A los 93 años murió Roberto Rosúa

El último ministro

Roberto Rosúa.Roberto Rosúa.Roberto Rosúa.Roberto Rosúa.Roberto Rosúa.
Roberto Rosúa. 
Imagen: Archivo Rosario/12

Fue convencional constituyente de Santa Fe en la reforma de 1962, concejal, diputado, defensor de presos políticos, preso político, perseguido, exiliado, ministro de Gobierno de Carlos Sylvestre Begnis en los 70, y casi 20 años después ocupó el mismo cargo acompañando a Jorge Obeid. Roberto Rosúa era un político de raza. Estas líneas no pretenden reflejar su vasta trayectoria --ocuparía mucho espacio y otros colegas lo harán de modo más eficiente--. Sí, en cambio, quieren reflejar el reconocimiento a un hombre que enalteció a la política, tan maltratada en estos tiempos. Lo conocí en los 90, y apenas fundado Rosario/12, y Roberto ya era "el viejo Rosúa": una rara especie de académico con mucha calle, de hombre serio con sentido del humor, pero sobre todo de un peso específico que no sólo llenaba el cargo sino que le sobraba. Nada menos que el manejo de la policía, y vaya si sabemos lo que eso significa especialmente en Santa Fe. Tuvo varios secretarios, pero el era el Jefe. No había dudas, no necesitaba estar en los diarios ni en las radios, no me lo imagino "polemizando por twitter" o malversando la ironía que sabía utilizar en el momento preciso y sin arrogancia. Fue compañero de gabinete del gobernador Omar Perotti, él sabe mejor que este cronista de la "madera" que estaba hecho Rosúa. Sin dudas su avanzada edad, y su cansancio y la partida de Pipa --la mujer de su vida-- lo alejaron de la función pero no de la política. Antes de la tragedia de la pandemia, en un festejo de cierre de año de Radio Universidad de 2019, llegó al complejo de Francia y Santa Fe a tomar una copa con los periodistas. Naturalmente se transformó en el centro de la reunión, sin proponérselo, como algo inevitable. Allí desgranó definiciones, relató anécdotas de los años en que "negociaba" con los Montoneros --siendo ministro de Sylvestre Begnis-- o como "cuadraba" a la policía cada vez que hacía falta, desde su metro noventa y si levantar el tono, pero con voz de mando. Roberto Rosúa inspiraba respeto y confianza nunca más vistos en ese área del gobierno. No parece ser una exageración hablar del último ministro. 

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