Cuando mi hija María y yo escribimos el libro "También nos roban el fútbol" hace cinco años, pusimos en evidencia de qué manera el negocio se había apoderado del fútbol y hasta qué punto le había transmitido sus valores empresariales y tergiversado su significado. También hablamos de la corrupción que acompañaba las maniobras de sus dirigentes en casi todos los países y entidades representativas.

Este juego auténticamente popular, que pertenece a los hinchas y les da un sentido de pertenencia ligado profundamente a sus sentimientos, les fue arrebatado poco a poco por las élites dominantes: millonarios en los puestos directivos de los clubes, empresas multinacionales de artículos deportivos y medios de comunicación, especialmente la televisión, terminaron imponiendo su lógica. ¿En qué consiste? En dar prioridad al dinero por sobre todo lo demás. En ignorar a los socios e hinchas y ningunear a los protagonistas: los jugadores.

Cuando parecía que el robo se había consumado, aparecen ahora los más millonarios de los 12 clubes más poderosos, para darle otro zarpazo, el penúltimo, porque siempre les queda uno más, que consiste en enriquecer a los más ricos a costa de empobrecer aún más a los modestos.

La Superliga llaman al torneo internacional que programaron después de cinco años de preparativos. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y Agnelli, de la Juventus, pusieron en marcha este proyecto en detrimento de todo lo demás y de todos los demás. Impulsados por la codicia y el poder, los dos elementos que distinguen a la clase dominante, se quieren hacer dueños del dinero y de la ilusión de todos.

Florentino Pérez, presidente de Real Madrid y de la Superliga. (NA)


Si agregamos a este atentado que la banca JP Morgan, de EEUU, será la entidad financiera que sostenga económicamente esta idea, completamos el escándalo. No está demás recordar que JP Morgan fue una de las entidades que provocó la crisis económica mundial del 2008.

Por supuesto, ni a Florentino Pérez ni a Agnelli ni a ninguno de los supermillonarios que idearon este atropello al fútbol les importa nada ese detalle, como tampoco que el próximo Mundial se juegue en Qatar, a pesar de las 6.500 muertes de los obreros que trabajan en las obras que se realizan para el evento, a raíz de las pésimas condiciones laborales. Ni que Qatar lograra ser sede sobornando a quienes la eligieron.

Tampoco han consultado a los futbolistas y menos a los hinchas para decidir la realización de la futura Superliga. Es que, para los muy millonarios, la democracia consiste en hacer lo que les da la gana y en reprimir a quienes tengan la osadía de oponerse.

En este caso no lo tienen tan fácil, porque son muchos los jugadores y exjugadores que ya han expresado, en algunos casos enérgicamente, su oposición a este atraco.

Por ejemplo Ander Herrera, el español que ahora juega en el PSG. “Amo el fútbol y no puedo quedarme callado ante esto”, dijo. Y agregó: “Creo en una Champions League mejorada, pero no en que los ricos roben lo que el pueblo creó, que no es otra cosa que el deporte más bonito del planeta”.


También dejaron claro su rechazo a semejante robo Mesut Ozil, exjugador del Real Madrid, Gary Neville, exManchestar United, Jamie Carragher, ex Liverpool, Gary Lineker, que jugó en el Barcelona, Bruno Fernándes, portugués del Manchester United, y Joao Cancelo, del Manchester City, entre muchos otros.

La UEFA y la FIFA, dos entidades que no se distinguen por la pureza de sus actos, en este caso también se oponen a la Superliga.

Y lo más importante: las hinchadas organizadas del Chelsea y del Liverpool han expresado, por su parte, no estar de acuerdo con este despojo.

Francia, Alemania, Portugal y España, entre otros países, han rechazado como tales el proyecto de los muy millonarios.


Claro que España ha sido el más delicado en su oposición. Propuso un acuerdo amistoso para solucionar el tema. ¿Por qué un acuerdo con quienes quieren perpetrar un robo a todo el fútbol?

Emmanuel Macron ha dicho que esa idea de la Superliga es un verdadero peligro para todo el fútbol. Oliver Dowden, ministro de Cultura del Reino Unido dijo: “Si la Premier y la UEFA no actúan, lo haremos nosotros. Haremos lo que haga falta para frenar esto. Para muchos fans, el fútbol es casi irreconocible con el que era hace décadas”.

En realidad, el más contundente sobre este asunto fue el periodista inglés Jon Colman, quien escribió un artículo que dice:

“Razones por las cuales la Superliga Europea sería buena para el fútbol.
No hay ninguna. Fin del artículo.”

Imposible mejorarlo, por lo tanto fin de mi artículo también.