Pasados tan sólo 20 años de este siglo es sin duda inimaginable lo que podemos llegar a ver en su transcurso. Sólo algo de ciencia ficción podría anticiparnos sus alcances. Los logros de la ciencia hoy mismo nos parecen sorprendentes para quienes hemos transitado parte del siglo pasado. El andar incontenible del discurso de la ciencia casi no tiene parangón en la historia de la humanidad. Este desarrollo del discurso de la ciencia y de la tecnología adecuada a sus avances hace hablar de transhumanismo, imaginando y calculando ya la combinación de lo humano con la máquina.

La clonación, la transgenética, no permitidas legalmente aún en distintos países, no tardarán en producir organismos y cuerpos con técnicas no reproductivas, cuya estructura orgánica puede haber mutado en algunos de sus sistemas. Basta que el discurso jurídico y el discurso científico asociados permitan lo prohibido, como ya en otras áreas esa asociación facilitó la instalación en la vida social de formas de unión impensadas con anterioridad.

Pieles transgénicas, como en la película La piel que habito de Pedro Almodóvar, resistentes a las agresiones físicas provenientes del exterior, que la piel "normal" no soportaría, así como conservar en frío criogénico cuerpos enfermos para ser revividos cuando se encuentre su cura. Éstas son sólo algunas de las sorpresas que nos depara el futuro, no muy lejano ya. “El siglo XXI se anuncia como el gran siglo de la bioengineering que dará ocasión a todas las tentaciones de eugenismo.”(1)

Con estas palabras lo que quiero destacar es que lo "nuevo" en el mundo que nos espera no va a estar tanto en la organización social ni en transformaciones en dicho sentido, aunque las haya, es decir que tampoco se tratará de simbólicos nuevos, sino que lo nuevo va a estar determinado por los avances científicos y su incidencia en la vida cotidiana, en nuestro real cotidiano y más específicamente en nuestros cuerpos.

Dicha incidencia puede apreciarse ya en nuestros cuerpos en la posibilidad que tienen muchas mujeres, impedidas por diversos déficit reproductivos orgánicos, de superarlos gracias a la intervención de los desarrollos tecnológicos de la medicina científica. El efecto de dichos desarrollos interviene también en los hombres en forma directa en intervenciones sobre su cuerpo o por la posibilidad de acceder a una paternidad antes biológicamente inaccesible.

Apunto con esto a que los avances de la ciencia y su intervención en lo real lo modifican y en cierto modo lo apartan de la naturaleza, a la cual podía asimilarse o equivalerse en otro momento de la historia, a punto tal que "naturaleza" era uno de los nombres de lo real hasta que éste comienza a alejarse a partir de cierto desorden que se produce en lo real. “Cuando la naturaleza era el nombre de lo real se podía decir, como lo hizo Lacan, que lo real siempre vuelve al mismo lugar. Solamente en esa época, en la cual lo real se disfrazaba de naturaleza, lo real parecía la manifestación más evidente y más elevada del mismo de orden.” (2)

Santo Tomás de Aquino en su definición de ley natural decía imperativamente noli tangere, no tocar a la naturaleza. Es por eso que cierta Iglesia, todavía hoy considera un sacrilegio toda intervención sobre la naturaleza y en especial sobre la naturaleza humana,  sobre los cuerpos.

  1. (1) y (2). “Lo real en siglo XXI” J.-A. Miller, Revista Lacaniana nº 13.

*Psicoanalista.