“La vida pastoril ha sido típica de muchas regiones de América, desde Montana y Oregon hasta Chile, pero esos territorios, hasta ahora, se han abstenido enérgicamente de redactar El gaucho Martín Fierro”. Dice Jorge Luis Borges para dejar al descubierto la originalidad del poema de José Hernández. Para Josefina Ludmer el texto hernandiano y el género gauchesco en general son Un tratado sobre la patria. Mientras que para el filósofo rosarino y colaborador de Rosario/12 Juan Giani se trata nada más y nada menos que de una Antropología de la Patria. Por lo tanto, indagar acerca de las razones que llevaron a Giani a compilar una variada gama de ensayos en El mito gaucho. Derivaciones del Martín Fierro (de la editorial rosarina Libres), no tiene demasiado objeto. “Lo que pasó con el Martín Fierro no pasó con ningún otro texto fundacional de la Argentina: Todas las corrientes políticas e intelectuales de la nación han retornado a este libro todo el tiempo, han intentado encontrar en él algún síntoma de aquello que expresaban”, explica Giani a este diario. El trabajo que compiló tiene artículos de muchos autores rosarinos y también de célebres intelectuales argentinos. Y lo más novedoso, también se puede conseguir en quioscos de diarios y revistas. Su reciente aparición e impacto editorial no tardó en destacarse.

Desde la fabulosa operación político-cultural de Leopoldo Lugones con sus famosas conferencias de 1913 donde elevó al Martín Fierro a la categoría de epopeya de la gestación de la Argentina, el texto de Hernández es también un asunto de Estado. Lo fue en años y épocas subsiguientes. “Para mí es muy gráfico recordar que en 1948, en ese mismo año, se publican dos grandes lecturas del Martín Fierro: La de Carlos Astrada y la de Ezequiel Martínez Estrada. El primero era una figura central de la filosofía peronista de esa época y escribe El mito gaucho como para darle una base filosófica al gobierno de Juan Domingo Perón. Y Martínez Estrada hace exactamente lo contrario, escribe su Muerte y transfiguración del Martín Fierro para deplorar al peronismo y para encontrar en el Martín Fierro la explicación de un fenómeno político que él veía con mucho desprecio”, señala Giani. Y agrega que “no sólo eso, casi veinte años después, en 1964 el propio Astrada está enojado con Perón y reedita su libro con un prólogo en el que ve a la figura de Perón con bastante inquina. Astrada había virado esos años hacia el maoísmo”, completa.

Consultado acerca de qué parte del Martín Fierro es más gravitante, el autor y compilador afirma que “Martínez Estrada dice que lo importante es la primera parte del Martín Fierro y Astrada dice lo contrario, que lo importante es la Vuelta del Martín Fierro porque en la Vuelta es como que Fierro termina integrándose y Astrada lo destaca porque entiende que el personaje termina integrándose a la comunidad del peronismo”.

Es claro que para Giani el poema de Hernández es sin duda “el libro más importante de la historia argentina, no sólo por la enorme repercusión que tuvo cuando salió sino porque además -como no pasó con ningún otro libro- todas las corrientes políticas e intelectuales del país han retornado a ese texto todo el tiempo. Han intentado encontrar en el Martín Fierro algún síntoma de aquello que expresaban”. Y asegura que define al Martín Fierro “como a una antropología de la patria, es como una marca identitaria. Pero una marca identitaria polémica porque si bien se vuelve recurrentemente al libro buscando explicaciones de la Argentina, las explicaciones son diversas y muchas veces antitéticas. Desde Leopoldo Lugones, a los anarquistas, al peronismo de izquierda y otras corrientes”.

“Otro caso paradigmático es el de Borges, que en un principio mira con simpatía al texto del Martín Fierro y cuando al libro se lo apropia el peronismo -básicamente después del ’55- ya lo ve con mucha reticencia. Son ejemplos de las distintas miradas que necesitan apropiarse de la obra de Hernández para alimentar su propio pensamiento”.

En uno de los artículos del libro El mito gaucho, el historiador Omar Acha revisa la figura del Viejo Vizcacha “que es como el personaje antipático. La picaresca criolla en el peor sentido y Acha dice bueno, pensémoslo mejor: Ligar al vizcachismo no a un defecto de la argentinidad, sino a un aspecto que no es totalmente negativo. Eso vale para varios artículos del libro que contiene lecturas novedosas sobre aspectos centrales del Martín Fierro”, explica el compilador. Y destaca que “hay muchos autores de la ciudad. Hemos construido una obra que es valiosa pero que además de las figuras consagradas a nivel nacional, hay mucha gente de Rosario y mucha gente joven así que es un producto del que estamos muy orgullosos y que ha tenido buena acogida a nivel editorial y con esta novedad de lograr una distribución también en quioscos de diarios y revistas en toda la provincia”.

 

Giani no olvida destacar que “Hernández no era poeta. Nunca antes y nunca después volvió a escribir un poema”. Casi en línea con la pregunta que se hace Tulio Halperin Donghi en José Hernández y sus mundos: ¿Cómo un periodista no tan destacado y un político tal vez mediocre, termina escribiendo la obra monumental de la Argentina? “Bueno, es una pregunta muy interesante porque Hernández era más que nada un militante de la causa federal no rosista. Que además escribe el Martín Fierro con una intención absolutamente política, el texto es una denuncia político-social y termina de desbordar notoriamente las intenciones originales del autor”, señala Giani.

Entre los autores de los artículos que se compilan en el libro figuran además del propio Giani; Horacio González, Hernán Brienza, Hugo Chumbita, María Pía López, Eduardo Rinesi, Omar Acha, Agustina Prieto, Roberto Retamoso, Eduardo Toniolli, Leandro Arteaga, Laura Catelli, Gustavo Battistoni, Graciela Ferrás, Ana Lía Rey, Matías Rodeiro, Francisco Tanzi, Roy Williams, Julio Schvartzman, Fabricio Loja García, Martín Lavella, Ramiro Lago, María Beatriz Schiffino, Gerardo Oviedo, Ezequiel Adamovsky, Matías Emiliano Casas, Analía Capdevilla, Sara J. Iriarte y Guillermo David.