azar hasta que casualmente podés llegar a la planta que necesitás. Entonces con estas investigaciones que se relacionan con los usos tradicionales, los resultados que uno obtiene de determinados usos se pueden testear y chequear en la medicina veterinaria y humana. De hecho, hay gente que trabaja en esas áreas. Hay médicos, hay bioquímicos que después trabajan con los resultados que nosotros, los etnobiólogos, levantamos del campo y que les pueden servir como insumos para investigaciones posteriores. No es un contacto tan directo, pero hay una relación.

- ¿Y con los pobladores?

- Uno busca establecer un cierto tipo de consenso con la gente, presentándose de manera muy sincera y clara, explicando para qué estás haciendo tu trabajo y qué finalidad le vas a dar a los resultados. Eso es fundamental y es parte de la ética del investigador cuando trabaja en estos campos. Cuando lográs establecer ese tipo de consenso, la gente se abre. Siempre tenés una buena predisposición para eso, sobre todo cuando vos hacés todo lo posible para que después, al final de la investigación con el trabajo ya en mano, dejes algo. Un trabajo, un taller, una cartilla informativa, un librito o incluso un video.

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