Una novela poética sobre la Conquista de México

"La luna en harapos" de Susana Villalba ve la luz 30 años después

Escrita hace casi treinta años, rechazada por varias editoriales que huían espantadas frente a su aliento demasiado experimental para las novelas históricas entonces muy en auge, ahora la editorial independiente Salta el Pez publica La luna en harapos de la poeta y dramaturga Susana Villalba. Es una novela poética que narra la conquista del imperio Azteca a principios del siglo XVI, alternando las voces de varios de sus principales protagonistas, como Moctezuma, la Malinche y el propio Hernán Cortés, entre otros personajes. En esta entrevista, Villalba recuerda cómo fue desplegando la escritura de un proyecto complejo en cuyo centro siempre residió la certeza de que la conquista sucedió también en la lengua.
Imagen: Sebastián Freire

Casi treinta años pasaron desde que Susana Villalba escribió La luna en harapos. Distintas razones mediaron para que recién hoy vea la luz, en una bella edición de puntas redondeadas de la editorial independiente Salta el Pez. Se trata de una novela poética, que narra la conquista del imperio Azteca a principios del siglo XVI, liderada por Hernán Cortés. Las desventuras de la famosa Malinche, Moctezuma, el propio conquistador y una serie de diversos personajes nativos y extranjeros, son el coro que va contando aquellos terribles y lejanos sucesos. Aunque decir contar o narrar es inexacto. En pequeños párrafos que se van yuxtaponiendo, cada uno de estos personajes monologa con un habla poética, que a la vez mixtura las formas de cada una de estas culturas, con las imágenes y la música propias de la lírica. Novela experimental, histórica y alucinada, La luna en harapos despliega una trama a la vez que escamotea los nexos temporales o espaciales más obvios, obligándonos a zambullirnos en un mundo atávico pero que cobra resonancias nuevas a la luz de los pensamientos sobre opresiones y silenciamientos, que continúan vigentes.

Hay que decir que Villalba es poeta, dramaturga, crítica teatral y gestora cultural. Tiene una trayectoria apabullante en todas estas disciplinas y también en el cruce de géneros. Recibió la Beca Guggenheim en 2011, el segundo Premio Municipal de Buenos Aires 2004-5 y el Primer Premio Nacional de Poesía 2015-2018. Tiene siete libros de poesía publicados, entre ellos los muy leídos Susy, secretos del corazón y Matar un animal. Su obra ha sido publicada en Argentina, España, Costa Rica, Venezuela y Estados Unidos. Ha escrito y dirigido obras de teatro, y dicta la materia Poesía y Dramaturgia para la Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de Artes.

Es llamativo que la fecha original de escritura coincida con el publicitado quinto aniversario del choque de mundos. Aun así, la novela tuvo que esperar tres décadas para dejar ver su punto de vista. Villalba recuerda sobre aquel momento: “En algunas editoriales se me dijo que había pasado de moda ya la novela experimental y la del tipo realismo mágico. Y no era sólo local. Se prefería lo inmediatamente contemporáneo y el relato más directo. Pero la celebración del V Centenario y la Conquista de América, claramente no era mi mirada. Con respecto a la publicación de hoy, decidí dejar el texto como estaba, ya no estoy en el mismo estado de escritura; en su momento investigué mucho y sentí cada personaje desde un interior que fui creando. Tantos años después ya no podía siquiera recordar toda la info que mezclé en la mente con imaginación, emociones, ideas, intuiciones en un proceso que desarrolló una lógica poética propia y su propia realidad. La decisión de publicarla fue de la editorial Salta el pez, leyeron fragmentos en la antología de mi obra que editó Llantén el año pasado, se enamoraron y me lo propusieron.”

Tenés una obra muy extensa en poesía y también obras de teatro. ¿Esta es tu primera experiencia en algo así como una novela poética?

-Sí, se podría pensar como una reelaboración del poema épico, sin heroicidad ni relator que fije un punto de vista. En todo lo mío los géneros se cruzan, mi poesía tiene siempre algún elemento narrativo, personajes, algo filosófico y una estructura de principio a fin. Esta novela tiene poesía y un procedimiento patchwork que viene más de las artes visuales y de la filosofía sobre el fragmento y el contexto. Mi modo de trabajar también es una mezcla, para la poesía investigo o creo personajes. Pero básicamente me interesa el lenguaje como problema y la ilusión de que organizarlo de otro modo propone otra forma del pensamiento y de ver el mundo.

¿Qué fue lo que te cautivó de zambullirte en la historia de Malinche, Hernán Cortés y la conquista española? ¿Por dónde vino?

