Temblor de tierra

Imagen: NA

--Sismo

--Fisura

--Herida

--Fractura

--Falla

--Accidente

--Lesión

--La delgada línea

Mientras los médicos hablan él va armando en su cabeza un inventario, una colección de palabras pertenecientes a la familia ampliada de las palabras: “línea”, “grieta” o “Efecto Tequila”.

La resonancia muestra un trazo que no debería estar ahí, no debería, pero está; le hablan de un traumatismo viejo, uno muy antiguo. El solo sabe que se pierde en las calles del pueblo y no lo entiende, se pierde dentro de la ropa que le queda grande, pero también dentro de su cuerpo, porque su cuerpo entero, incluso su rostro, van desapareciendo; y su piel, esa piel que siempre había sido divina, se volvió más rosa y seca, como si su vida la hubiera pasado trabajando en el campo a brazo partido, pero no, él no había nacido para eso. Para esto tampoco, pensó, y se lo repitió en voz alta, “para esto tampoco”.

Los médicos le hablan nuevamente sobre su diagnóstico, hace meses que lo vienen haciendo. Lo hicieron en México, ahí le advirtieron, le hablaron de valores, pero él no estaba ahí, ahora lo hacen nuevamente en un hospital público en Rosario y él tampoco está ahí donde está su cuerpo.

“Un traumatismo antiguo”, lo repite mentalmente, se va pensando en eso, que en su cerebro hay como una herida vieja, muy vieja; que en su cerebro hay grietas como la de las casas, los edificios y las calles, después de un terremoto. Fueron varias las veces que sintió el movimiento debajo de sus pies, y algunos amigos perdieron su casa, a Pancho se le quedó el caniche debajo de los escombros. Se va pensando que su cerebro también tuvo un terremoto, que él es un temblor de tierra como Altazor, o peor, él es la tierra partida después del temblor. Le hablan de los valores, de las drogas que debería esperar, que no hay, que a veces no llegan, que casi se muere, eso ya lo sabe, sintió morirse muchas veces.

“Este país bananero”, siempre lo repite, se lo dice a sus viejos, se los dice a las primas que ahora son las que lo llevan de clínica a clínica, de estudio a estudio, y esperan con él en las colas interminables de la obra social. No necesita ayuda para caminar, pero igual siente que su cuerpo es llevado por otros, asistido por otros, estudiados por otros y a veces hablado por otros. Su cuerpo es una bolsa de piel con huesos con un mínimo de fuerza, esa fuerza dura un respiro.

Una herida antigua, su cerebro se fractura igual que el D.F. Sobre placas que se mueven se construye una ciudad, sobre un volcán se construye una ciudad, sobre las fracturas, los escombros, las ruinas, sobre una herida, se arma una ciudad igual que una vida. Y una ciudad es un montón de gente apilada, igual que un jenga. Maderitas, puestas una encima de las otras, y así para arriba. Hasta que empieza el juego y entre las maderitas, aparecen agujeros, espacios vacíos, y las maderitas hacen equilibrio hasta que al sacar una se caen todas.

Diagnóstico: Una herida antigua, un agujero, una grieta, y montón de maderitas cayendo.

El recuerdo dice que fue bien temprano porque todavía no caminaba, sus padres lo dejaron al cuidado de los abuelos por varias semanas que terminaron siendo casi un mes. La historia oficial hablaba de unas vacaciones, la historia oficial fue peor que la no oficial; su madre estaba enferma y tuvieron que internarla, su papá no quiso dejarla sola y ambos pensaron que él no se iba a dar cuenta. Esa fue la primera vez que sintió la tierra moverse debajo de esos pies que apenas daban algunos pasos inestables sostenidos de las manos de algún otro. Si su cerebro sufrió alguna vez un terremoto, ese fue el primero. La primera palabra que se le viene después de terremoto es desamparo. Cuando sus papás volvieron él ya caminaba, el recuerdo siguiente es de su madre en cuclillas con los brazos abiertos esperando abrazarlo y él dar algunos pasos para delante, tambaleando todavía, y luego darse la vuelta y volver hacia su abuela. Su mamá lloró, y es ahí que él supo de la ausencia, de su herida, de las cosas rotas y del dolor.

Nuevo número de celular y nuevo aparato, con el que trajo de México no hay caso, parece que no quiere funcionar o simplemente no le sienta bien la mudanza. Los únicos contactos que tiene son las primas, sus padres y algún otro pariente. No tiene mensajes nuevos, ni ganas de escribirle a sus contactos. Prometió enviarle el número a la pandilla en México --así se llaman entre ellos-- pero no tiene voluntad, ni entereza, piensa en esa palabra “entereza” porque se siente en pedacitos, juntado con cucharita. Entra a sus redes, y desliza el dedo hacia arriba mirando nada, no va a subir ni estados, ni fotos, ni historias, porque no tiene nada bonito para postear. “Nada bonito”, escribe ahí donde el Facebook pregunta lo que está pensando, lo escribe y lo borra.

Busca la palabra “terremoto” y encuentra que la Organización Mundial de la Salud lo define como “un temblor de la tierra provocado por ondas que se propagan por la corteza terrestre y por debajo de está”. Quizás el mismo estado de confusión en el que vive, lo lleva a establecer una relación entre la corteza terrestre y la corteza cerebral, esa conexión lo hace pensar que algunos terremotos son terrenales, y otros cerebrales, mentales o espirituales.

Se pierde en las calles del pueblo, y ahora lo entiende, Paul se quedó en Méxíco, y el acá es solo Marcos o peor, Marquitos, y Marquitos es frágil se rompe de nada. A él le falta una parte de su cuerpo, o le falta todo un cuerpo entero y anda desorientado, aturdido, igual que los perros después de los fuegos artificiales para año nuevo. Se pierde en las calles del pueblo, porque acá y allá ya no son los mismo, porque quisiera caminar y encontrar a Paul y pegárselo al cuerpo, como Peter Pan con su sombra. Se pierde, y se va a seguir perdiendo, porque un él está acá y el otro, se quedó en las calles de la Condesa.

Perdido y tirado, gobernado por la misma enfermedad que Padilla prefirió nombrar como el encuentro con un dios: “el dios de los mendigos, el dios que duerme en el suelo”. Perdido y tirado, como solo se puede estar en el reino de “un dios desamparado, feo y refulgente, que ama pero cuyo amor es terrible y siempre, pero siempre, se vuelve contra él”. 

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