Carlos Menem fue el primer presidente peronista electo en las urnas después del derrocamiento de Isabel Perón. Llegó a la Casa Rosada con la promesa de salariazo y revolución productiva tras una campaña electoral en la cual su latiguillo para convocar al voto popular fue: "Síganme, que no los voy a defraudar". Sin embargo, una vez en la Presidencia se asoció al empresariado para implementar un programa económico neoliberal que produjo altos niveles de desocupación y exclusión y privatizó las empresas públicas. Sus poco más de diez años de gobierno estuvieron marcados también por el indulto a los genocidas, los escándalos de corrupción, la mayoría automática de la Corte Suprema y los atentados a la embajada de Israel y la AMIA.

Menem había nacido en la localidad riojana de Anillaco el 2 de julio de 1930. Era hijo de un matrimonio de inmigrantes sirios. A comienzos de los años 50 partió a Córdoba, para estudiar abogacía. En la universidad más antigua de la Argentina coincidiría con quien años más tarde sería su derrotado en las presidenciales de 1989: Eduardo Angeloz.

Se vinculó en esos años al peronismo, que comenzaba a transitar el largo camino de la proscripción. En un viaje a Siria conoció a su futura esposa, Zulema Yoma, con quien tendría a sus hijos Carlos y Zulema. Por esos años, el que despuntaba en política era su hermano Eduardo, quien ocupó posiciones de poder en la intervención militar de La Rioja tras el golpe de 1966, circunstancialmente llegó a ser interventor provincial durante un breve tiempo y luego sería presidente provisional del Senado en los 90.

Primera vez en la gobernación de La Rioja

La apertura democrática de 1973 ubicó a Menem como candidato a la gobernación riojana. Con un discurso nacionalista de izquierda se impuso con facilidad en los comicios del 11 de marzo. Era el gobernador más joven del país.

La campaña en La Rioja había girado sobre todo en cuanto a qué hacer con la finca Azzalini, que estaba en estado de abandono. El obispo Enrique Angelelli impulsaba la instalación de una cooperativa allí, algo a lo que se oponían los terratenientes. Un grupo de hacendados echó a Angelelli, futura víctima de la dictadura, a piedrazos durante una manifestación. Entre los convocantes a repudiar al obispo estaba Amado Menem, el hermano mayor del gobernador.

El mandatario provincial había prometido la expropiación. Cumplió a medias: envió el proyecto a la Legislatura, pero no para impulsar la cooperativa, sino para parcelar y vender los terrenos.

El 24 de marzo de 1976, el golpe militar terminó con el gobierno de Isabel Perón y también con los mandatos de los gobernadores. Menem soñaba antes del golpe con la posibilidad de integrar la fórmula presidencial del justicialismo, incluso había hablado en nombre de los gobernadores durante las exequias de Juan Perón, el día que Balbín hizo su célebre alocución con la frase “este viejo adversario despide a un amigo”.

El golpe y el regreso

Los militares encarcelaron a dirigentes peronistas de renombre mientras desataban la represión, entre ellos, Menem. Compartió presidio con Lorenzo Miguel, el mandamás de la UOM, y pasó parte de su prisión en Las Lomitas, Formosa. Allí conoció a Martha Meza, con quien tuvo un hijo, Carlos Nair, al que recién reconoció en su presidencia.

Con el fin de la dictadura volvió a la escena. Ganó la gobernación de La Rioja en 1983 y se convirtió en interlocutor de Raúl Alfonsín, en detrimento de los llamados sectores ortodoxos del peronismo, que no digirieron la derrota electoral. Menem, encabezó junto a Antonio Cafiero y Caros Grosso la llamada “renovación” del peronismo, que tomó bríos con la elección legislativa de 1985, en la que los renovadores se convirtieron en la segunda fuerza por delante de los ortodoxos. Un poco antes, el acercamiento a Alfonsín lo había llevado a apoyar el referéndum por el acuerdo de paz con Chile en torno al canal de Beagle, mientras el grueso del justicialismo criticaba esa iniciativa.

Al igual que Angeloz, principal gobernador de la UCR, Menem fue reelecto en 1987, en la elección que marcó el declive del alfonsinismo. Su triunfo lo dejó bien posicionado en la interna justicialista para dirimir la candidatura presidencial de 1989. En julio de 1988 desafió a Antonio Cafiero, que había ganado la gobernación bonaerense. Contra todo pronóstico, Menem se impuso, con Eduardo Duhalde como compañero de fórmula, mientras Angeloz ganaba la interna radical.


