En su libro El gran desvarío, el novelista y pensador indio Amitav Ghosh arguye que a pesar de su discurso universalista y expansionista, el proyecto civilizatorio europeo nunca estuvo destinado a ser un modelo para todo el planeta, porque la ejecución del proyecto en Europa dependía plenamente de la extracción de los recursos humanos y materiales de otras zonas, del despojo. El sueño igualitario, insiste Ghosh, no puede consistir en el que nos ofrece la modernidad: que todas las sociedades accedan al nivel de consumo de los países industrializados ricos. Como presagió Gandhi en los años 20, ese camino llevará directamente al colapso ecológico. El reto urgente, según Ghosh, es reorientar ese imaginario, ya globalizado y materializado en toda una galería de mercancías icónicas, hacia proyectos, conceptos y futuros compatibles con los límites demográficos y ecológicos del planeta.

Las propuestas del buen vivir desarrolladas por los movimientos indígenas responden a este imperativo, igual que la propuesta de Giorgio Agamben para revalorizar la dolce vita. Para Ghosh, sin hablar de culpabilidades, el futuro de la humanidad, y de muchas otras formas de vida, no está ya en manos de Europa y Norteamérica, sino de China e India, estados que buscan incorporar sus gigantescas poblaciones al camino suicida del extraccionismo, el desarrollo industrial y un concepto de igualdad basado en el poder de consumo. Si no se inauguran a gran escala proyectos civilizatorios compatibles con los límites de la tierra, el planeta podrá continuar existiendo sin problemas, pero la humanidad no. El concepto del Antropoceno codifica esta futurología suicida en un telos a la vez verosímil e inimaginable: un planeta donde la presencia humana existe solo en forma de restos arqueológicos a ser descubiertos en el futuro por entidades ahora desconocidas o inexistentes. El argumento tiene una fuerte dimensión estética y literaria que coincide con la óptica que desarrollo en este libro. Según Ghosh, la novela realista como forma estética canónica de la modernidad burguesa, ha "incapacitado" la imaginación de los sujetos modernos, volviéndolos incapaces de abarcar y de comprometerse con los procesos de destrucción ecológica en los que estamos inmersos. "A diferencia de la épica", dice, "que a menudo abarca eones y épocas, las novelas raras veces se proyectan más allá de algunas generaciones. La longue durée no es el terreno de la novela". Documenta en India las presiones modernizantes que empujaron a los escritores a abandonar la poesía épica y los melodramas cósmicos de seres divinos y fuerzas sobrehumanas, reemplazándolos por proyectos localistas que ponen en valor el detalle concreto y el mimetismo. ¿Cómo no reconocer correspondencias con otros procesos colonizadores: la quema de las bibliotecas mayas en el siglo XVI, o el secuestro masivo de niños indígenas en Norteamérica en el siglo XX para acabar con sus lenguas, sus saberes y sus mitos? Es imposible separar el predicamento ecológico de la colonización, tanto de los imaginarios como de la tierra. Imposible separarlo también de la represión ejercida sobre las mujeres en todas las sociedades, la contemporánea incluida. De manera poderosa, la creatividad indígena, femenina, y queer está heterogeneizando el trabajo especulativo que lleva hacia los nuevos imaginarios planetarios que el presente exige. Su presencia se destaca entre los pensadores, artistas y activistas que encabezan la elaboración de las propuestas estéticas, ontológicas, ético-políticas y existenciales que nos guiarán hacía los cambios dramáticos que nos esperan y que nos ayudarán a vivirlos.

La filósofa Elizabeth Grosz propone que la única fuente de futuros alternativos son las posibilidades no realizadas del pasado. Estas se encuentran muy presentes en las reflexiones emprendidas en este libro. Los textos también reflejan el momento en que los escribí. El México del fin de siglo, por ejemplo, es un México donde el neoliberalismo produce hambre, miseria y migración forzada. Ahora, vive una epidemia de obesidad, diabetes, y regresos por deportación. La movilidad geográfica, sea migración o deportación, sigue siendo síntoma clave de las mutaciones del capitalismo.

