Acaso pueda parecer exagerado. Pero para volver a ser campeón de los superwelters, ahora en la versión de la Organización Mundial, Brian Castaño entregó una de las mejores actuaciones que se le hayan visto en los últimos tiempos a un boxeador argentino a nivel internacional. Tal vez no haya llegado a los inolvidables planos épicos de Nicolino Locche en Tokio ante Paul Fujii, de Carlos Monzón en Roma frente a Nino Benvenuti o de Maravilla Martínez en Las Vegas contra Julio César Chávez Junior. Pero no anduvo demasiado lejos. El trabajo del peleador de La Matanza orilló la perfección y sólo le faltó la explosión de una definición categórica. Por lo demás, ratificó todo lo bueno que se piensa y se dice de él en lo más alto del pugilismo mundial. Y se abrió camino rumbo a un futuro de altísima gama.

Sobre el ring del Fantasy Springs Casino de Indio (California), Castaño (69,762 kg) arrasó al brasileño Patrick Teixeira (69,581). Le ganó ampliamente por puntos en fallo unánime. Tanto como lo indican las tarjetas. El jurado Robert Hoyle dio 117/111, Zachary Young, 119/109 y Lou Moret, 120/108. Para Líbero fue 118/110. Pero los números que mejor reflejan el desempeño del argentino son los de la estadística de los golpes: Castaño conectó 344 de los 927 que lanzó. Teixeira, apenas 149 de 588. O sea que la diferencia a favor del nuevo campeón del mundo fue de 339 golpes lanzados y 199 acertados. Ningún pugilista de esta parte del mundo lanza y conecta tantas manos. Su ritmo e intensidad de pelea resultaron notables. Y más allá de su convicción para sostenerlos desde la primera hasta la última campanada, tuvo el gran respaldo que le otorgó el trabajo que llevó adelante su preparador físico Matías Erbín. Le sobraron pulmones y piernas a Castaño para hacer lo que hizo.


Fue una pena que la pelea no haya podido llegar al gran público. Ningún canal argentino la transmitió y se la vio a través de una aplicación digital paga, DAZN, que previo pago de dos dólares, pudo bajarse a los teléfonos celulares, las tablets y hasta la consola de la play-station. Castaño anticipó los nuevos tiempos. Y lo hizo con una actuación sin fisuras. Ni siquiera se dejó condicionar por su menor estatura y alcance. Ante un boxeador como Teixeira mas alto que él, salió a meter presión, ganó el centro del ring, lo acorraló al brasileño contra las cuerdas y lo fue desgastando con duros ganchos a los planos bajos y recias combinaciones a la cabeza. Castaño peleó de cerca porque no le quedó más remedio. Sostuvo los cruces dejando siempre impresión de mayor solidez y en el último asalto, hasta pudo haber noqueado. El brasileño tambaleó reiteradamente y sólo lo mantuvieron en pie su mandibula y su corazón para no darse por vencido hasta el último segundo de un trámite que salvo el 2ª y 5º round, siempre le fue desfavorable. Castaño no le dio opciones.

"No cualquiera puede ser campeón del mundo y yo le he sido dos veces. Es uno de los grandes triunfos de mi carrera", dijo el nuevo campeón del mundo que llevó en su pantalón y en el pecho de las remeras de su equipo, la imagen de Diego Maradona, a quien homenajeó como se debe. Hay un gran mérito en su técnico y padre, Carlos Castaño, y en su manager Sebastián Contursi: no dudaron en llevarlo a entrenarse a Los Angeles cuando advirtieron que las luces malas de la noche de La Matanza podían conducirlo al "Boxi" (tal es su apodo) por caminos no deseados. Castaño descuidó su físico en el comienzo de su carrera y eso lo depositó en una categoria, la de los superwelters, para la que resulta demasiado bajo y corto. Pero se regeneró cuando llegó a ser campeón del mundo por primera vez en 2016 y no cometió más errores. A sus 31 años y con un invicto de 21 peleas con 20 triunfos (13 antes del límite) y un empate, ya no hay margen para ello.

Mucho más ahora que lo apuntan los grandes reflectores. El mellizo Jermell Charlo, campeón superwelter del Consejo, la Federación y la Asociación, pretende enfrentarlo en una pelea unificatoria entre mayo y junio. Y se rumorea que Terrence Crawford, el campeón welter de la Organización, podría subir de categoría para desafiarlo. Cualquiera de esos combates representará un salto cualitativo en la carrera de Castaño. Podrá ganar o perder, pero nadie se lo llevará puesto. Lo que le falta de estatura y alcance, le sobra de talento, guapeza y convicción de campeón. Contra Teixeira volvió a rendir examen a los ojos del mundo. Y lo aprobó con las mejores calificaciones: muy bien 10 felicitado. Para orgullo de un boxeo argentino al que muy pocas veces lo han defendido así.