El triunfo de 1989

La campaña presidencial lo halló al borde del menemóvil con la promesa del salariazo y la revolución productiva. La crisis económica ayudó a sus aspiraciones. La espiral inflacionaria se volvió incontrolable y el 14 de mayo de 1989 los argentinos votaron al sucesor de Alfonsín con el país al borde del incendio.

Menem alcanzó el 47 por ciento de los votos frente al 37 del gobernador de Córdoba. Debía asumir el 10 de diciembre, pero Alfonsín renunció a la presidencia en medio de la híper y los saqueos. El 8 de julio de 1989, se convirtió en el primer presidente civil desde 1928, sin contar la reelección de Perón, que recibía los atributos de mando de otro presidente civil. Fue la primera vez, además, que se produjo un traspaso de mando entre dos presidentes de signo político distinto.

Una vez en el poder, y con el país en plena crisis, Menem procedió a la reforma del Estado, un ambicioso plan de privatizaciones de las empresas públicas, mientras la economía era gerenciada por el grupo Bunge y Born con Miguel Roig como ministro de Economía. Roig falleció a los cinco días y lo sucedió Néstor Rapanelli, que duró hasta diciembre. Mientras se privatizaban Entel y Aerolíneas Argentinas, llegaba Antonio Erman González a la cartera económica. Su primera medida fue el Plan Bonex: la incautación de los plazos fijos.

Erman duró un año en el cargo. Año en el que se produjo el divorcio de Menem y Zulema Yoma. El mandatario mandó desalojar a la Primera Dama de la Quinta de Olivos a través del jefe de la Casa Militar, el brigadier Andrés Antonietti.

Mientras, tomaba forma una particular forma de “reconciliación”, en palabras de Menem, respecto de los años 70. En octubre de 1989 dictó una tanda de indultos que benefició por igual a ex integrantes de organizaciones armadas y a militares de la dictadura, en lo que fue la consagración de la teoría de los dos demonios al igualarlos ante la ley. El 3 de diciembre de 1990 se produjo el cuarto y último alzamiento carapintada, que el mandatario reprimió con la fuerza que no tuvo Raúl Alfonsín. La derrota de Mohamed Alí Seineldín acabó con el movimiento interno en el Ejército. Tres semanas más tarde, Menem indultó a los comandantes de la dictadura condenados en el juicio histórico de 1985, y a Mario Firmenich, ex líder de Montoneros.

El año 1990 también trajo una novedad institucional: la ampliación de la Corte Suprema. El máximo tribunal tenía históricamente cinco miembros, pero con la excusa de facilitar su funcionamiento, Menem sumó cuatro jueces. Así nació la llamada “mayoría automática” que falló a favor del gobierno menemista, y que duraría hasta 2003, cuando Néstor Kirchner impulsó su renovación.


Años de estabilidad y corrupción

En el verano del 91 cayó Erman. Ya asomaban los casos de corrupción y la denuncia del Swiftgate (un pedido de coimas al frigorífico Swift denunciado a la embajada norteamericana, que elevó su queja) convulsionó el panorama. La economía no daba tregua, con billetes de 500 mil australes en circulación. Menem probó con su canciller, Domingo Cavallo, que tomó las riendas de Economía. Dos meses más tarde, en abril de 1991, comenzó el plan de convertibilidad, que ataría la moneda al dólar. Con el cambio de signo, el 1º de enero del año siguiente, un peso sería igual a un dólar. Fue el fin de la inflación. Y el comienzo del endeudamiento masivo para sostener el modelo.

Para entonces, la corrupción era moneda común en el menemismo. El presidente no daba el ejemplo con la Ferrari a la que se fue en un par de horas a Pinamar y al Swiftgate sobrevendría el Yomagate: la denuncia de que Amira Yoma, ex cuñada presidencial, y su esposo sirio, Ibrahim Al Ibrahim, (un coronel que no hablaba castellano y había sido colocado al frente de la Aduana), hacían pasar valijas con dinero sucio del narcotráfico para su lavado. El menemismo salió indemne del escándalo y en septiembre ganó las elecciones: Duhalde se convirtió en gobernador de Buenos Aires.

