Opinión
La fragilidad como potencia

Kintsukuroi es un antiguo arte japonés de reparar –con resina, polvo de oro y otros materiales– la cerámica que se rompe. Así reparados, concibe el Kintsukuroi, los objetos quedan más bellos de lo que eran cuando estaban sanos porque incorporan, en vez de buscar ocultarlas, las marcas de la vida: el envejecimiento, las roturas por descuido o por azar, la amenaza consumada de los seres, y el trabajo humano que hace algo con esas injurias del tiempo.

Las canciones que ofrenda la música popular atraviesan el tiempo de manera igualmente misteriosa, sensibles a lo que depara la vida por venir, a las derrotas, a las emociones comunes y a insospechadas sabidurías políticas, sin que sepamos cuál será su destino. Liliana Herrero ha pensado amorosamente esas canciones con su voz, atenta a la historia que hay en ellas y fuera de ellas. Y al cantarlas hace algo con las roturas, las tristezas, las esperanzas y los estropicios que esos pequeños legados culturales encriptan; hace algo que ellos hospedan como si la fragilidad fuera una potencia. Delicado Kintsukuroi sin oro y sin resina sobre cada nota rota de la vida popular.

* Doctor en Filosofía.