Particulares venden la tierra como si fuera propia 

Otro conflicto territorial con habitantes originarios en Tartagal 

La comunidad Taperigua siempre vivió en la zona norte de Tartagal, donde la ciudad avanzó sobre habitantes agricultores que ahora ven amenazada su ocupación ancestral. 
Silvina y Emilio García, en la Molienda El EncuentroSilvina y Emilio García, en la Molienda El EncuentroSilvina y Emilio García, en la Molienda El EncuentroSilvina y Emilio García, en la Molienda El EncuentroSilvina y Emilio García, en la Molienda El Encuentro
Silvina y Emilio García, en la Molienda El Encuentro 
Imagen: Gentileza Andrea Fernández

Don Emilio García lamenta no haber equiparado la labor de su padre, histórico agricultor de la comunidad Taperigua, que se dedicó especialmente al cultivo de caña de azúcar, la materia prima de la que se nutre la Molienda El Encuentro. Don Emilio también tiene su cañaveral. Pero "no le he llegado ni a los talones a mi papá", que "tenía mucha caña" y también sembraba rabanitos, chaucha, lechuga, batata, e incluso llegaba a trabajar de noche, iluminado por un mechero, para regar sus plantas y asegurarse que no las quemaran el sol y el calor.

Don Emilio es el cacique de la Comunidad Taperigua, del Pueblo Guaraní, que por estos días enfrenta un conflicto por la venta de parcelas de su territorio ancestral por parte de supuestos titulares registrales. Con denuncias cruzadas, y amenazas contra los comuneros, el conflicto se debate por estos días en un proceso de mediación judicial en los tribunales de Tartagal

Salta/12 visitó a don Emilio y a su hija y mano derecha, Silvina García, en las instalaciones de la molienda. El saludo protocolar derivó en comentarios sobre las plantas que la familia plantó ahí mismo, en ese terreno al que le llegó la urbanización de Tartagal y que es como la antesala de las chacras que los integrantes de la Comunidad tienen en el territorio que se extiende hasta los cerros. 

El centro de atención es una planta de sandía que creció en un montón de piedras destinadas a la obra del salón comunal, donde dos redondos frutos rayados están ya madurando. Detrás hay una huerta con más plantas de sandía, con zapallos y un maizal. Y hay también pequeñas islas de perejiles esparcidos aqui y allá. Al costado de la construcción hay una sombra de limas, limoneros, paltos, durazneros, un parral y moreras y otros frutales. Debajo de esos árboles, acomodados en los asientos preparados para la espera de los compradores de los productos de la molienda, se desarrolló la charla. 

El viejo trapiche de la Molienda El Encuentro.

Don Emilio aclaró de entrada que su hija se ocupa de lo administrativo de la Comunidad. "Yo me voy a dedicar al asunto de agricultura", reforzó. Su Comunidad, añadió, "siempre estuvo aquí", donde le llegó la ciudad. Son entre 25 y 30 familias del Pueblo Guaraní, agricultores. "Nosotros hemos sufrido cuatro desalojos antes". "Cada vez nos van acorralando más".

La última novedad importante fue la llegada, hace tres meses, de la carpeta técnica del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), sobre el relevamiento jurídico, catastral del territorio de uso ancestral comunitario, 1600 hectáreas que se extienden desde ese punto donde están las casas semejando un barrio urbano (aunque no lo es) hasta inclusive los cerros que se ven más lejos. Apenas el 30% de esa tierra es habitable, "el 70% es cerro". Pero ese territorio guarda los saberes y las prácticas comunitarias, de ahí sacán frutos como el arrayán, y el bejuco para la cestería. La propia taperigua florece aquí.

El documento del INAI implica, para don Emilio, que la tierra "no se puede vender". Esto fue lo que les dijo a propios y extraños que andan por ahí, a la caza de algún terreno para ponerlo a la venta en Facebook, aprovechando el interés renovado por las operaciones inmobiliarias. Pero "desde ahora en más no se vende la tierra" y "tienen que aprender a convivir con nosotros y nosotros a convivir con ustedes", contó que les dijo. "Antes se hacía mucha reventa de tierra", contó. Hay criollos que aparecen con papeles en los que se asegura que compraron esas tierras y las ponen en venta. "Aquí ha venido uno que me dice que tiene papeles de 1930", recordó don Emilio, como ejemplo de la presión constante que hay sobre ese territorio guaraní. 