1992 trajo un hecho trágico: el atentado a la embajada de Israel, el 17 de marzo, que se cobró decenas de vidas. El hecho quedó impune. Pocos meses más tarde llegó la primera derrota electoral: Fernando De la Rúa recuperó en las urnas la banca de senador que un acuerdo en el Colegio Electoral entre el PJ y la UCeCé le había quitado tres años antes. A fin de ese año, Carlos Grosso, el intendente porteño nombrado por Menem, renunció en medio de denuncias por irregularidades en su gestión. El menemismo afrontaba también el escándalo de la leche en mal estado, un caso que afectaba directamente a Miguel Vicco, secretario personal del presidente.


La reelección

Un año más tarde, Menem consiguió un triunfo electoral clave. Por primera vez un presidente con un mandato de seis años ganaba un comicio en el cuarto año. El amplio triunfo allanó la idea para la reelección. Presionó al radicalismo con un plebiscito y Alfonsín, que a fines de 1993 recuperó la conducción partidaria, cedió. Así se dio el Pacto de Olivos. Radicales y peronistas acordaron acortar el mandato presidencial a cuatro años y permitir la reelección. El jefe del radicalismo logró además la elección directa de los senadores (uno por la minoría) con mandatos de seis años en vez de nueve, la autonomía porteña, la incorporación de tratados constitucionales y la creación del Consejo de la Magistratura y el cargo de Jefe de Gabinete.

Mientras la Convención Constituyente sesionaba en Santa Fe, se produjo la voladura de la AMIA. El 18 de julio de 1994, un atentado terrorista causó 85 muertos. Nunca se halló a los culpables y Menem, junto a varios de sus colaboradores y el juez que investigó el caso, terminarían en el banquillo de los acusados por encubridores. Ese mismo 1994 se produjo el crimen del conscripto Omar Carrasco, que trajo como consecuencia el fin del servicio militar obligatorio.

Con la reelección permitida, se lanzó a una campaña en la que la UCR fue debilitada por el costo político del Pacto de Olivos. Emergía el Frepaso como alternativa. Dos meses antes de las elecciones, el presidente recibió el peor golpe de su vida: la muerte de su hijo Carlos en un accidente de helicóptero cerca de Ramallo. Hasta hoy, Zulema Yoma insiste en que fue un atentado.

El 14 de mayo de 1995, con la inflación domada y con un desempleo que llegaba al 18 por ciento, Menem fue reelecto en primera vuelta. Obtuvo tres puntos más que en 1989 y le sacó 21 a José Octavio Bordón, el candidato del Frepaso. La segunda presidencia no traería buenas noticias. El 3 de noviembre de 1995 explotó la fábrica militar de Río Tercero. Menem se apuró a decir que era un accidente. Los peritajes demostrarían que la voladura fue intencional. El motivo fue ocultar el faltante de armas que se destinaron al contrabando a Ecuador y Croacia, una causa que traería dolores de cabeza al riojano.


Los años finales en el poder

En 1996 los radicales se quedaron con el gobierno porteño a través de Fernando de la Rúa, electo por el voto popular. En septiembre, el presidente sufrió un cacerolazo en su contra y sumaría un nuevo bochorno: la pista de aviación en Anillaco.

Un año después hizo eclosión el fenómeno de los movimientos sociales que cortaban rutas frente a las consecuencias del ajuste. Radicales y frepasistas se pusieron de acuerdo y formaron la Alianza: el 26 de octubre de ese año le propinaron a Menem su primera derrota nacional. Sin embargo, capitalizó la caída de Chiche Duhalde en la provincia, que afectaba a su marido, deseoso de suceder a Menem, y se lanzó al operativo re reeleccionista.

Era un salto al vacío destinado a no perder poder en los dos años que le quedaban de mandato, pero los operadores menemistas fueron a fondo, con la idea de que la Corte avalara el mandato posterior a la reforma como el primero. En el medio, el caso Cabezas ahondaba diferencias con Duhalde. Mientras el gobernador trataba de probar la responsabilidad de Alfredo Yabrán, empresario cercano al menemismo, desde la Casa Rosada desligaban a este y se apuntaba a la policía bonaerense.

Finalmente, en julio del 98, ante la amenaza de Duhalde de convocar a un plebiscito sobre la re-reelección, Menem desistió de la idea y quedó libre el camino para la candidatura del gobernador. Un año y medio más tarde, después de una década, cinco meses y dos días en el poder, Menem le colocó la banda presidencial a De la Rúa.

