La Copa América que comienza será recordada por el medio millón de muertos. No es una premonición temeraria. Ni siquiera una hipótesis matemática. Es una certeza basada en la evolución de las estadísticas. Brasil acumulaba hasta el viernes 484.235 fallecidos por Covid -19. La final del torneo está prevista para el 10 de julio. Faltan 27 días. En ese tiempo el país superará las 500 mil víctimas fatales que el presidente Jair Bolsonaro niega. 

La semana pasada dijo en el Palacio de la Alborada que los casos mortales eran la mitad de los registrados oficialmente. Su negacionismo es tan fuerte como el fútbol y los premios millonarios en dólares que reparte la Conmebol. El siga-siga ya no es un concepto olvidado del arbitraje que aplicaba Francisco Lamolina. Es la pelota rodando mientras miles de cadáveres son sepultados en los cementerios del país con más contagios y muertes de América del Sur. Es, como se observó en un video editado en portugués y que circuló de Manaos a Porto Alegre, “un Maracaná más un Mineirao, un Mané Garrincha, más siete estadios llenos de gente. Diez estadios atestados murieron durante la pandemia”, dice la voz en off.

La prestigiosa fundación Fiocruz, una institución científica y pública brasileña, señaló el 9 de junio que “la situación predominante es, sin duda, una pandemia descontrolada”. En ese marco se jugará el torneo que resignaron Colombia y Argentina por dos razones diferentes. En la nación más grande de América Latina sucedió lo contrario. La alianza cívico-militar que ganó la elección en 2018 con Lula proscripto y detenido, aceptó organizarla de inmediato. Mucho más tiempo se tomó para comprar vacunas.

Ya no existe en Brasil una noticia que agote la capacidad de asombro. El Supremo Tribunal Federal (STF) tuvo que aprobar la realización de la Copa, porque había dos recursos presentados contra ella. Lo hizo con el voto favorable de seis de los 11 jueces que lo integran: Marco Aurélio Mendes, Carmen Lúcia Antunes Rocha, Ricardo Lewandowski, Luiz Edson Fachin, Gilmar Ferreira Mendes y José Dias Toffoli.

Desafiante, el presidente ultraderechista se subió a un avión en Vitória -capital de Espírito Santo- para saludar a su tripulación y lo abuchearon al grito de “Fora Bolsonaro”. Al político que reivindica a la dictadura y sus torturadores poco le importa lo que digan. Fuga hacia adelante. Les respondió a los pasajeros críticos desde el pasillo y después de sacarse el barbijo. En São Mateus, otro municipio del estado donde lo repudiaron en la aeronave, repitió su vieja cantilena en un acto: “El ejército puede salir a las calles para garantizar la libertad”. El mensaje era para los gobernadores que no se le disciplinan. Precalentó la Copa y desparramó toda la hospitalidad a que nos tiene acostumbrados.

No es la primera vez que Bolsonaro echa mano al fútbol para sacar un rédito político. Ya lo hizo en la primera Copa América que coincidió con su gobierno en 2019. La foto con el trofeo y los jugadores no se la podía perder. Hay que remontarse a 1923-1924 para encontrar un país que la hubiera organizado dos veces consecutivas: Uruguay durante la presidencia de José Serrato del Partido Colorado.

El militar con varios pedidos de Impeachment conduce un gobierno con superpoblación de uniformados. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) -se llama así desde 1979, durante la dictadura- se alineó con esa tendencia en estos días. El coronel Antonio Carlos Nunes asumió su presidencia por un mes ante la salida de Rogerio Caboclo, suspendido en el cargo porque recibió una denuncia por abuso sexual de una empleada de la CBF. Llegó hasta ahí porque es el vicepresidente de la entidad más antiguo, no por un filtro de idoneidad. Una nueva votación definirá si sigue Nunes u otro dirigente.

El oficial retirado de 82 años ya ocupó ese lugar en 2017 cuando reemplazó a Marco Polo Del Nero, condenado en EE.UU por el escándalo de los sobornos de la FIFA y expulsado de por vida de la organización que preside Gianni Infantino. Nunes adujo ser perseguido por sus pares durante el régimen militar (1964-1985), y gracias a esa denuncia recibe una pensión de 14.768 reales al mes (unos 280 mil pesos argentinos). Pero su foja de servicios indica otra cosa. Fue nombrado alcalde de facto en Monte Alegre, su ciudad natal, entre 1977-1980 y presidió el fútbol en el estado de Pará por 20 años. Su carrera la hizo en la Policía Militar, la fuerza acusada de cometer matanzas contra pueblos originarios y campesinos en esa región del norte, que tiene una superficie semejante a la de Colombia.

La falta de empatía oficial con las víctimas de la pandemia sumó otro capítulo, gracias a la Copa América bendecida por los pastores evangélicos que siguen a ciegas al presidente. En el estadio Mané Garrincha de Brasilia funcionaba un vacunatorio que se cerrará, porque este domingo debuta ahí el seleccionado local con Venezuela. El equipo argentino también jugará en el mismo escenario de la capital el 18 y 21 de junio contra Uruguay y Paraguay. La información del centro de vacunación contra el Covid-19 y la gripe la difundió la CBN (Central Brasileña de Noticias). Tanto en la página oficial del estadio como en sus redes sociales no se informaron las razones del cierre, publicó la revista Forum.

La Copa América desplaza a la campaña de vacunación en el Mané Garrincha. Tres sponsors del torneo no quieren aparecer en los estadios: Mastercard que no toma una decisión así desde 1992, la cervecera local Ambev y la británica Diageo. El técnico de la selección Brasileña Tite es atacado por los trolls bolsonaristas con señalamientos de “comunista” y “simpatizante del PT”. Si supieran que es católico y suele ir a misa harían silencio de radio. Recrudecen las campañas virtuales y movilizaciones contra el presidente ultramontano como la que dice “No tire el barbijo, tire a Bolsonaro”. Un país entero vive exacerbando su división por la realización del torneo más antiguo del mundo sin importar las consecuencias. Bolsonaro lo hizo posible. “¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad”, canta Divididos. Una postal de la pesadilla que vive Brasil.

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