El 18 de Octubre del 2019  el estallido social se levantaba en Chile, ese país modelo del neoliberalismo, con la mayor desigualdad social del continente, un estado que lejos de romper la continuidad con la dictadura de Pinochet aseguró la impunidad para los crímenes de lesa humanidad y continuó valiendose del aparato represivo. Y con las cifras más altas de consumo de antidepresivos del mundo.

Sin embargo, hace un año, cientos de estudiantes secundaries, con el simple gesto de llamar a evadir el pago del boleto de subte frente a una nueva alza de 30 pesos , desencadenaron un devenir que seguramente ni ellxs sospechaban.

La represión desatada por el Estado chileno convocó rápidamente a la resistencia. Cientos de miles de personas se sumaron con cacerolazos y protestas a manifestar el hartazgo frente a un sistema que promete consumo y ahoga con deudas que deben tomarse hasta para gozar del derecho a la salud o la educación. Las calles fueron tomadas a lo largo y ancho del territorio. Ni el estado de sitio, ni el toque de queda declarado por el gobierno de Sebastian Piñera pudo frenar la revuelta: décadas de miedo y letargo quedaron atrás.

En esa nueva articulación, generada por jóvenes protagonistas, no solo resonaban las históricas reivindicaciones de justicia social, sino que se activaban nuevas miradas que daban este carácter que no se dejaba encasillar, ni analizar con marcos habituales. Apareció en la calle una generación que levanta posiciones desde el feminismo y las disidencias sexuales; profundamente antipatriarcal, anticolonial y anticapitalista, apostando por lo plurinacional, por un buen vivir y reivindicando el derecho al goce, a la ternura, a los afectos.

El arte y la cultura fueron centrales en este despertar chileno (o el territorio que hoy conocemos como Chile). Desde los primeros días y en el año que lleva prendida esta llama, la calle se ha transformado en un gran escenario, un enorme teatro, un museo vivo. Artistas visuales, actores, escritores, bailarines, se lanzaron a las calles uniéndose desde su quehacer a este movimiento que a pesar de la represión siguió tomando las calles y las plazas. 

Entre las voces más emblemáticas, no solo del estallido sino de los últimos 30 años en Chile, por sus letras que denuncia todo un gran abanico de problemáticas sociales está Ana Tijoux que acompañó con su voz y su "cara de nana" -mote despectivo con el que quisieron denostarla por sus rasgos indígenas- la lucha de quienes resisten en la calle y que con temas como Antipatriarca se convirtió en la banda de sonido de las demandas feministas del continente. 

Su primera banda, “Makiza”, allá en los 90’ aún respiraba ese aire de juventud inconforme, con ritmo de Hip Hop fresco y con letras que arrastraban el eterno peso del desarraigo como consecuencia del exilio y el retorno a Chile. De esos primeros tiempos temas como En Paro o La Rosa de los Vientos aún mantienen su vigencia.

Con Makiza vinieron éxitos, giras y mucha demanda que en poco tiempo la hicieron tomar una pausa para mirar con perspectiva su carrera. Ya entrado en nuevo siglo, la madurez musical de Tijoux se va a ver reflejada en temas emblemáticos como Shock, Antipatriarca, La Bala o Somos Sur en colaboración con la artista palestina Shadia Mansour.

Entre Octubre del 2019 y este mes ha sacado tres temas que marcan otro momento de su recorrido en la industria musical, pero que reafirma su compromiso político y social con letras que no hablan de esta nueva normalidad que pretende instalarse. Uno de estos temas, Cacerolazo, se convirtió en todo un himno de la revuelta chilena.

¿Cómo viviste esos primeros días del Estallido social en Chile en Octubre del año pasado? Porque además, te toco estando fuera, ya en Francia?

Yo estaba en Chile la semana anterior a que estallara todo. O sea que me salté el estallido por 8 días. Llegué a Francia el día 10 y estalló todo el 18. Me sentí como gato encerrado. Creo que el celular y yo éramos uno. Pegada en todo minuto al móvil. Viendo noticias de todo lo que estaba pasando. Además que era tan violento lo que pasaba que por más que había sabor conocido en lo que veía, no dejó de ultra violentar. Pensé en ese momento, ¿de verdad de esta manera, de esta forma? No sé, había mucha imagen de pacos (policía) tirando los cuerpos en las veredas, muchas imágenes de retenes con gente detenida, hacían desnudar los cabros (jóvenes), los torturaban.

Fue una sensación por una parte de gato encerrado, ¿Porque estoy acá y no allá? Como de este nuevo exilio de la segunda ola. Y por otro lado, decirme, a ver, paremos, estoy acá y hay que ser estratégica y empezar a llamar y ver que se necesita, en que se puede ayudar, que se puede hacer.