MARY LOUISE PRATT

EL GRAN TELEVISOR SOLAR

Hace un par de años, arrastrada por un hijo dogmáticamente anticarnívoro, entré en un pequeño comedor vegetariano en una calle apartada de la ciudad del Cuzco. Era un lugar sumamente sencillo donde se servía una cena rica, casera y barata a una clientela peruana, principalmente masculina. Notamos que las paredes del lugar estaban decoradas con dibujos de estrellas, soles y platillos voladores, detalle que nos pareció original y divertido. Al poco rato de sentarnos nos dimos cuenta de que la clientela estaba pegada a un televisor donde no pasaban la programación nacional, sino una serie de videos, la mayoría extranjeros, sobre las visitas de extraterrestres que habían sido probadas en la historia de la tierra.

El comedor era el proyecto de una secta de la revelación divina llamada “Alfa y Omega”, cuyos símbolos centrales son el Cordero de Dios y el platillo volador. La doctrina de la secta tiene su origen en mensajes telepáticos comunicados por "un divino padre solar (extraterrestre) procedente de los lejanos soles Alfa y Omega de la galaxia Trino del macrocosmo o reino de los cielos" (Divina Revelación 2001). Estas "doctrinas para el tercer milenio" están conservadas en cuatro mil rollos de textos que explican "el origen, causa y destino de todas las cosas conocidas y desconocidas», según el panfleto que compré en el restaurante. ("¿Ya ingresaste?", me preguntó el encargado al vendérmelo. «Todavía no», le dije). Como otros movimientos espirituales y neocristianos de la actualidad, “Alfa y Omega” pone énfasis no en la creencia y la fe, sino en el conocimiento y el entendimiento. Como muchos, es fuertemente antimaterialista.

En los escritos de “Alfa y Omega” el capitalismo aparece como "la extraña ley del oro". Se anuncia un nuevo "reinado de la verdad, la justicia, y la igualdad con cielo nuevo, tierra nueva y conocimiento nuevo". Las máquinas significadoras de la secta son ricamente variadas. Los panfletos a la venta en la sucursal cuzqueña describían un cálculo moral de la virtud del individuo por medio de puntajes de luz y de oscuridad, obtenidos del cálculo de moléculas que tienen los cuerpos de las personas que uno ayuda o a los que perjudica. La adopción de niños, por ejemplo, merece muchos puntos de luz.

Por otra parte, la Gran Televisión Solar en algún momento futuro exhibirá cada uno de los pecados del mundo entero "en presencia de toda la humanidad". Se trata de una visión global y planetaria: el elemento extraterrestre tiene la función, según parece, de integrar la categoría de lo terrestre en términos planetarios. “Alfa y Omega”, fundada por un peruano autodidacta originario de la provincia andina de Ancash, es una de las numerosas y flamantes organizaciones filosófico-cosmológico-religiosas que surgen hoy en día en un contexto de neoliberalismo expansionista y predatorio voraz.

Muchos de estos grupos diseminan paradigmas de significación que, por un lado, rechazan el materialismo y la narrativa fracasada del desarrollo y, por otro lado, articulan un imaginario planetarizado. Tales formaciones, según la hipótesis que se propone aquí, responden a unos aspectos sistemáticamente descontrolados y contradictorios del proyecto neoliberal, en particular al siguiente: en la medida en que el neoliberalismo polariza el mundo económicamente, al concentrar el poder adquisitivo en un número cada vez más reducido de individuos, produce inmensas zonas de exclusión donde las personas son, y saben que son, superfluas al orden global de producción y consumo. Subrayo el hecho del saber. A lo largo y ancho del planeta existen vastos sectores de la humanidad que viven con la consciencia de saberse redundantes e innecesarios para un orden económico y planetario que conocen bien. La gente se sabe expulsada de las narrativas que ofrece el nuevo orden mundial para un futuro colectivo o individual. Más todavía: no tienen la menor esperanza de poder entrar nunca en ellas. Esta experiencia ha sido acompañada por una pauperización material, una devastación ecológica y una destrucción de sistemas de vida sin antecedentes. Para un número cada día mayor de jóvenes, la mera posibilidad de fundar un hogar ya está fuera de alcance.

