Las sociabilidades y prácticas, la economía y la situación de las clases sociales, los ritmos y velocidades del “movimiento habitual” en el comercio, los mercados y las finanzas, las conectividades y alcances entre individuos, reales y virtuales, los lenguajes, el arte, la educación y la cultura toda, se han visto alterados, suspendidos, afectados gravemente, de modos más o menos dramáticos, por la crisis sanitaria abierta con el Coronavirus, una pandemia que, rápidamente, se ha hecho mundial, y que en Argentina comenzó (llegó) durante el mes de marzo.

Protocolos mediante, los cambios en las calles y en los hogares, en los hábitos y mentalidades, fueron (y son) tan inesperados, en gran medida inéditos como intensos y extensos. ¿Qué surge de la observación y la reflexión tras el shock de los primeros impactos? Una de las publicaciones de la Biblioteca Nacional, la revista La Biblioteca ofrece en su número fechado en “Otoño 2020” un dossier especial dedicado íntegramente, en sus 600 páginas, a la “Historia del virus. Epidemia, literatura y filosofía”. Su editorial ya plantea, como una preocupación central, “el destino de lo humano” y un “gran debate que involucra toda clase de hipótesis sobre las relaciones de las ciudades con la naturaleza y las tecnologías, tanto productivas como comunicacionales”, para luego mencionar a Ramón Carrillo y a Ramos Mejía, en la conjugación de saberes científicos y preocupaciones sociales.

La peste, en sus múltiples expresiones y fenómenos, anima todos los textos, basados en reflexiones, recapitulaciones, derivaciones y construcciones sensibles, desde la literatura, el ensayo y las teorías políticas –además de, en varios casos, la política a secas–. Hay muchos autores, autoras, y obras en común, tan inevitables como necesarios, desde La peste de Camus y el Diario del año de la peste de Defoe, pasando por Tucídides y la Guerra del Peloponeso y otros autores clásicos como Spinoza, Hobbes, Voltaire, Hegel, Kant, Marx, Proust, Artaud, Sartre, Butler, Deleuze y Derrida. Imposible tampoco no remitir al actual debate público europeo: Jean-Luc Nancy, Giorgio Agamben, Slavoj Žižek. Compartan o no genealogías estéticas, literarias o intelectuales, cada uno de los textos de La Biblioteca posee su impronta, su ángulo particular de visión y análisis, sus variados “niveles” de crítica e interrogantes.

Por otra parte, hay preocupaciones y metáforas comunes, que reaparecen. Entre otras, la crítica al empleo del lenguaje bélico para entender y “explicar/describir” la crisis sanitaria; la revalorización, el nuevo relieve que cobra ahora el otrora inocuo y desapreciado elemento “aire”; la imagen de nuestro país, planeta y género humano como un “Titanic”.

Entre algunos aspectos de las intervenciones que se pueden destacar, está la de Noé Jitrik en “El libro que vendrá”, contemplando apariciones de la peste en la cultura, mencionando obras y autores como Los días de la peste de Edmundo Paz Soldán y una escena de Romeo y Julieta, proponiendo ver la situación actual y previa de la literatura, opacada por la preeminencia de otros discursos que compiten con el literario en la esfera pública, acorde con cierto “espíritu de la época”. Y con una nota optimista: la enfermedad tarde o temprano pasará, como está demostrado a lo largo de la historia, y “la literatura seguirá siendo el camino más seguro, el más limpio para seguir comprendiendo”. 

Por su parte, María Pía López señala peligros, al criticar la metáfora bélica: “nombra menos la realidad de la pandemia que un tipo de decisiones para encararla: la centralidad del mando estatal, el control de la circulación pública, la primacía de unas razones (surgidas en este caso del saber científico médico) sobre otras. Si hay guerra, se debe obediencia: nada de conventillo, ni polifonía ni disidencia ni conflicto”. Otro escrito, de lírica y experiencias en cuarentena, de Guillermo Saavedra, da cuenta de percepciones y hasta arriesga versos sobre los riesgos del presente: “oculta va la muerte en cada cosa”; las mercancías de supermercados y farmacias, “nimbados de una potencialidad literalmente virulenta”. María Gainza y Ezequiel Ipar, entre debates y linajes filosóficos, con Proust y Marx y la ambición del “ultracapitalismo” preguntan: “¿Podremos redimir nosotros este tiempo perdido? ¿Hay un arte y una política a ser reinventada en los tiempos del coronavirus?”. Eduardo Rinesi extrae de Hamlet sorprendentes pasajes e interpretaciones. María Moreno encara con su clásica lucidez y humor la relación entre vejez, Coronavirus, encierro y libertad (de poder o no elegir). Cecilia Abdo Ferez trata las redefiniciones del espacio bajo el Covid, y los límites a la libertad de movimiento (de información, cuerpos y capitales) y sus peligros (mandos centralizados, ghettización). Alejandro Kaufman encara de lleno la catástrofe en la que estamos inmersos (el aire a muerte/la muerte en el aire). Roberto Casazza brinda varias y breves estampas literarias-realistas de la pandemia en lugares públicos y privados. Horacio González coteja e interpreta minuciosamente la novela de Camus y Los novios de Alessandro Manzoni, y los sentidos y percepciones que se mantienen actuales, en diálogo con Heidegger, Lévi-Strauss y Sartre, en la pregunta por el sentido de lo humano y del humanismo. Matías Rodeiro sorprende con una combinación de fragmentos de “La metamorfosis” y líneas interpretativas del mal y las transformaciones ¿kafkianas? que hoy nos aquejan.