El drama de los refugiados consiste en que el futuro y el pasado están en otra parte. Un joven tanzano de 18 años, nacido en Zanzíbar, llegó como refugiado al Reino Unido a fines de los años '60, estudió un doctorado en la Universidad de Kent, empezó a dar clases y a escribir novelas en inglés. Atrás quedó el suajili, su lengua materna. Abdulrazak Gurnah, ese joven que ahora tiene 73 años, encontró en la ficción el territorio para exorcizar los estereotipos y abrir la mirada hacia la diversidad de África. Los libros del último Premio Nobel de Literatura comienzan a llegar a esta parte del mundo. Además de Paraíso, publicado por primera vez en español en 1997, se suma otra reedición: A orillas del mar, ambas editadas por Salamandra. “Ser un extranjero asustado y con necesidad debe ser una situación muy angustiosa”, dijo Gurnah en una videoconferencia con casi cien periodistas de España y América latina.

Los ucranianos refugiados por la guerra estuvieron a la orden del día entre las preguntas que contestó Gurnah con la paciente amabilidad de quien sabe que por un tiempo, hasta que haya otro nuevo Nobel de Literatura, deberá aceptar las reglas de un juego en que él no decidió participar, aunque haya sido postulado y elegido. Hace unos días estuvo de visita en Alemania. Por donde caminaba, el escritor tanzano se encontraba con familias ucranianas en las calles y, especialmente, en las estaciones de trenes. “Tenían el aspecto que uno esperaría: ansiosos y angustiados. Y no sabían hablar alemán; pero había carteles en las calles, escritos en ucraniano, para informarles en su idioma dónde podían ir a buscar ropa o alimentos. Es impresionante ver con qué simpatía el pueblo alemán respondió a los ucranianos refugiados”, subrayó el escritor tanzano.

Compasión por los ucranianos

Los inmigrantes que “viajan del sur del mundo a los países del norte”, comentó Gurnah, son recibidos en algunas parte de Europa, “con cierta reticencia”, algo que para el autor tanzano “no es ninguna novedad”. “Esta reticencia responde al racismo ante la aparición de esas personas en Europa. No todos los países han reaccionado así. Alemania lo hizo muy bien con los sirios, también España y Portugal. Pero en otros países se habla de estas personas como delincuentes que llegan para arruinar nuestras cómodas vidas”, explicó y agregó que ante las imágenes de los tres millones de ucranianos que se han visto obligados a abandonar su país, Gurnah admitió que siente “compasión”. “¿Qué más puede uno sentir cuando ve algo que es sin duda un ataque cruel y malévolo contra los hogares de tantas personas? Es terrible ser testigos de esto”, reconoció el quinto escritor africano en ganar el Premio Nobel de Literatura “por su conmovedora descripción de los efectos del colonialismo en África y de la suerte de los refugiados, en el abismo entre diferentes culturas y continentes”.

Gurnah advirtió que no todos los desplazados y refugiados gozan de la misma consideración. “En cierto modo los ucranianos tienen suerte por una razón, y es que muchos han respondido con compasión en sus países vecinos, pero no todos los pueblos son tan bien recibidos. Sólo se puede sentir tristeza al ver cómo una vez más se obliga a estas personas a huir de sus países y de sus seres queridos”. Para el escritor tanzano no resulta “nada sorprendente” que los países europeos muestren más simpatía por Ucrania porque son sus vecinos, a veces casi parte de la familia. “Pero es triste que este tipo de hospitalidad no siempre se extienda también a los afganos, a los sirios o a los iraquíes, que aparecieron en la frontera entre Polonia y Bielorrusia y que fueron devueltos después de estar expuestos a la intemperie en pleno invierno”, recordó Gurnah.

El desarraigo ha dejado marcas en la vida y en la obra de Gurnah. “Es algo que les puede ocurrir a las personas cuando están sólo a 10 o 15 kilómetros de casa, pero a mí me interesan los movimientos más amplios, las personas obligadas a abandonar sus países por guerras u otras razones. A lo largo de toda mi vida adulta he tenido que lidiar con el desarraigo; pero les pasa a personas de todo el mundo, es un fenómeno global”. En A orillas del mar, la novela que Salamandra distribuirá en las librerías argentinas a partir del 1° de abril, el escritor indaga en los efectos de la colonización europea, la experiencia del exilio y el sentimiento de culpa a través de la historia de Saleh Omar, un antiguo comerciante de 65 años que aterriza en el aeropuerto de Gatwick con un pasaporte falso y un cofrecito de caoba con incienso.

La estrategia del débil

Aunque se educó en una escuela inglesa, Saleh finge no saber inglés y para comunicarse con él los servicios sociales recurren a Latif Mahmud, un profesor exiliado que reside en Londres. Gurnah aclaró que un consejo que se les da a muchas personas que llegan a un país para pedir asilo político es decir que no comprenden el idioma. “El no entiendo lo que me está diciendo usted es una estrategia que adoptan los débiles”, aseguró el escritor y contó que el personaje de Saleh Omar surgió de un avión afgano que terminó secuestrado y aterrizó en Londres. “No sólo el secuestrador sino también los pasajeros pidieron asilo en Gran Bretaña, entre ellos un hombre muy mayor con una barba gris y poblada que me hizo preguntarme por qué ese anciano deseaba cambiar de vida a estas alturas”.

Cuando A orillas del mar salió en inglés, hace más de viente años, The Observer la definió como “un manifiesto poético contra la tiranía del lenguaje cuando se utiliza como una herramienta de los estados”. ¿Qué papel les corresponde a los intelectuales, a los escritores, cuando la tiranía de los estados conduce a una guerra como la de Ucrania y Rusia? “Uno no puede tirar un libro a un tanque para pararlo -respondió el Premio Nobel de Literatura-. La literatura no puede intervenir contra la tiranía de ese modo, a través de la fuerza, pero puede aclararnos cosas para que después nosotros luchemos si queremos hacerlo. No creo que una persona autoritaria lea un libro y decida cambiar. Lo que sí puede hacer la literatura es informarnos para que no permitamos que los tiranos abusen de nosotros”.

 

Que Gurnah sea el primer escritor africano negro que ganó el Nobel de Literatura en más de 30 años merece una reflexión. “Lo que muestra es que en la Academia Sueca las decisiones en general son europeas. ¿Cuántos indios, chinos o japoneses han ganado el Nobel de Literatura? La pregunta es por qué han sido siempre los europeos. A las producciones literarias no europeas se les da un valor muy pequeño; es expresión del provincialismo de la Academia Sueca, sobre la cual no quiero decir nada que sea crítico”, planteó Gurnah y añadió que “esos prejuicios ya se están corrigiendo”.