El conflicto actual es con una familia criolla de apellido Díaz, que disputa una hectárea y media con una familia guaraní que "vivía en el cerrito" en el mismo territorio y decidió bajar, para tener acceso a algunos servicios básicos, como el agua y la energía eléctrica. Los Díaz denunciaron a la familia guaraní, pero la Comunidad también denunció a los criollos. Así se originó la mediación judicial, que está en proceso. 

Proceso de reapropiación 

A pesar de que están obligados a discutir con extraños sobre su propio territorio, es evidente que la Comunidad se siente fortalecida por la carpeta técnica del INAI, un paso más en el largo camino de reclamo de reconocimiento de su derecho a seguir en el territorio donde siempre vivieron. Otros organismos del Estado nacional han validado la presencia de Taperigua. Desde hace 9 años el Programa ProHuerta y el Ministerio de Agricultura trabajan con esta Comunidad. No solo con aportes para el trabajo en la agricultura, sino también, por ejemplo, en la compra de un trapiche moderno para la molienda de los García, y en el financiamiento de la construcción del salón comunal. 

"Los Díaz nunca han sido de ahí", detalló Silvina García. Explicó que tres familias nativas viven en ese lugar que ahora está en disputa. Cuando se instalaron por primera vez (bajando del cerro, siempre en el territorio comunitario), en enero, "los Díaz los sacaron". En julio volvieron, "porque se enteraron que los Díaz ofrecían la tierra a $3 millones" y "los Díaz fueron con Infantería y los sacaron". 

Hace tres meses, con la llegada de la carpeta técnica "empezó el proceso de reapropiación" y las familias volvieron a instalarse en el terreno en conflicto y ahí se mantienen. "Ya con la carpeta técnica uno puede ir a la Justicia con fundamento", sostuvo Silvina antes de especificar que la tercera instalación de las familias fue el 14 de octubre, con papeles y asesoramiento legal, "y siguen resistiendo". Ya fue la Policía a desalojarlas pero "ahí ya no hubo actos de violencia". La propia Silvina mostró la documentación y los policías desistieron del desalojo. "Si por algo se aprobó la carpeta técnica, es porque el Estado mismo lo está respaldando", razonó. 

El 14 de noviembre, al cumplirse un mes de la reapropiación, se hizo una asamblea del Pueblo Guaraní con la asistencia de caciques de toda la zona, de Colonia Santa Rosa, Aguaray, Salvador Mazza y otros lugares. Hubo una fiesta con cabeza guateada, mote, chicha, y hasta se bailó el pin pin. "Para mí ha sido un orgullo" cuando llegaba la gente, comprobar que no están solos, dijo don Emilio. 

El día hubiera cerrado de manera ideal de no ser porque al atardecer, cuando ya los invitados se habían retirado y quedaban solo mujeres, llegó un joven criollo en camioneta, con apariencia de estar borracho, en medio de insultos discriminatorios prendió una motosierra y amenazó con matarlas.

Silvina reniega de la injusticia que posibilita que quienes "tienen plata" puedan disputarles su territorio. Pero, como corresponde a la cultura guaraní, la alegría se impone. Y el trabajo es motivo de orgullo. Todas las familias de Taperigua cultivan para autoconsumo y para la venta. 

En el caso de los García, la venta es sobre todo de los productos de la molienda. En el patio descansa el viejo trapiche de tracción a sangre, reemplazado por uno eléctrico. Silvina explicó que la temporada de molienda de la caña va de mediados de mayo a septiembre. Hacen jugo de caña, jalea, chancaca, caramelo de miel, guarapo, buñuelos, azúcar mascabo. Don Emilio, que se afanó en mostrar los cultivos y la obra, sonríe: "Gracias al campo conozco a mucha gente".

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