La chica

La comida es bastante mala. Y siempre estamos en conflicto, especialmente con el pan, porque el pan es necesario, es bueno, entonces mandan pan, temprano, a la mañana y ahí pedimos dos o tres panes, y bueno, se come el pan que haga falta y lo demás lo ponemos en remojo, y lo desmigamos y esa pasta la tiramos por el inodoro y a eso de las nueve o diez vienen, como para un segundo desayuno, con un carro con mate cocido y pan, y pedimos pan y nos dan, y comemos el pan y desmigamos el pan y lo mezclamos con agua y finalmente lo volcamos y al rato, con el almuerzo más pan.

Escribo –y lo publico en 1984– esto:

Ayer fue lunes. Los lunes guiso y los guisos de los lunes son generalmente sustanciosos: papas, batatas, tienen un gusto dulzón que sólo puede recordar a esto. Pero es el sabor bueno de estar todavía vivo, es el Guiso de los lunes. Ayer el guiso, además, tenía fideos grandes, de esos como moños que no se pueden comer más que de a tres. Más de tres ya es demasiado, llenan la boca, pero lo comemos rápido. Lo comemos rápido porque sabemos que apenas terminemos, si es rápido, podemos sacar el plato vacío para que nos den más fideos, más guiso, más papas, y es bueno el Guiso de los lunes. Siempre nos gusta. Sopa yo casi no tomo. No tomo tanto, claro. Sí... Jorge pide más a veces sí. A mí las sopas nunca me gustaron; pero es buena también, mucho repollo, algún fideo, no dejo de tomarla, pero...

Lo que tampoco tomo es la mazamorra, mazmorra. No, la leche nunca... leche no le dan más que a los enfermos: arroz con leche, eso sí, no lo tomo, no, a mí la leche no... Eso sí, sí reclamo que nos aumenten la cuota de leche que es poca. Claro, acá no se come nunca bien, aunque peor era no comer. Me acuerdo que dicen que cuando vino el año pasado la Cruz Roja le criticaron, le dijeron que no había... leche, que la verdura nunca era fresca, aunque tienen, porque tienen para darnos. No sé... La leche... Sí, a mí no me gusta. La verdura sí, sí, a veces sí, son los miércoles, creo al mediodía. Sí, nos traen un poco de ensalada cortada.

Sí, a veces claro cortada con un poco de madera, tierra o algún gorgojo, además, pero bien se dice, que lo que no mata engorda.

Eh... y bueno, y son los guisos entonces, es la comida, claro. A las diez ya nos traen un poco de mate con algún bizcocho a veces, pero son pocas las veces del bizcocho. Siempre pan, pan, mucho pan. El pan es importante. Cuanto más pan tengamos mejor estamos.

Hay veces que vienen más de cuatro canastas de pan, las canastas son grandes, no sé cuántos kilos, pero son altas como un hombre no muy grande y vienen todas llenas de pan hasta arriba. Claro, y cuando nos traen más de cuatro canastas es más pan del que comemos, pero si no lo comemos nos van a mandar menos.

Y bueno, con los compañeros estamos todos arreglados, claro, sí, los únicos que reparten el pan son ellos, sí, sí, bueno, pero tampoco nos van a dejar... sin pan, claro, por eso a la mañana nos reparten, nos dan cuatro panes a cada uno para el desayuno, pero el pan casi nunca es del día: es de ayer. Los otros sí tienen pan fresco, parece que el nuestro es... no sé. Bueno, la cuestión es que tres o cuatro panes a la mañana con el desayuno. No son las siete todavía, a veces incluso es de noche.