Incluso me tocó esos días dar entrevistas en medios y obviamente llamé a mis amigos de los movimientos preguntando qué era importante decir hacia afuera. Y creo que muchos que estamos fuera, terminamos por intentar ser estratégicos. Por algo estamos fuera, en vez de lamentarse porque estoy afuera, ya que ese lamento no sirve para nada, hay que accionar políticamente desde el exterior.

¿Desde el estallido en octubre del año pasado has estado trabajando en tu nuevo disco, que va en un proceso más pausado?

Desde hace un par de años no conseguía hacer un disco como una totalidad. Desde un tiempo hasta esta hora, la industria musical dio un vuelco muy extraño, muy en paralelo con lo que está pasando mundialmente. Yo siempre veo un paralelo entre la industria musical y los movimientos políticos y el capitalismo.

Ahora en la industria musical todo se globaliza. Se escucha un solo tipo de música, todo se autotunea de manera que solo hay un carril. Se pierde todo el otro abanico de colores en términos musicales.

Además, en este último tiempo, en el arte creo que todas estamos tratando de resolver los problemas cotidianos, haciendo proyectos para poder vivir dignamente y también no perder el punto de vista crítico. Y claro, con todas las contradicciones que uno tiene. Entonces decidí hacer un disco con otra temporalidad, que fuera saliendo temas uno a uno. Muy como se hace ahora. Ahora la gente no escucha un disco como antes y se vuevle un clásico. Escucha un tema y ese se vuelve un clásico.

Eso es lo que estoy haciendo con este disco el “Antifa Dance”, de tema en tema con un lapsus de tiempo indefinido entre uno y otro. Porque en el actual estado de cosas me cuesta pensar en términos de totalidad. Voy trabajando a un ritmo muy conveniente a la contingencia mundial. Por ejemplo, saque Cacerolazo a tres días del estallido del 18O. Después el Antifa Dance en el mes de enero, luego Pa qué en pleno confinamiento y ahora Rebelión de Octubre que he realizado en colaboración con una rapera muy linda, MC Millaray , que está empezando, y que es la vocera de la Red por la Defensa de la Niñez Mapuche.

Estoy en ese limbo entre tratar de no perder el norte, no perder la identidad, y también sonreír y jugar un poco con este nuevo modus operandi de la industria musical.

¿Cómo te influye todo ese despertar de nuevos imaginarios activados en las calles?

Yo creo que ha sido súper interesante la respuesta en la calle y sobre todo esa respuesta artística a la represión. Esta ira colectiva empezó a producir un despertar creativo que a mí me alucina.

De hecho creo que Las Tesis, por ejemplo, lograron lo que ninguno de nosotros logró en la música, hacer un discurso extremadamente sencillo, reflexivo, superdirecto, extremadamente profundo, con danza, performance y arte. El arte ya no es propio de una persona, sino que es de un colectivo social, es callejero y se retroalimenta.

Performance de denuncia frente a carabineros por los balazos de goma que apuntaron a los ojos.

Ahora hay una música pop y una estética ultrapop guerrillero llena de mezcla y creo que eso le hace muy bien al terminar con el caudillismo político. Como lo de desconstrucción de las estatuas políticas. Deconstruir para reconstruir me parece que es lo más lindo que ha de pasar en un largo tiempo.

En términos artísticos nunca había existido tanta y tan variada producción en la calle.

A nivel gráfico, a nivel performático, a nivel música, a nivel carnaval. Con un imaginario súper Pop. Todo esto del Spider-Man, de la tía Pikachu. Como la simbología del Perro Matapaco, durante la Navidad todos los niños querían un peluche matapaco.

Claro, eso ayudó a que yo misma pensara mi trabajo desde otro lugar. Tomar libertades. En el video de Pa qué por ejemplo. Yo siempre había querido hacer un video de gatitos galácticos guerrilleros y acá logré hacerlo. Me di la libertad de hacerlo.

Un nivel de creatividad que le ha hecho extremadamente bien esta nueva forma de hacer política.

Me hice feminista

En este estallido, el rol de las mujeres y también de los espacios de disidencia sexual han sido fundamentales para dibujar nuevos discursos, nuevos esquemas reivindicativos y nuevas posibilidades de futuro.

El movimiento feminista, organizaciones como la Coordinadora 8M, pero también espacios de autoorganización de base en los barrios, ollas comunes, juntas de vecinxs, asambleas y un largo etcétera, han sido protagonistas de este nuevo capítulo de historia.

En el trabajo de Tijoux, la mirada feminista está presente desde los comienzos. Quizás cada vez con más consciencia de ello, pero ya desde el mismo hecho de haber incursionado en el Hip-Hop, un movimiento musical, artístico y cultural hasta hace poco muy restringido para mujeres, se daba un punto de inicio en este camino.