La novelista chilena Diamela Eltit contempla esta realidad en su novela Mano de obra (2002), protagonizada por un grupo de jóvenes empleados de un supermercado. Eltit evoca sin piedad la desesperación, la explotación sin escrúpulos, las obscenidades de exceso y escasez, la deshumanización de la sociedad regida por un capitalismo desenfrenado. La racionalidad como principio opuesto al caos se convierte en broma; los esfuerzos por parte de los personajes para crear arreglos de convivencia ajustados a su situación de explotados se disuelven en crueldad, aislamiento y quiebre psicológico. La vulnerabilidad económica impone niveles de sumisión que incapacitan a los personajes, volviéndolos impotentes para generar alternativas. Al final, expulsados hasta de la explotación, los protagonistas terminan reafirmando el poder mágico del autoritarismo blanco y masculino. Las zonas de exclusión se extienden a grandes partes de América, y en ellas las identidades dejan a menudo de organizarse alrededor del trabajo asalariado, del consumo o de proyecciones personales, como serían el ascenso material o social. La vida tiene que llevarse y valorarse de otra manera. Se generan prácticas vitales, valores, modos de integración social y de formación de sujetos, saberes y sabidurías, placeres, significados, esperanzas y formas de trascendencia relativamente independientes de las ideologías de mercado. Es decir, entonces, que el sistema neoliberal crea vastos dramas humanos que el mismo sistema no tiene la capacidad de entender, ni siquiera de percibir. Los expulsados y casi expulsados del mercado caen de su mapa, aunque en números incontables no dejan de existir y de armar sus vidas. Estos dramas de expulsión y exclusión implican una escala de sufrimiento humano sin antecedentes. También dan origen a saberes, sujetos y epistemologías no adaptados al mercado y no necesariamente funcionales para el capitalismo. En este contexto, no es extraño que el fundador de Alfa y Omega se autodesigne como futurólogo. Las zonas de exclusión afrontan una constante crisis de "futuridad". Las narrativas de la modernización y el progreso ya no corresponden a nada, y por dictados de las agencias mundiales los sistemas educativos se disuelven y se instrumentalizan. En los aparatos educativos el pensamiento especulativo, filosófico y cívico queda marginado, tanto como los saberes crítico-analítico-históricos que permiten al sujeto ubicarse ética e históricamente. Los documentos de Alfa y Omega, por contraste, ponen mucho énfasis en los "pensamientos filosóficos": "La sabiduría es un don divino: cultivarla y perfeccionarla es nuestro deber". "Un hombre ignorante es un muerto caminante". "Un público ilustrado en el conocimiento de Dios jamás será engañado". "Un intelectual de mala conciencia hace más daño que cien ignorantes".

ICONOGRAFÍA DE ALFA Y OMEGA, LA DIVINA REVELACIÓN

Los nuevos cultos religiosos, así como la literatura de autoayuda, cada vez más abundante y cuya despolitización tanto desespera a los intelectuales, atestiguan la formación de sujetos y saberes en espacios donde el humanismo ilustrado y la interpelación cívica ya no llegan o nunca llegaron. En algunos aspectos, estos nuevos saberes y formas de subjetividad son funcionales para el capitalismo —se cita con frecuencia su capacidad de racionalizar la autoexplotación, por ejemplo—. Pero, en otros aspectos, los nuevos saberes constituyen maneras de ser y de vivir independientes de los dictados del mercado. Subrayo: no es mi intención ni idealizar, ni trivializar, ni homogeneizar estas formaciones, sino reconocer que están allí, y que surgen de una contradicción, un vacío semántico que la reestructuración neoliberal genera y no resuelve.

 

Mary Louise Pratt presenta su libro en el Festival Proyecto Ballena en el CCK. Imaginaciones planetarias podrá descargarse en forma gratuita a partir de hoy en la web de proyecto (www.proyectoballena.cck.com.ar). Las entradas para la conferencia inaugural (jueves 21/10 a las 19 hs) y para todas las actividades estarán disponibles desde mañana a las 12 pm en la web del CCKirchner.