-Primero vino de los poemas de aquellas culturas. Pero Malinche me había cautivado en El Himalaya o la moral de los pájaros, de Miguel Ángel Bustos. A la vez, había recorrido en Susy, secretos del corazón ciertos clichés de lo femenino y lo masculino y eso me dejó pensando en la paradoja del contramodelo por imposición, la hetaira en Grecia, la Geisha en Japón, que asocié con Malinche. Sumado a que me parecía increíble no preguntarnos por un mundo entero ya desarrollado sobre cuyas ruinas vivimos. O cómo sería América hoy sin aquella Conquista, me rondaba lo que hoy está en muchas novelas en relación con el estallido de la visión única y de la diacronía: otros mundos posibles. Además percibía los efectos del neoliberalismo, la globalización y el puro presente; en contraposición buscaba raíces y conectar el pasado de otra manera. Pero sobre todo me fascinaba el momento en que una forma de la lengua se estaba desarrollando y organizando, que es a lo que intento volver al escribir para liberarme de las relaciones y asociaciones que el lenguaje cotidiano ya tiene decididas. Investigué la gramática de la lengua nahuatl y ese castellano diferente de las crónicas de adelantados, apliqué a una lengua la lógica de otra o el choque entre ambas. La conquista fue también en la lengua. Entre las muchas cuestiones que concentra Malinche, traducía del maya al nahuatl y luego aprendió el castellano; la llamaban La Lengua por su condición de traductora.

¿Cómo fue el trabajo de lectura, o contralectura, de las fuentes históricas?

-Si esta novela es un tapiz de voces y puntos de vista, la investigación también tenía que serlo. Leí muchas historias distintas, incluyendo La visión de los vencidos. En algunos hechos concretos en que todos coincidían me fui apoyando como hilo narrativo. También leí a diferentes antropólogos sobre por ejemplo la vida cotidiana o las ideas religiosas. Me interesaba la reflexión sobre el poder también, no tengo una visión inocente, había un Imperio Azteca pero vencía y exigía tributo, no arrasaba con un pueblo entero. Leí también esas crónicas donde los españoles hacen interpretaciones absurdas de lo que no pueden identificar o condenan la homosexualidad mientras torturan o violan sin pudor.

Malinche fue durante mucho tiempo sinónimo de traición. ¿Pensaste su figura desde una perspectiva feminista?

-Sí. Es como la contraepopeya en que el periplo desde que sale de su tierra hasta que regresa lo hace una mujer. Había escuchado el término malinchismo como nosotros decimos cipayismo. Pero ya la mirada que me transmitía Bustos era de alguien que no estaba en posición de tomar decisiones. Luego leí la historia según Bernal Díaz del Castillo que se detiene particularmente en la historia de Malinche, primero vendida por su propia familia a unos mercaderes mientras la hacían pasar por muerta, para que su hermano varón heredara, porque era hija de nobles. Luego ofrecida junto con gallinas para aplacar a los conquistadores, que le empiezan a dar un trato preferencial cuando dependen de su conocimiento de las lenguas. Se trató de supervivencia o, como mucho, hoy diríamos Síndrome de Estocolmo, porque se dice que ella realmente se enamoró de Cortés y que luego lo ayudó a conciencia. Muchos caciques de ciudades sometidas al Imperio Azteca ayudaron. Cargar todo en Malinche, como si semejante caída de una cultura entera fuera por una mujer, minimiza el nivel de violencia y resolución de los victimarios y sus intereses. Y es como decir que quien traiciona es mujer. En ese momento el feminismo no había aún revisado su figura como sí lo hizo posteriormente.

FOTO DE SEBASTIAN fREIRE

La novela está estructurada en monólogos de los distintos personajes: Cortés, Malinche, Moctezuma, la primera mujer de Cortés y otros ¿Cómo fue el trabajo con el lenguaje para diferenciarlos y a la vez darles una identidad?

-Me interesaba que aparecieran los distintos componentes de nuestra cultura, nuestra historia, nuestro lenguaje. La esposa de Cortés aparece porque era andaluza, como muchos de los primeros conquistadores y como además eran mis abuelos paternos. Y a través de ella aparece la poesía rimada e influida por la árabe. Inventé que está enamorada de un Moro para que esté presente la cultura árabe, constitutiva en España y en gran parte del mundo. Y algo de la cultura judía en un converso obligado, yuxtapuesto en un Templario, que condensa la Cábala, las búsquedas esotéricas y los poemas de caballería; si mezclar eso en un solo personaje no se ajusta a la verdad histórica estricta, no es descabellado como entramado cultural que nos precede. Malinche habla una lengua en que el trilingüismo le genera confusión e hibridación, mientras intenta convertir su no lugar en algún lugar. En cambio para Moctezuma me hice a la idea de que está pensando en su propia lengua pero alguien lo ha traducido al castellano; tomé para él una característica que sugieren algunos textos: su melancolía y el peso de la responsabilidad ante el presagio que vaticinaba la caída. De todos modos no pretendía ser verídica, sería imposible, y la conquista misma parece un relato absurdo.