¿Qué lugar ocupa el feminismo en tu vida y en tu trabajo artístico?

Bueno, como yo siempre digo, yo no nací feminista, yo me hice feminista y me sigo haciendo. Hay muchas cosas que aún desconozco mucho. Me siguen enseñando todo el tiempo y creo que eso es lo más lindo. Es un movimiento permanente, no es estático. Hay muchas cosas que yo me cuestiono y que a veces no estoy de acuerdo con mi misma ayer.

Entonces, creo que una música, así como una Revolución no puede ser sin feminismo.

Creo que parte por ahí, en cómo deconstruir la imagen masculina que está instalada en nuestra educación, en nuestra manera de vestir, de hablar, de actuar, de cantar, en cómo relacionarnos con el otro, con la otra, con le otre, la forma de hablar, de seguir creyendo en el amor romántico, en las relaciones de pareja, con los padres y madres, con las abuelas y abuelos, con les hijes mismxs.

Creo que mi trabajo está todavía en eso. Sigue siendo algo que me atraviesa, que me intriga, que me conmueve y que me interesa trabajar y profundizar. Pero también creo que uno tiene derecho a ese pudor, a reconstruirme permanentemente.

Y cómo madre, ¿cómo vas trabajando todo esto?

Como la crianza es un cotidiano, es muy complejo. Porque al ser un cotidiano uno a veces va repitiendo, y no se da cuenta.

En el caso de mi hija, la verdad es que ella me enseña un montón de cosas. Dice cosas que yo no decía a su edad, por ejemplo que ella diga que le gustan los humanos. Cosa que yo jamás pensé.

Me pasa que, al revés, es mi hija la que me está destruyendo. Es permanente.

Por ejemplo un gran trabajo que como madre enfrento es que aunque yo tenga todo un discurso de libertad, soy super culposa y estoy en ese trabajo de poder borrar eso.

Estoy en un trabajo ahora mismo que puedo resumir en: antipatriarcal, antiyuta y anti culpa.

Racismo y movimiento anticolonial.

El facismo, la radicalidad del neoextractivismo, los procesos neocoloniales, el racismo van in crescendo a escala planetaria. Paralelo a ellos, se levantan diversas respuestas anti extractivistas, anticoloniales y antirracistas a nivel global.

En tu experiencia como artistas y también como persona que habita territorios donde el racismo funciona cotidianamente, ¿cómo se refleja en tu trabajo?

Yo lo he vivido en carne propia. Lo he vivido casi más en Chile que en Francia por ejemplo. Me tocó hace un par de años: fuí tema nacional porque se me dijo que era “cara de nana”, cara de trabajadora doméstica, cosa en la que también vi claramente el tema de la lucha de clases operando en todo este discurso.

Es interesante ver el cuerpo politizado en ese sentido. Entonces me siento muy en un punto medio, porque por otra parte en comparación con otras compañeras acá en Europa, yo sí tengo papeles. Entonces yo soy privilegiada, porque yo no tengo problemas respecto a la Visa o tener que ir a Extranjería. Pero casi todas mis amigas acá, la están pasando mal con todo esto. Soportando colas o esperando tener cita previa, con documentos que se vencen y que no pueden renovar, sin garantías para sus derechos.

Y es una realidad. Una cosa es que yo tenga una situación de privilegio y otra que yo no quiera ver la situación real.

Creo que es súper interesante lo que se está planteando en términos de lo latinoamericano acá en España. Pero llevo tan poco tiempo acá y con el confinamiento todas las articulaciones políticas que hay y en las cuales puedo sumarme no son posibles ahora. Es extraño articularse políticamente en estos tiempos. Pero veo lo que pasa por ejemplo con los Top Manta, lo que pasa con las compas feministas afro acá. El cuestionamiento respecto de la usurpación de la música o de los peinados es super interesante. Y hay momentos donde me siento en un lugar entre dentro y fuera.

Y en mi trabajo claro que lo siento, lo veo y también me da mucho pudor porque me da miedo ser como una postal folclórica. Como cuando te ponen en un festival porque igual hay que tener a la india, sudaka y mujer. Y salta la duda. ¿seré postal? ¿seré la cuota?

Pero ese es el punto, cuestionarlo.

A mi me da más miedo la gente que no se cuestiona su propio privilegio y no ve cual es su posición en todo esto.

En momentos donde estamos viendo tanta construcción de fronteras, el muro de México con EE.UU, de México con Centroamérica, en Europa con África; nunca hubo tanto compañero y compañera muerta en el Mediterraneo, compañeros y compañeros afrodescendientes.

