La última aparición en el cine de la legendaria performer chilena Hija de Perra

Tetoterapia: travesía trans-andina

Se estrena Tetoterapia, el musical, una comedia dark de hadas y malvadas, una fábula chilena que pone en tensión la gran ciudad neoliberal con el altiplano. SOY conversó con Anastasia Benavente, la villana.
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Anastasia Benavente 


El estreno internacional de Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda, sobre una novela de Pedro Lemebel, marcó la vigencia de un duelo, en su doble acepción. Duelo perenne por el escritor muerto más emblemático y menos ausente del Chile actual. Pero duelo, también, del colectivo trans transandino contra la mezquindad cisexista, porque la presencia de esa comunidad en la película se redujo a comparsa, y los tiempos han cambiado como para admitir que ha ganado por derecho y furia un lugar sin límites en los mundos culturales.

Y si Daniela Vega en La mujer fantástica regresó de Hollywood con un Oscar, hay que señalar que el papel con el que emprendió la conquista del mercado no era precisamente el de la travesti popular, sino el de una de clase media urbana que se mueve en escenarios que responden a la marca Chile pre-estallido social: edificios que son ráfagas de Sanhattan (un juego de significantes lemebeliano entre Santiago y Manhattan).

TETAS DE PERRA

Pero en estos días llega a través de streamming una película chilena sin ánimo mainstream; una comedia negra clase B hecha por el combo audiovisual Elefantegonorrea, fábula entre el Bien y el Mal, con personajes actuados, entre otres, por personas trans. Se llama Tetoterapia, de Alejandra Gómez y Jorge Panchana. Un musical que cuenta, entre la luz y la oscuridad, el romance entre Irina (Irina Gallardo) -una coya del altiplano chileno- y un galán medio cantiflas (Paulo Rojas, que a la vez fue el responsable de la música). Irina, que sana con el fluido de sus pechos, hace una travesía por el país hasta llegar a Santiago, donde se convierte en objeto sacrificial de la industria farmacéutica. Hay una diva tiránica, Hija de Perra, la famosa performista trash punk, activista de la disidencia y -¡oh!- pedagoga en institutos educativos sobre enfermedades venéreas, que murió en Santiago en 2014 (vean sus videos, imperdibles, sus cejas son todo un alegato entre Nina Hagen y Divine). La otra villana es Anastasia Benavente, activista queer, docente universitaria y performista; acá se la vio en Casa Brandon en el espectáculo Travesía travesti, performance y cabaret políticos. Con ella conversé:

Hija de Perra introdujo una estética gore, punk, una marca escatológica, pero a la vez era invitada por instituciones educativas para dar clases sobre enfermedades venéreas a alumnos de colegios secundarios, o como expositora en congresos sobre sexualidad. Vos sos docente universitaria de arte. ¿Cómo definís esos cruces?

Una de las herramientas que usamos para visibilizarnos es el arte y la educación en torno al género y la sexualidad. Desde el arte, incluso, aún estamos relegadas a un círculo más underground y nocturno. A diferencia de Argentina no tenemos presencia en la televisión abierta, como por ejemplo sí tiene Barbie di Roco (escritora trans) a quien sigo por las redes sociales y veo cómo da cátedras en torno al tema y va educando. En Chile sería impensado salir en un matinal, todavía se nos ve como personas peligrosas, marginales y criminalizadas. Cuando en realidad somos nosotras las que estamos en peligro. La misma Hija de Perra, si bien alcanzó mucha notoriedad en vida, solo tras su muerte se transformó en un ícono de multitudes. Ella representó un momento de avanzada en la performatividad del género, feminismo y educación sexual. Instaló estos temas en el 2000. Y piensa que en 2020, en Chile, sigue fracasando un proyecto de ESI. En la industria del cine más oficial ocurren situaciones nefastas como en la película Tengo miedo torero donde actores, interpretan nuestros roles, de una forma además muy patética.

¿Cómo ves que se fue dando en este siglo, en Chile, ese paso de una subjetividad castigada, como es la travesti, a otra que consigue en ocasiones afirmarse en la esfera pública?¿Ves una contradicción, digo, pensando en La mujer fantástica, el Oscar y la resignación de la derecha conservadora a la ley de identidad de género?

Ha habido muy pocos casos en los que se ha podido permear la estructura patriarcal y binaria. En estos momentos se me ocurren dos, hace unos años estuvo al aire el programa The switch que era una especie de imitación chilena del RuPaul´s Drag Race. Un buen espacio para el talento de muchas compañeras transformistas, trans, drag y travestis. Fue emitido por un canal conservador, y dentro del equipo había personajes nefastos como Patricia Maldonado, una figura icónica de la dictadura y fiel defensora del genocida Augusto Pinochet. Por lo que en este caso, más bien se usó a estos cuerpos no hegemónicos solo para el divertimento del público y para generar ganancias, cuerpos cooptados por la industria neoliberal. Por otra parte, estuvo la película La mujer fantástica protagonizada por Daniela Vega. Chile nunca había ganado un Oscar, los ojos del mundo estaban sobre su protagonista, mientras que en su propio país la compañera tenía que dar, todavía, explicaciones en los aeropuertos y toda la institucionalidad que ponemos en jaque nosotras. Al nuevo dictador Sebastián Piñera no le quedó otra que promulgar la Ley de Identidad de Género, que dormía hace muchos años.

Me llamó la atención que el papel de las coyas, en Tetoterapia, no haya sido para coyas.

Las protagonistas de la historia provienen de un viaje desde el norte del país, pero el foco no fue instalar un debate sobre lo étnico sino mostrar que la modernidad tan ansiada no ha llegado de la misma forma a todos los lugares del país y que aún existen pueblos pequeños, sin luz, y comunidades que viven más apegadas a sus tradiciones culturales. Por otra parte, la película tampoco instala el tema del género y la sexualidad de forma explícita. Conversando con lxs directores me quedó muy claro que su intención era justamente trabajar tanto con Hija de Perra, Irina la Loca, Maggy Lay (la última vedette del célebre teatro de revistas chileno fundado en 1953, Bim Bam Bum), y conmigo. Además hay otras trans como extras y bailarinas en los números musicales. O sea, tiene que ver con mostrar una escena. Elefantegonorrea es un círculo de personas y amigxs en los que el género nunca fue una limitante para relacionarnos.

Hay una secuencia muy gore. Los senos arrancados a Irina por los hampones de la industria farmacéutica, que en la película es letal. Estaba pensando en Paul B. Preciado, que dice que establece con la testosterona la misma relación que un chamán con la planta.

El uso de hormonas es la tecnología disponible para justamente evitar en algún grado la violencia que se ejerce a las corporalidades que escapan del dimorfismo sexual. Me imagino que, en algún momento de nuestra historia como humanidad, la categoría género no tenga importancia política, y el sistema de categorías asociadas a esto tampoco lo tengan. Hay que pensarse fuera del cistema para poder quizás vivir fuera de este. Y desde ahí no tener la necesidad de adecuarnos en nuestra expresión de género. En todo caso, la película es una fábula.

Anastasia me dice, por último, que Pedro Lemebel e Hija de Perra, guerreras icónicas para la disidencia chilena, pusieron en jaque el binarismo de género y, como La Veneno, cuya trayectoria la ilumina, “han caminado con fuerza para que las nuevas generaciones puedan correr”.

Estreno por streamming el 22 de noviembre, www.tetoterapiaelmusical.cl

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