El país no era el mismo que cuando asumió. La Argentina se había insertado en la globalización con la venta de las empresas públicas y el modelo de la convertibilidad crujía tras el crecimiento del gasto público y la incapacidad de generar más dólares para sostener el uno a uno.

En esos años, el país tuvo “relaciones carnales” con los Estados Unidos, tal como graficó el alineamiento con Washington el canciller Guido Di Tella. A tal punto fue el encolumnamiento que se llegó a enviar dos fragatas a la zona de conflicto en la Guerra del Golfo Pérsico, a fines de 1991.

En sus relaciones internacionales, que le permitieron viajar más que cualquier otro presidente argentino por el mundo, el mandatario se encolumnó con el nuevo orden mundial y apoyó las posturas más reaccionarias de la Iglesia. Incluso llegó a decretar el Día del Niño por Nacer, como símbolo de su postura antiabortista, aun cuando Zulema Yoma declaró que él la acompañó a abortar.

El gobierno menemista acabó con los conflictos limítrofes con Chile (prenda de pago para apoyar el reclamo por al libertad de Augusto Pinochet cuando su arresto en Londres) y el propio Menem llegó a viajar al Reino Unido en 1998, en la primera visita oficial después de la Guerra de Malvinas. Fue con Menem presidente que, además, tomó forma el Mercosur, tras el acuerdo de 1991 con Brasil, Uruguay y Paraguay. La alianza se oficializó el 1º de enero de 1995.

Las armas y la elección de 2003

En el llano, Menem sorprendió por su noviazgo con la modelo chilena Cecilia Bolocco, 35 años más joven. Se casaron en La Rioja en mayo de 2001 y tuvieron un hijo, Máximo. Para entonces, el expresidente estaba cercado por uno de los grandes casos de corrupción de los 90: el tráfico de armas a Croacia y Ecuador. Emir Yoma, su excuñado, había sido detenido y el juez Jorge Urso fue por todos los hombres del presidente hasta llegar a Menem. El 7 de junio de 2001 quedó detenido. Fue a una quinta de Don Torcuato, propiedad de Armando Gostanian, ex titular de la Casa de Moneda. Allí estuvo hasta noviembre, cuando la Corte Suprema consideró que los actos de gobierno no encuadraban como asociación ilícita. Al mes, cayó De la Rúa.

Tras el fracaso de la Alianza, Menem buscó ser candidato del peronismo en 2003. Eduardo Duhalde trató de bloquear desde la Rosada esa posibilidad. No había manera de frenar a Menem en una interna y entonces surgieron los neo-lemas, en el verano de 2003, que habilitaron tres candidaturas peronistas en las generales del 27 de abril.

Ese día, el ex presidente cosechó el 25 por ciento, contra el 22 de Néstor Kirchner, apadrinado por Duhalde. Más atrás había quedado Adolfo Rodríguez Saá. Consciente de que, pese a ser la primera minoría, no podría vencer en un ballottage, Menem renunció a la segunda vuelta y el santacruceño quedó consagrado de manera automática como presidente.

Los últimos años

Dos años después, y separado de Bolocco, llegó la etapa como senador, la más extensa de su vida pública, que se extendió sin interrupción desde el 10 de diciembre de 2005, cuando juró como representante de La Rioja en la Cámara alta. Renovó su banca en 2011 y 2017, pese a las críticas por el uso de fueros para esquivar a la Justicia en causas como el encubrimiento del ataque a la AMIA, las armas y los sobresueldos, caso que estalló cuando María Julia Alsogaray, su exsecretaria de Medio Ambiente caída en desgracia ante la Justicia, denunció que se pagaban dineros extra en negro a los funcionarios del Poder Ejecutivo. De hecho, Menem casi queda fuera de la competencia electoral en 2017, pero logró competir y renovar su escaño por la minoría.

Menem fue absuelto en la causa del contrabando de armas y en la de la voladura de Río Tercero, así como en el juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA. En la causa de los sobresueldos fue condenado a cuatro años y medio de prisión y a inhabilitación perpetua. La condena no estaba firme. También fue hallado culpable de defraudar al Estado en cien millones de dólares por la venta del predio de la Rural en Palermo. El terreno se vendió a menos de la mitad de lo que correspondía. Los fueros como senador y la no confirmación de las sentencias evitaron que tenga mayores problemas con la Justicia.