Y bueno, tres o cuatro panes que, claro que uno no come, pero entonces se empieza, uno escucha a ver si vienen los milicos y el otro tira. El otro desmigaja el pan con el agua, lo rompe chiquito en grumos y, y va a ir por el inodoro. Va por el inodoro, claro. Y, y si no, las migas para las palomas, claro, cuando no haya recreo, sí, sí, en el recreo no se pueden tirar migas, hay mucha gente. Están los guardias, sí, está siempre el jefe Solís, claro. Y, la miga, la miga también se amasa, claro, se hacen cosas muy lindas muy lindas, sí, se amasa y se tiñe. Se tiñe con cenizas, con tierra. Oí una vez de uno que se había hecho un ajedrez con miga. Pero no sabía jugar. Bueno, siempre a eso de las diez nos traen más pan. Vienen dos o tres canastas más. Y viene el mate, claro. Claro, entonces, el mate y el pan, todo junto es como para un segundo desayuno, sí. Y ahí estamos, siempre con el pan y el mate, claro, pero tres panes o cuatro cada uno son ocho y seis que tenían se hacen catorce y es difícil comerlo, pero no lo vamos a devolver. Si devolvemos pan, después no, nos van a bajar la cuota y eso no puede ser, siempre tenemos pan. Cuanto más pan, mejor. Y bueno, entonces el pan lo seguimos tirando. Al mediodía... ya habremos tirado la mitad más o menos y al mediodía entonces, pasa siempre después de la comida o con la comida uno repartiendo pan, claro, sí, más pan, claro, el pan que quedó, siempre queda algo. Alguna bolsa y así. Y entonces le dejan, le dejan a uno, claro, aunque sea de prepo hay que agarrarlo, claro. Sí, total a nadie le falta y no hay que devolverlo porque si no nos va a empezar a faltar y entonces lo guardamos, lo guardamos para romperlo. Hacemos muchas migas y cuando nos abren la puerta para barrer, todas las migas salen afuera. Claro, entonces todo el día se invierte en romper el pan, en desmigarlo, si lo tiramos entero por el inodoro, después se tapa y ya es muy molesto. Entonces lo... lo rompemos en migas chiquitas y se lo vamos dando a las palomas, a los gorriones o al inodoro nomás. Sí, algunos lo disuelven en agua, también nosotros a veces lo hacemos a eso, sí, sí. Eso sigue así y hasta las siete, claro. Y a esa hora ya viene la cena, claro, y con la cena los compañeros no lo reparten. Queda. Entonces los reparten por las dudas, porque si queda no nos conviene, nos van a mandar menos y si no, les pedimos el pan, claro, les pedimos más pan. ¿Hay más pan? Jefe, ¿nos da más pan? Claro, al propio milico, claro, sí, les pedimos a todos. Y nos dan más pan, claro y entonces ya, guardamos más pan para... seguir rompiendo, claro, desmenuzando. Claro, a la noche, se hace un poco más difícil porque hay que estar en la cama, las órdenes son esas, claro y el que no está en la cama lo castigan, pero... también rompemos, sí, en un rincón.

Lo desmenuzamos bien, total cuando uno ya tiene uno o dos panes rotos lo tira al inodoro y pasa. Cuando llueve, sí, cuando llueve es mejor porque se tira entonces a la canaleta la miga y el agua que viene con toda esa fuerza la va arrastrando y, claro, y acá no somos muchos; seremos unos milquinientos pero y sí... dos por celda, son tres plantas, son seis entonces. Y los seis tirando la miga, el pan, pero claro, la canaleta, si la lluvia es buena, no se tapa, pero es peligroso.

Vez pasada uno tiró un pan y nos sancionaron a todos. Estuvo todo el pabellón sin salir al recreo. Que no es mucho, claro, es media hora cada dos días. Caminando por el patio sin poder hablar con nadie, claro, pero, a veces, cuando hay sol, sirve. Sí, sirve.

Por eso no queremos que nos sobre pan, porque si nos sobra el pan nos van a empezar a mandar menos... y cuanto más pan viene, mejor, el pan no nos puede faltar acá. No sé... si lo rompemos y lo tiramos, pero nunca lo vamos a devolver al pan, nunca.

Pero, ¿cómo llegué yo acá? Por incordioso, caprichoso e injusto que me parezca, el error es mío. Yo soy el que piensa que soy bueno, que no jodo a nadie, que no ando en nada, que no hay motivos, que no hay razones, que aquel andaba en tal cosa y este otro en tal otra. Yo soy el que me creo que uno puede vivir mudo, silencioso y transparente una vida tibia e indecisa refugiado puertas adentro en afectos privados y domésticos. Yo soy el que se ha creído que en este país las acciones privadas de los hombres sólo serán juzgadas por dios. Yo soy el que piensa feo. Y el gobierno es el que cree que eso es peligroso.

