Bravely we hope

against all hope.

There is so much at stake

seems our freedom's up

against the ropes.

Does the crowd understand?

“Burning heart”, Survivor

 

Como si la pandemia del último siglo no les hubiese enseñado nada, muchos humanos permanecían en las grandes ciudades.

Norah era uno de ellos. No había regresado porque minimizara los riesgos o no tuviera miedo –el miedo la acompañaría siempre-, sino porque su vida se había volcado a pelear contra el sistema. Lo suyo no era militar en grupos ecologistas, ella daba batalla en el frente mismo donde se decidía todo: las grandes corporaciones. Su formación como economista, su asociación con otros en resonancia, y con cientos de hackers en todo el mundo, le habían permitido descubrir y explotar algunas debilidades del sistema.

Inspiró hondo. Lo hacía a cada rato, era necesario para que el escaso oxígeno del aire llenara sus pulmones, llegara a los alveolos y más tarde, trabajosamente, limpiara su sangre. Las fosas nasales se expandieron desproporcionadamente. Así se veían comparadas con lo que habían sido las narices humanas algunos milenios antes. Antes de que la tierra se quemara, antes de que los animales y los humanos se dejaran llevar por los cauces de los ríos hacia los mares, o treparan por los glaciares mientras estos desaparecían bajo sus pies. Las narices volvieron a parecerse a las de los neandertales; el ciclo de la historia ofrecía una nueva oportunidad de aprender cómo sobrevivir en esta Tierra inhóspita, hasta lo que se conocía, el único mundo tibio y confortable para estos seres. Junto al crecimiento de las narices, los ojos habían evolucionado hasta casi cerrarse: los párpados amplios cubrían casi por completo los iris oscuros. El humo permanente, naranja por las mañanas y rosado al anochecer, los agredía. Eran rasgos asiáticos los que predominaban en la parte superior de los rostros, y simiescos en la inferior.

La fisonomía respondía a los nuevos parámetros estéticos, reproducidos en anuncios de todo tipo. Todo podía ser rentado: prótesis estéticas, acompañantes discretos, vientres de reproducción, padres sustitutos, nietos de compañía. Se podía alquilar un ambiente acondicionado para vivir con la identidad deseada por el tiempo que se pudiese pagar. La I.D. Inc. proveía el espacio, la actividad y las relaciones para ser otro. Mientras duraba, se establecían contratos y amoríos, estafas y amistades. La organización que lideraba N. F., como Norah se hacía llamar, había perforado la base de datos de la empresa y había podido acceder a información valiosa para establecer una red de intrigas y favores forzosos.

El verano se anticipaba tórrido. La energía producida no alcanzaría para mantener en condiciones los escasos alimentos y se preveía que el seis por ciento de las personas morirían durante los meses en que la temperatura superara los sesenta y seis grados. La baja natalidad y las purgas periódicas mantenían a la especie en niveles aceptables de supervivencia.

El gradiente térmico era cada vez más difícil de mantener entre el exterior ardiente y ese espacio reducido que N. F. utilizaba para sus encuentros personales. El hombre entró, después de pasar por la cámara de filtrado y desinfección, aun con el rostro enrojecido y las manos insensibles. La silueta sin ropa, se detuvo frente a ella y esperó órdenes.

La mujer le indicó con la mano que se ubicara bajo la única fuente de luz del cuarto: un cenital que recortaba las formas en blancos y negros. Ella admiró esa nariz enorme, llena de sangre, turgente. Sus ojos bajaron por el torso lampiño, se detuvieron en el vientre marcado, siguieron hasta un pubis liso, cubierto de vello. Adivinaron un miembro apenas visible. Le ordenó que se acercara hasta ella. Sentada en un taburete bajo, deslizó sus manos por los muslos de ese cuerpo dispuesto. Sus dedos hurgaron entre el vello tupido. Encontraron. Rozaron. Animaron. N. F. se paró y condujo al cuerpo hasta una estera acolchada.

A los treinta minutos de haber ingresado, se cerraba la puerta tras la espalda del sujeto y Norah volvía a conectarse con sus camaradas.