¿Qué te imaginabas en cuanto a la lectura? ¿Una en la que sea imprescindible reponer la trama social e histórica, una más ligada a las sensaciones e imágenes que proponen las tramas discursivas, ambas?

-Mi ideal es como lo que sucede con ciertos cuadros, podés disfrutarlos estéticamente y luego conocés las claves de época y los mirás de otro modo. Que hagan una primera lectura dejándose llevar como por un largo poema. Que se entreguen, como yo cuando escribo, a la intuición semántica que todos compartimos, como compartimos un pacto con la arbitrariedad al que el lenguaje mismo ya nos acostumbró. Y que los impulse a querer conocer más de aquella cultura y de aquella historia, que investiguen y luego hagan una segunda lectura que sería distinta. Los editores elaboraron un minucioso glosario de términos que está al final del libro, pero también habrá quien quiera ir consultándolo. Y por supuesto es un juego abierto, con algunas pocas reglas a descubrir pero con libertad de recorridos y asociaciones.

Quería preguntarte por La bestia ser, que fue el último ganador del Premio Nacional de Letras. Además recibió la Beca Guggenheim su proyecto, un poemario donde hablaría lo que no suele ser escuchado. ¿Cómo surgió esa necesidad de ir más allá de lo humano? ¿Y qué dicen hoy un árbol, un perro, una piedra?

-Para mí también dice algo desde quién se habla. Y el cómo. Fui desarrollando un punto de vista árbol o piedra. Consideré que dicen lo esencial y entienden distintos matices del silencio; incluso el perro que opina que hablar es la estrategia del animal humano a falta de belleza y de capacidad de escucha. Soy pesimista respecto de la humanidad. Además, la inconciencia sobre un ecosistema y la creencia de una jerarquía piramidal en que el hombre es una cima llegó a este caos que la pandemia pone en evidencia.

Pensaba que tanto en este poemario, como en La luna en harapos hay voces, casi monólogos. Y vos tenes una labor como directora, dramaturga y crítica teatral. Y también dictas Poesía en una Maestría en Dramaturgia. ¿Sentis que la dramaturgia y la poesía se han influenciado mutuamente en tu escritura?

-Estudié Dramaturgia, Teatro de Objeto y llevo muchos años viendo teatro pero siempre digo que es mi segundo amor. Llevo escribiendo y leyendo poesía desde los diez años. El cruce sobre todo se da en un procedimiento de la dramaturgia que aplico bastante en poesía, escribo desde un personaje por el que me dejo poseer. Parecería entonces que es sencillo enseñar poesía en la Maestría de Dramaturgia pero no, porque si bien permitió muchos caminos nuevos salir de la centralidad del texto, ahora se fue el péndulo al otro extremo, no se da mucha importancia a la palabra que también es uno de los componentes. Los estudiantes son mayormente actores y directores, acostumbrados a partir de una imagen o de acciones y a considerar que la metáfora se establece desde el cuerpo o desde lo visual. Yo les abro un abanico de poetas de todos los tiempos y estilos, les insisto en que los lean y les propongo ejercicios en que las palabras sean el disparador y el objetivo. Y les pido que se cuiden del abuso que se hace hoy del término “poético”. No es que todo lo que no va en línea recta ya lo es. Es un poco más complejo.

FRAGMENTOS DE LA LUNA EN HARAPOS DE SUSANA VILLALBA

Malinche

Dos palos juntar corazones de yesca, uno prende hacia la tierra y el otro a decidir, si levanta la cola de pájaro habrá boda y si quiebra separación. Si no se prende todo no hay sentido juntado corazón y si repliega habrá tanto dolor de un solo lado que el otro va curar. Una serpienmano derecha hacia el pie izquierdo, anudar derecho el pie con mano colibrí. Ojos marinos a los en ascuas ojos. Sucora cuchillo y ara. Ha dentellada a lo que el cuello pone ante su boca. Nunca comerse su disfraz. Nunca comer lo que lo baila. Uno al otro mi tonal y desaparecer.

Cronista español

Si demasiados depende a cuántos de artillero por uno cien cayendo y sin embargo siempre eran los mismos de tantos que llegaban al fin del horizonte y más sabemos que allá también hay cosas dando vuelta existen detrás de nuestros ojos distinto pero iguales a otros que eran también distintos en otra parte que no sabemos dónde porque ya no estamos donde era medir dónde quedaba lo demás a la distancia de nosotros. Entonces derrotamos porque no acaban de número sino de imposibilidad y furia de verse diferentes a como eran antes vencedores o al menos resistentes a un imperio igual a ellos en la cara que en diferencia vence entre ellos quien gana el corazón.