Y nunca en la historia de la música hubo tanto blanco queriendo parecer ser negro. Apropiándose de su música, de sus cuerpos, de su estética. Nunca hubo tanto botox, nunca hubo tanto pelo falso para parecerlo. Es de un nivel de contradicción y apropiación. Onda, no quiero tener tu color de piel, pero quiero tener toda la onda tuya, pero sin ti. Nunca ha habido tanto racismo a lo Latinoamericano y sudaka en el mundo y nunca hubo tanto músico, queriendo sus ritmos y hasta hablando como si fueran caribeños. Nunca la música latina y afro ha estado tan de moda en el mundo como ahora.Y claro, ahí yo estoy siempre atenta y vivo mis propias contradicciones.

Hay que cortar con el exotismo en todo esto. Una cosa es que yo me solidarice con luchas y otra cosa es que usurpe. Y es allí donde siempre estoy yo misma diciéndome y cuestionando donde esta el límite. Hay una línea muy delgada entre usar un movimiento político y social a tu favor, otra cosa es apoyar o ser un acompañante histórico de un proceso.

La Nueva Normalidad.

“No volveremos a la normalidad, porque la normalidad era el problema”. [Graffiti]. Centro de Santiago de Chile. 2020

Ya con un año de avanzado desde el estallido, con una situación como la pandemia del COVID 19 que ha posibilitado a los estados una gestión política regresiva de parte de los estados y el discurso muy instalado de una llamada “Nueva Normalidad” ,que crees que pueda ocurrir después del plebiscito. ¿Cómo ves la situación post plebiscito?

La Nueva normalidad es un Estallido permanente.Y capaz que me equivoque pero me da la impresión que la nueva normalidad tiene olor a lacrimógena. Se instaló como un aire espeso. Y parece que esa es la nueva normalidad en Chile.

Es tal la violencia que la contrarrespuesta callejera es igual de álgida. Con lo cual no es comparable esa nueva normalidad que se da en Chile con España o con Francia, donde aún tienen seguro de cesantía de ayudas del estado. No tiene comparación.

Las concentraciones que volvieron con fuerza a un año de la revuelta.

Pero no voy a comparar porque las problemáticas son otras y creo que no es bueno comparar porque también hay singularidades. Lo que me da miedo es que tanto en Chile como en Francia, España, Estados Unidos y en el resto del mundo, la nueva normalidad es que los nuevos fascismos no tiene pudor alguno es mostrar todas la cara y todas sus caretas.

Es decir, pensaba en una imagen muy potente hace unos día en Francia donde en una marcha LGTB los nazis hicieron una contramarcha. En Madrid ayer, no sé cuando, los nazis marcharon también, o sea ahora parece es súper normal que los nazis marchen también bajo el paradigma de la libertad de expresión.

Yo creo que la nueva normalidad abre una fase en que los fascismos puedan decir y hacer lo que quieran. Puedan decir a destajo: Sí, yo odio a los árabes o los negros, odio al pobre, odio el flaite (marginal), odio a la miseria, odio a la otra clase y pareciera que fuera como una polarización mundial.

¿Cómo crees que será el después del Plebiscito en Chile este Domingo?

¿Qué se viene? Difícil decirlo. Porque esta rebelión tiene una profunda alegría, y creo que ninguna bala va a ser capaz de apagarla u opacar este clamor popular. Porque tenemos un cuerpo social popular al cual nos han tirado tantas balas que vamos a seguir de pie.

Lo que si me da miedo es que soltar esto es soltar muchas cosas. Pero lo que verdaderamente me da miedo, además de esta violencia militar y policial, es la socialdemocracia. Esta nueva mayoría que está negociando por abajo y lo han hecho desde el día uno entrado a la transición democrática y que hoy pretende volver a instalarse.

Y por eso, votar para el plebiscito sí, pero la pelea no puede quedarse allí. La lucha hay que seguirla en la calle, no hay que soltar la calle y hay que potenciar las organizaciones de todo tipo.

Será un trabajo de joyeria de todas las organizaciones y asambleas coordinadoras desde Arica a Punta Arenas.

Estamos en un momento álgido de pandemia racista y de crisis, todo movimiento que se levante contra esto, suma. Todo suma y es necesario.

 

Creo que este discurso de la Normalidad, que este discurso pandémico se puede contrarrestar con solidaridad y afecto. Para mí, va a ser con el nosotres, juntes, desde lo colectivo, desde los afectos, desde la calma. Porque creo que vienen tiempos muchísimos más duros de los que pensamos. Y como se viene algo tan duro, quiero estar calmada para poder tomar decisiones de la misma forma. No quiero permitirle a esta pandemia que se incruste en mis afectos, en la capacidad de solidaridad y de organización política.