Desde Londres 

A horas de sufrir un demoledor revés en las urnas, la primera ministra Theresa May comenzó las negociaciones para un pacto informal con los unionistas de Irlanda del Norte y efectuó la visita protocolar a la reina Isabel II para anunciarle su intención de formar gobierno. Desacreditada, con varias capas de maquillaje para ocultar la debacle, May enfrentó las cámaras en las puertas de 10 Downing Street a su regreso del Palacio de Buckingham para expresar su voluntad de “construir un país para todos” en los cinco años de gobierno para los que fue electa. Muy pocos le dan más que semanas o meses después de que su apuesta política de convocar a elecciones anticipadas fracasara estrepitosamente. La debacle no podía llegar en peor momento: en 9 días comienzan las negociaciones con la Unión Europea (UE) por el Brexit.

En campaña May y los conservadores repitieron como un mantra que ella representaba un “strong and stable leadership” (liderazgo fuerte y estable) para la negociación que se viene con la UE. En vez de eso, el Reino Unido amaneció ayer con una líder debilitada en medio de un caos admitido por la misma prensa conservadora. No debería sorprender. Los Torys, especialistas en seguridad y “Law and Order”, son responsables directos de la actual incertidumbre. El año pasado comenzaron la obra con el referendo convocado por el gobierno de David Cameron sobre Europa que terminó en un voto a favor del Brexit. Con la elección anticipada convocada por May que deja a su propio partido en minoría han completado el desmadre. Da la impresión que cada tiro que disparan los torys les sale por la culata y deja al Reino Unido sumido en una de esas famosas neblinas de los tiempos de Jack the Ripper.

Al convocar a elecciones anticipadas Theresa May tenía 100 diputados más que el Laborismo, 20 puntos de ventaja en las encuestas y la reputación de un liderazgo inexpugnable (“Supreme Leader” la bautizaba un columnista). En vez de extender esa mayoría absoluta a 80 o 100 diputados más, el viernes a la madrugada había perdido 12 escaños con lo que no conseguía los 326 que se necesitan para gobernar sin alianzas o pactos. La confianza que había inspirado su liderazgo estaba por el suelo.

Solo la excelente performance de los conservadores en Escocia donde sumaron 13 diputados y un par de escaños que ganaron por 45 y 70 votos le evitaron una debacle peor que con toda probabilidad la hubieran puesto un paso más cerca de la renuncia. Pero en el curso del día diferentes dirigentes políticos hicieron fila para exigir su cabeza. El líder del laborismo, Jeremy Corbyn y varios de sus lugartenientes, el líder de los liberal demócratas, Tim Farron, una conservadora pro-europea, Anna Soubry, y el ex ministro de finanzas Tory y hoy editor del vespertino Evening Standard, George Osborne, señalaron que debía renunciar o que tenía los días contados.

En 10 Downing Street, May, no pareció darse por enterada. Las palabras que dirigió a la nación parecían copiadas de las que dio el año pasado cuando sustituyó a David Cameron con el aura de un hada apaciguadora que venía a calmar a una casa dividida por el referendo entre irreconciliables pro y antieuropeos. Como si la hecatombe electoral del jueves no hubiera sucedido, ayer la retórica era la misma. “En los próximos cinco años queremos un país en el que ningún individuo o comunidad quede rezagado. Un país para todos. Este país necesita certeza. Y habiendo obtenido el mayor número de escaños y de votos, somos los únicos que podemos formar gobierno. Vamos a trabajar con nuestros aliados del unionismo democrático. Nuestros dos partidos han tenido una relación de cooperación por mucho tiempo y eso me garantiza de que podremos trabajar juntos por el bien del Reino Unido”, dijo May.

Los conservadores efectivamente obtuvieron el mayor porcentaje de votos (43%), igual al que consiguió Margaret Thatcher en su mejor momento y superior al que obtuvo en las últimas elecciones David Cameron, pero la naturaleza del sistema electoral no proporcional británico es tal que lo único que importa es la traducción que ese número tiene en escaños. En esta prueba, el fracaso de May fue absoluto y el único aliado que puede encontrar en el espectro político británico son los 10 diputados del reaccionario DUP, los democráticos unionistas de Irlanda del Norte.

El DUP son protestantes duros con una atracción fatal por el fundamentalismo y un combo que abarca la pena de muerte, fuerte rechazo del matrimonio gay, creacionismo para explicar el origen del universo y tenues vínculos con la represión en Irlanda del Norte.

A su favor, a menos para cualquier alianza que intente la primer ministro, es que son rabiosamente pro-brexit. La líder del DUP Arlene Foster confirmó ayer que había hablado con May y que buscaba “explorar cómo aportar estabilidad a esta nación en momentos tan difíciles”. En principio pedirán a cambio del apoyo inversiones y exenciones impositivas. “Vamos a tener una serie de vistosas carreteras, escuelas y hospitales en Irlanda del Norte”, comentó a la BBC el ex asesor de George Osborne, Ruppert Harrison.

Este martes 13 –que no es mala suerte entre los anglosajones– es el plazo para formalizar el acuerdo porque es el primer día del nuevo parlamento. Si los conservadores no logran formalizar un acuerdo, tendrán que abrir el paso a los laboristas que tampoco reúnen el número necesario para llegar a los 326 diputados. Sería un escenario de negociaciones febriles para superar un virtual impasse constitucional.

El segundo test será el lunes 19 de junio, día del discurso de la reina, que May presenta el programa del nuevo gobierno que requiere ser aprobado por una mayoría de los parlamentarios. Con una mayoría tan exigua en caso de que el DUP le conceda el voto, los conservadores tendrán que tener asistencia perfecta en el parlamento. Como si esto fuera poco, ese mismo día comienzan las negociaciones con la Unión Europea.

Para cerrar una elección desastrosa para May, se anunció anoche el resultado final del último escaño en juego que, por la escasa diferencia que separaba a laboristas y conservadores, debió ser recontado tres veces. La Laborista Emma Dent Coad ganó en el afluente distrito de Kensington, centro de Londres. por 20 votos. Es la primera vez en la historia que el laborismo gana este tradicional reducto conservador. El partido de Jeremy Corbyn que tenía 229 diputados antes de las elecciones sumó a partir de este anuncio 262, el mejor resultado en años.