Autora de los cuatro goles contra Inglaterra en el Mundial de México 1971

Elba Selva, la pionera de la zurda goleadora

Integrante del seleccionado argentino femenino de fútbol que logró aquella hazaña, en medio de la pandemia fabrica barbijos para repartir en los comedores barriales. 
Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional.Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional.Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional.Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional.Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional.
Elba Selva, una de las referentes del fútbol femenino nacional. 

Elba Selva entra a su casa corriendo y atiende el teléfono: estaba cortando el pasto de su patio, su entretenimiento en estos días de cuarentena. La autora de los cuatro goles contra Inglaterra en el Mundial de México 1971 en el estadio Azteca, aquella hazaña que los manuales del fútbol no narran, trasplanta cactus, acomoda macetas y también hace barbijos. Una organización social le lleva telas, ella arma los moldes, los corta y se los pasa a su sobrina para que los cosa. Después son entregados en comedores barriales. “Ayudo, doy una mano y de paso me entretengo. Los días de frío me prendo la salamandra y por ahí hago barbijos toda la tarde. Para sailr de esta tenemos que tirar todos para el mismo lado y ayudar, qué va a ser”, dice la Pionera de 75 años desde su casa en General Rodríguez.

Es 13 de agosto y en el mundo es el día de las y los zurdos. Esta nota surgió de un debate. El compañero Ariel Greco rescató historias de enormes deportistas que hicieron milagros con sus zurdas: Diego Maradona y el Gol del siglo y la Mano de Dios; de Emanuel Ginóbili y su brillo en la NBA y el básquet argentino: de Guillermo Vilas y sus hazañas en el tenis; y de la magia de Lionel Messi con su pie izquierdo. ¿No faltaba acaso Elba Selva en ese podio nacional?

Greco preguntó si Selva estaba considerada entre las mejores 10 o 20 futbolistas de la historia. Pero ese ranking no existe. Y tiene sentido: las propias entidades que organizan el fútbol les negaban la participación a las mujeres. La FIFA, por ejemplo, gestiona Mundiales masculinos desde 1930, pero el femenino se disputa desde 1991. La AFA, por caso, organiza un torneo local desde ese año, 1991. El fútbol masculino es profesional desde la década de 1930, mientras que las jugadoras lograron el status de semiprofesionales (no todas firman su contrato) desde la temporada pasada

Cuando Elba Selva jugaba, los clubes no tenían la disciplina para ellas. Eran las jugadoras quienes armaban equipos y algunos empresarios quienes organizaban exhibiciones o torneos relámpagos con el objetivo de obtener dinero de esos eventos.

Otra vez: la número 10, la zurda argentina que nació un 14 de enero de 1945, anotó el doble de los goles de Maradona, con el mismo número pintado en la camiseta, ante el mismo rival y en el mismo escenario. Sólo que lo logró 15 años antes, en una Copa organizada por una empresa, en una Selección sin reconocimiento de AFA y que viajó al torneo sin camiseta, sin entrenador y sin botines. La hazaña no la conoce casi nadie.

Elba Selva viajó a México cuando tenía 26 años. Ya estaba casada con Raúl, que trabajaba en una fábrica de alambres, y su hijo mayor tenía dos años. Para ponerse de novia, unos años antes, le había explicado a Raúl que ella “tenía un defecto”. “Mirá que yo juego al fútbol, eh, no sé si vos vas a querer estar conmigo”, le dijo. Raúl aceptó igual: cuando llegó la propuesta del Mundial también la alentó a viajar. “Yo no te voy a poder pagar nunca ese viaje”, argumentó.

Había sido Alberto, su papá, otro zurdo, quien le había enseñado a patear en Villa Lugano, el barrio donde nació. Como a Porfiria, su mamá, no le gustaba que Elba jugara a la pelota, la mandó a básquet. Ahí, un día, Selva erró un tiro y de la bronca pateó la pelota fuerte: el zurdazo pegó contra la pared y una compañera, asombrada por su patada, se le acercó a invitarla a jugar al fútbol. Le dijo que era parte de un equipo de mujeres.

Se trataba de Eva Lembesis, que después sería su compañera en el Mundial.

Selva cuenta que fue a la práctica un viernes y al día siguiente ya se sumó a una de las giras que hacían aquellos equipos. Se ponían las camisetas de River y Boca, y jugaban en pueblos y provincias del Interior del país. El público pagaba para verlas.

En el estadio Azteca, aquel 21 de agosto, Betty García, la número 9 de la Selección, notó que no le podían llegar a Inglaterra y le sugirió que intercambiaran posiciones. Así, ubicada de centrodelantera, Elba recibió pases de García y anotó todos los goles -uno de penal- con su pierna más hábil.

“Me acuerdo sobre todo del primer gol. Me fui para el lado derecho y con la zurda se la tiré al primer palo de la arquera. ¡Qué alegría! Yo saltaba, me abrazaba. En un momento me paré, miré a la tribuna, todos gritaban: ¡Ar-gen-ti-na!”, cuenta hoy.

Cuando viajó a México trabajaba en una fábrica de medias. Cuando volvió, después de aquellos 40 días maravillosos, la despidieron. En 1986, cuando Maradona hizo sus goles, Elba miró el partido en el Sanatorio Güemes. Trabajaba como ayudante de servicio en el centro de diálisis. Había dejado el fútbol: tras su propia hazaña, jugó esporádicamente, sin tener continuidad.

Eso sí, tiene la calidad intacta: sigue haciendo jueguitos, baila murga y folklore en el Polideportivo de General Rodríguez y también juega al Newcom.

El fútbol es un juego colectivo: Elba le puso la firma a los goles que hicieron entre Ofelia Feito, María Ester Ponce, Susana Lopreito, Maria Fiorelli, Marta Soler, Angélica Cardozo, Zunilda Troncoso, María Cáceres, Virginia Andrada, Betty García, Blanca Brucoli, Eva Lembesis, Zulma Gómez, Virginia Catáneo y Teresa Suárez.

Hace un año y medio, apenas, se animó a contarle al mundo que había sido parte de aquel Mundial. Desde entonces recibe reconocimientos. El año pasado la invitaron a dar una sorpresa: el sueño de Gisele, una adolescente que cumplía 15 años, era conocerla. El papá le pagó el viaje a la Pionera, que se apareció de sorpresa en la fiesta. La chica la abrazaba y no paraba de llorar. Las ídolas también generan emociones.

Ya recuperada de una fractura en la muñeca, Elba Selva espera que la pandemia pase para volver al Polideportivo. Con sus hijos y su nieta en el exterior (Darío vive en México y Adrián, que tiene una hija, en Italia) disfruta de dar entrevistas, ahora desde su casa. Entre cactus, suculentas y barbijos, dice que le hubiera gustado nacer en esta época para jugar al fútbol con mayor libertad.
¿Y si hoy le hiciera cuatro goles a Inglaterra? ¿Qué lugar ocuparía en la historia? Si lo logró en una época en la que la mandaban a lavar los platos, ¿no será que aunque no hayamos visto esos festejos ya es parte de ese podio?

Seguro estaría en el ranking de zurdas históricas los 13 de agosto. Ella habla de Messi, de Ginóbili, de Vilas, de Maradona, y dice: “Y sí, puede ser que los zurdos tengamos algún don”.

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