*

Sabré por los diarios, por las noticias, por los noticieros, por los rumores que corren más rápido y son más precisos, sabré por la radio, por la televisión y personalmente por uno que me contaron que dicen que dijo. Sabré por cualquiera o por todos estos medios lo que pasa, lo que ocurre, lo sabré desde pequeño, estaré informado de ello, veré cómo se preocupan los adultos, veré a la policía azotando estudiantes, veré a los estudiantes convocarse en la puerta del comedor, serán muchos, yo seré un niño, pero miraré como testigo eso que pasará, miraré los camiones hidrantes, miraré al escuadrón de a caballo, veré los alambres, las bolitas, sentiré a mi alrededor ese clima vertiginoso que se vive, veré cómo la televisión, con una mirada mía y desde ya escéptica, habla de estas cosas que pasan calificando distinto a lo que yo siento. Sabré de todas estas cosas, escucharé sin embargo en mi casa lo mismo que por TV. Seguiré mi curiosa vida de niño por esos senderos hacia donde me lleven, quizás incluso, como se dirá en esos días, a la luna.

*

¿Y en qué se cifra el futuro? Un día, un día cualquiera me enteraré, no sabré cómo, que han secuestrado al ex presidente. Sabré, porque lo habré oído, del ex presidente que será una persona honesta y moral, sin casi ambiciones personales, y me enteraré desde siempre que incluso yo llevo el nombre que llevo como un homenaje a este presidente que nos liberará, antes de que yo nazca, de la dictadura corrupta que se apropiará del país.

No sabré por qué razón todos a mi alrededor actuarán tan diferente a lo habitual, me preguntaré si no será la percepción nueva que tendrán del mundo a partir de que se hayan enterado del secuestro. Después, cuando se hayan enterado del asesinato será peor, se acusarán unos a otros y vendrá algo que si no es el fin, será algo parecido.

Lo que no dejará de ser curioso para mí, niño aún, será que pasará aquí, pero se replicará en muchas otras partes del vasto mundo. Será curioso que para muchos de los que veo habitualmente, gente que se vestirá de traje durante toda su vida, varones, profesionales, fundadores de una casta, muchos realmente, serán condescendientes con los desórdenes, desmanes, incendios, manifestaciones, volanteadas y protestas que habrán a diario. Un día iré caminando por cierta calle céntrica y escucharé un silbato, unos petardos, y veré una pequeña multitud acercándose a esa esquina y cantar, a los gritos, algo sobre la liberación, y veré cómo en pocos minutos, después de haber provocado una lluvia, densa, pero efímera, de volantes, seguirán caminando circunspectos, cada quien por su rumbo.

Se hará en mí costumbre, rutina. Veré de vez en cuando, en las calles, a la policía disparando balas y repugnantes granadas de humos lacrimógenos. Me enteraré por la televisión, las radios o los diarios, de secuestros, tomas, asaltos y enfrentamientos. Aprenderé a leer entre líneas los diarios, las radios y las cosas que la gente dirá sin saber que yo escucharé.

Me habré enterado de que no podré confiar en el futuro de lo que digan los medios.

Seguiré haciendo una vida de deportista y creciendo, pero un día me daré cuenta de que lo que pasará será que algo estará cambiando, que habrá una especie de retirada, de afloje o decadencia y veré que yo también podré asomarme a ese mundo de opiniones y conjeturas y asistiré a reuniones y escucharé todo lo que digan y entre mis múltiples lecturas iré incluyendo cosas que se refieran a la actualidad.

Pero seré uno y muchos, repartiré mi tiempo en variedad de cosas, los deportes, las lecturas, escribiré cosas de niño adolescente, tocaré canciones, me asomaré a muchas artes, a muchas cosas, inquieto, iré de un lado al otro, cultivaré muchas muchísimas relaciones y sin dudarlo andaré sorprendiéndome a cada paso por las formas que encuentre, todas nuevas; repartiré besos, disgustos, ensayos, emociones; dejaré páginas, soluciones, resultados a mi paso; construiré cosas con mis manos, veré desarrollarse la electrónica, correr en Alemania a los Torinos, veré campeón a Ñuls por vez primera. Andaré deslumbrado, feliz y liviano por la vida.

· Fragmentos de la novela “La chica” (Casagrande, 2019). La obra literaria obtuvo el Premio provincial de narrativa “Alcides Greca” por Obras Editas, trienio 2017-2020.

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