Exconvicto, ahora poeta y cineasta

César González: "Estoy cansado de que la villa todo el tiempo tenga que dar explicaciones"

Terminó su condena hace diez años: es su década ganada, dice desde la Carlos Gardel, donde nació y vive. Celebra el debate sobre la libertad generado en la pandemia y explica su arte entendido como resistencia.

Una década ganada: así llama César González a los diez años, recién cumplidos, que pasaron desde que terminó su condena. Se hizo famoso poco después de salir de Marcos Paz con un alias que ahora siente que ya no necesita: Camilo Blajaquis, una conjunción entre el revolucionario cubano compañero del Che y el militante de la resistencia peronista Domingo Blajaquis, que Rodolfo Walsh retrató en ¿Quién mató a Rosendo?

Con seudónimo César firmó su libro debut levemente ricotero La venganza del cordero atado, que en su título lleva una referencia al disco Lobo suelto / Cordero atado. Hoy tiene 31 años. Antes de los 15 recibió seis balazos de la policía; cuatro tiros en la pierna derecha, uno en el torso y otro en la pierna izquierda. Pasó media década en prisión, entre sus 16 y 21 años. En el penal terminó el secundario y un profesor de magia --que más tarde se convertiría en su amigo y en una presencia en sus películas-- le empezó a acercar libros de filosofía, literatura, teoría política. Salió de “rejalandia” hecho un poeta. Estudió un tiempo Filosofía en la UBA, y ahora se dedica a hacer películas. Con una estética que resume como “cine pobre” por oposición a una industria donde hay “demasiados generales --directores estrella-- y muy pocos soldados”.

Ahora, en el aniversario número 10 de su libertad recobrada, César dice que se considera una rara avis. Haya sido por instinto de conservación o de puro azar, pudo esquivar la reincidencia como destino. Y la muerte. Aunque solo la propia. En esta década, en la que se dedicó a estudiar, escribir, pensar en arte y en política, y filmar la villa Carlos Gardel donde vivió toda la vida, y sigue viviendo, vio morir a por lo menos doce amigos cercanos en manos de la fuerza. Cuando se le pide un balance de su vivir afuera, César dice que detenerse a pensar en eso es una pérdida de tiempo: “Lo primero que pongo sobre la balanza sería eso: sobreviví. En estos 10 años tuve mucho trabajo yuxtapuesto con la formación, sin separar las cosas todo el tiempo, tratando de seguir formándome y tomando las cosas con la mayor responsabilidad posible. Ahora, si me preguntás si se ha ganado esa década a nivel político... no lo sé. ¿Un empate? Pienso que Macri solamente duró 4 años y la gran gesta del pueblo argentino fue decirle ‘Chau’. Pienso mucho en cómo se transformó la región durante los últimos cinco años y es espantoso. Es importante que por un lado se recuperen la situación a nivel macro político. Y luego deberá venir la discusión más micro, que obviamente, implicar cuestionar mucho y seguir exigiendo”.

--Desde que empezó el aislamiento la libertad se volvió una palabra que aparece tironeada en el eje de los debates políticos. ¿Qué sensaciones le genera a alguien que realmente sabe lo que es perderla escuchar lo que dicen quienes interpretan las medidas de prevención como un ataque contra sus libertades?

--Primero, que el de la libertad sea un debate que está en boga en el mundo es para celebrar, me da esperanza y optimismo que se debata sobre la libertad y no sobre cuánto vale el pase de tal jugador a tal club. Sobre estas escenas en particular, no puedo dejar de pensar que el Indio Solari ya lo había dicho: “la libertad es fanática”. Y no me parece algo totalmente desconectado de esta gente que salía hasta hace poco a pedir transitar libremente, aunque implique la muerte. Igual trato de no caer en lugares comunes cuando analizo estos asuntos. Hay riesgo al hablar de estas cosas de que todo se transforme en una “pastoral del lado izquierdo del mundo”. No hay que subestimar a la gente que sale. No hay que tratarla de estúpida o enferma mental. Son palabras muy crueles. Así no vamos a salir del bucle. Debatir sobre la libertad es muy necesario, pero lo que está claro es que no existe. La libertad “pura” no existe. Si te creés tan libre y andás solo, la naturaleza te traga. No sobrevivís. El capitalismo fue sorprendido por el virus. Esta situación lo que hace es acelerar la visión del tiempo que se viene. Así como la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa fueron hechos que definieron al siglo pasado, el siglo XXI se va a ver definido por la pandemia. Y todo lo que ya estaba ahí, ahora bulle: el tema ambiental, los movimientos feministas, está todo ahí, como en un clamor, en una intensidad.Creo que a los partidos políticos del siglo XX les faltó pensar la cuestión subjetiva. Lo subjetivo era como una mala palabra. Ahora, nuestro desafío va a ser cómo incorporar a la articulación colectiva lo subjetivo, es decir, el deseo de cada persona, los planes de vida.

El plano respetuoso

Un Rossellini suelto en Morón. Va con su cámara discreta, el plano es considerado. Respetuoso porque no se acerca ni se anima a mostrar el “hecho policial”. ¿Gatillo fácil? ¿Un tiroteo entre bandos? No importa, porque la sangre y la violencia quedan fuera de cuadro, y porque la vida en la Carlos Gardel no empieza ni termina en la sección “Policiales”. Después de las balas la villa vuelve a su respiración habitual. Entonces la película vuelve a mostrar a los perros que persiguen motos, a los chicos muy pequeños que piden llorando una vuelta más de calesita, a quienes salen a trabajar en bicicleta con un bolsito a cuestas. César sale a la calle a filmar sin cortar el tránsito. La puesta se sostiene por los amigos y por la amabilidad de transeúntes. Además de filmar, escribe teoría cinematográfica. Es que solo alguien que ha calculado tan finamente cada toma puede hacer poesía de un porro nevado.