Cortés

Al fin una tormenta nos vino a ocupar en cosas de hombres. Los navíos resistieron el viento pero no el encabritar de los caballos, los hubo que atar como a los hombres que escucharon relatos de huracanes. Almacenamos agua pero la sed dejó su huella para siempre, los hombres ya no tienen corazón. Lo van perdiendo en fiebres, en la falta de paisaje, de mujer y taberna, la falta de todo lo que hace que lo tengan. Ya no hablan, el mar no necesita explicación. Y en su siempre sonar van olvidando que es posible escuchar. Sonámbulos, los tiene fascinados el naufragio como algo que al menos sucediera, como una concreción en este mundo de real espejismo. Por qué no habré venido con marinos de verdad, con los aventureros el riesgo es esta lentitud.

Moctezuma

Este sol agoniza. Otro comienza y habrá gran sacrificio. Clavó sus flechas en la luna, cayó en el agua. Ahora sale del agua para ayudarlo a perecer. Que ya no puede más. No puedo más. Reinar es solitario. Es demasiado sostener toda la luz. Y todo lo alumbrado. No tengo quien me mire a los ojos. Se oculta en las nubes si está triste, llorar y que me dejen en paz. No puedo llegar a estar hambriento, tener frío, desear una mujer, nada me tiene que faltar. Bebidas, mujeres y mancebos, abanicos y fuegos en invierno, si no tengo es que no hay. Estoy cansado, serles estrella, cargar divinidad. Es fácil ser oscuro como ellos, ser ninguno. Difícil es tenerlos en mi copa y un gusto a no saber qué quiero yo. Qué sacrificio hacer, ansío el ayuno por sentir. Qué fácil ser ninguno, multitud, tener la sangre impura. Llega el tiempo de caer y hasta caer me está mandado. Y no lo siento. Me visto de mendigo, barrendero, de muerte de ninguno. Pero la muerte me reconoce y no me acoge.

Malinche

Despacio esta persona, es lo que él piensa que tenés que decir. Yo puedo hacer comercio de palabras mi señor. Otro entendió y el Capitán que lo miraba en castellano. Mirame la forma de tu sueño. Al fin se me acercaba, despacio corazón, cauallo atado al barco en la tormen. Despacio que va en esto la vida y el amor, no digas lo que pienses. Le pregunté si es que volvía Quetzalcoatl la intención y todo preguntaron los cempoala. Pasando maya a su entremedio, tres voces que eran dos. Diciendo me cuerpo micapi. Huele tierra mezclado al chocolate con vainilla de la infancia. Tormenta y navío es el deseo, ya viene a descubrir un corazón que fue enterrado mexicatl. Despacio diciendo Capitán te va oír, no grites si va a oír lo que deseo.Volviendo muertos. Vida masfuer después de muerta. Notlallo me levanto de mi tierra como el águila cenizas, por nonombre de nolengua, de nomuerta me levanto cayendo en amor. Me levanto de mí, corazón, Capitán me levanto, me inclino hacia vos, de nopueblo a ser nopueblo levantado por tu mano.

Cortés

 

Ahora sé por qué partí, sólo se puede seguir hacia adelante, escribir después de alguna muerte, el duelo sólo vale con el propio desafío: Moctezuma. Atrás fue todo espera, simulacro de vida y de batalla. "No te detengas ante vanas formaciones", cuánta razón aquel borracho que acompañaba mis propios desatinos. Esperando a mi morena como otra copa a cierta hora ya es igual y sin embargo imprescindible. Tantas vanas formaciones, tantas noches hasta el alba porque el día de los otros sea más corto. Tantos sueños que nunca imaginaron realidad tan imposible, tantas vueltas en el lecho, indiferente a los trajines del comercio, los campos, las leyes, tanta muerte que deseaba y con razón. Ya ves mi Don Martín lo bien pensar que sirvo para nada en esa España. Ya ves mi Catalina que no te dejo atrás, atrás no existe, sólo existe el lugar donde se encuentra uno. Te dejo la pluma Amadís, prefiero mi caballo, mi espada, sentir este cansancio del cabello a los pies y no de la mirada cuando pasa de los libros a no ver lo que mirar. Levarme con el alba si es que duermo de impaciencia y despertar al propio sueño. Construirme los días, los caminos, los trajines, reales peripecias. Tener esta mujer impredecible, incomprensible, más niña que ninguna, más gitana, más esposa, una guerrera, casi esclava. La vida amigo mío está delante, como un papel en blanco ante tu pluma. De mis barcos desguazados te dejo las palabras más hermosas: herrumbre, catalejo, escandallo. Nosotros nos llevamos las velas, las cuerdas que dije a mis hombres inservibles por callarles el terror cuando se vieron para siempre separados del pasado.

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