--Uno de los grandes obstáculos que dijiste haber encontrado a la hora de filmar la realidad de la villa es que se trata de imágenes muy quemadas...

--Es que hay una sobrerrepresentación del universo villero en el cine argentino, en la televisión. El cine que se ha hecho sobre las villas aquí es ideológicamente perverso. Tratar de dar respuesta a eso es lo que me ha hecho decidirme para ser cineasta. Igual siempre me gustó. De chico amaba el cine, ver películas con mi mamá. Se da un fenómeno de monotonía en la forma de representar a ciertos sectores que es como mínimo caricaturesco. Es una arquitectura ideológica, no son casos aislados. No es cosa de un productor.

--¿Un modelo de representación con conciencia de daño?

--Dicen “mostramos la realidad que nadie quiere ver”. ¡Mentira! A esa realidad la vemos todos, todas. En verdad lo que se está queriendo decir es “yo veo esta gente así: delincuentes, narcos”. O sino: trabajadores obedientes. O vagos. Hay una intención de mostrar a la villa como fea, porque quien está mirando no ve belleza en un villero. A mí me gustan los documentales sobre monos de Animal Planet, pero estas películas que vienen a hacer acá ni siquiera son grandes documentales de monos. Son documentales feos sobre monos o ficciones malas sobre monos. De última podrían hacer un Planeta de los simios de la villa y estaría bien (risas), estaría mucho mejor que lo que abunda.

Basada en hechos reales

Alan Garvey, presencia recurrente de todas sus películas, es también protagonista de Lluvia de jaulas. César dice que Alan es su Antoine Doinel, el personaje que Jean-Pierre Léaud compuso para Francois Truffaut desde la infancia en Los 400 golpes, hasta la adultez. Alan, el actor de 18 años, el rostro hiperexpresivo de una película que habla de la violencia policial en la villa, ahora está preso. Desde hace siete meses. “¿Suena irónico? Ha trabajado desde que era menos que un niño, porque es un actor brillante, además le gusta cantar. Fue tan duro el golpe... Lo que yo quería era que fuera una película, no algo que se transforme en real. Ojalá fuera una ficción absoluta, ojalá fuera un Perro Andaluz, una fantasía surrealista. Para mí Alan es como un hijo o un hermanito, no es que solo lo conozco de las películas, vivió en mi casa, en mi barrio. Es su primera causa, relacionada con menudeo. Es uno más de esos soldaditos, a los que usan como carne de cañón. Hay un juez ensañado y yo estoy destrozado”.

--En Lluvia de jaulas, el “el hecho policial”, en este caso incierto, es solo un momento de la vida cotidiana en la villa...

--Lo hice desde mi primera película: no ser demagógico y mostrar el punto de vista sobre “la cultura del trabajo”. Como diciendo, “bueno acá, la gente trabaja y muy poca gente es la que roba y somos la mayoría buena”. Esa es la explicación que da el vecino cuando aparece en un noticiero. A mí no me interesa dar ninguna explicación, estoy cansado de que la villa todo el tiempo tenga que dar explicaciones. Podría haber hecho la película solamente con imágenes de reality y de otras películas, las mismas imágenes ensambladas de otra manera. Con una voz en off, por ejemplo. Las mismas imágenes con otro enunciado sobre ellas, y cambia el sentido. Entonces el problema no radica en las imágenes. A veces en los noticieros veo imágenes increíbles, sin embargo, eso no genera ningún quiebre emocional. Al revés, refuerza todo lo que sabía de prejuicio de estigma.

--¿Qué pensás de los eufemismos que se usan por ejemplo en el periodismo? La villa no es villa sino“barrio postergado”.

--Acá hay gente que le gusta decirle “barrio”, otros, “villa”. A los pibes les gusta decirle “la Gardel”, con un artículo femenino. ¡Los absurdos en lo que puede caer el progresismo a veces! ¿A alguien se le ocurre llamar a Haedo de otra manera? ¿Hay alguien que diga “vamos a preguntar si está bien que le digamos ‘Haedo’ o quieren que llamemos al barrio de otra manera”? La villa es como un tubo de ensayo, entonces lo pongo ahí, sacó unas gotas, voy al microscopio, observo, saco conclusiones. Lo mismo con el humor que se hace de la gente de la villa. Con la clase media también se debería poder hacer chistes, o reírnos de los arquetipos. Yo alguna vez he usado arquetipos de la clase media en una ficción y me han dicho que lo hacía por resentimiento. Con algunos se puede bromear y con otros no.

--Citás en la película a Franz Fánon. La idea se podría parafrasear como “la pertenencia (a una clase) no garantiza la conciencia (de clase). ¿Qué es para vos tener conciencia de clase hoy?

--Es lo mismo que fue siempre, es saber en qué lugar del mundo se ha nacido y cómo esto determina tu trayectoria de vida. Bueno, digamos que “casi determina”, porque sino, yo no existiría. Me interesa mucho el trabajo que han hecho autores como Mariátegui. Es importante ante eso reconocer de donde uno viene. Nací acá, soy de acá de la Carlos Gardel y por eso puede ser que termine muerto antes de los 18. Cuando termine esta entrevista, si salgo de mi casa, tengo muchas probabilidades de que me pare Gendarmería porque sí, tienen derecho a revisarte. No conozco más que por imágenes la Franja de Gaza, pero se vive acá un estado de sitio como el que se ve en esas imágenes.

Lluvia de jaulas se puede ver en el Festival de Gijón, España (https://www.gijon.es/es/eventos/festival-de-cine). También en el festival de cine uruguayo “Tenemos que ver” (http://tenemosquever.org.uy/). Y a fin de año estará disponible en Cine.ar

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