El Porvenir, teatro de hoy para mañana
Las tablas de multiplicar
En su novena edición, el festival volverá a plantar a representantes salientes de la creación sub 30, miembros no ecuménicos de una generación atravesada por la pos crisis y el pos Cromañón, por las redes sociales y el prohibicionismo estatal. Durante agosto, sus descargos ante la discusión social y cultural vendrán en doce obras breves que montarán en el Matienzo.
Imagen: Cecilia Salas

Hace 9 años, Buenos Aires era territorio yermo. Al menos para los dramaturgos y actores sub 30 que pretendían hacer una escena propia en una circunscripción que había sido arrasada por la política de clausuras que inauguró la masacre de Cromañón: desde la agonía de 2004, la política oficial de un Estado ineficiente en garantizar espacios seguros fue la de cerrar los espacios. Un lustro más tarde, cansados de navegar en la clandestinidad y la precariedad, un puñado de directores en torno al grupo Efímero armó el Festival El Porvenir para proveer de un ámbito adecuado de exposición y creación a generaciones emergentes. Nueve años después de aquella gesta de 2009, con espacios algo más asentados: ¿qué une a las nuevas generaciones y por qué seguir anidando en torno a un festival sub 30?

Paula Baró y Julieta Potenzone, que están desde los comienzos, hablan de dar un paso al costado pero desde el cariño y la noción de que emerjan relevos. También porque observan un panorama distinto al que llamó a su creación urgente o necesaria. Paula Cancela, Santiago Nader y Mateo de Urquiza, tres de los 12 directores de esta novena edición de “El Porve” que durante agosto ocupará las noches del Club Cultural Matienzo, observan matices y continuidades.

Toma la posta Cancela, que roza el límite de los 30 y es una especie de intermedio entre los que iniciaron el festival y los veinteañeros como Nader. Son dos generaciones unidas en el teatro y separadas por pocos años de diferencia: “Hoy no estamos tanto en aprender a manejar la maquinaria y algunas cosas cambiaron, pero la problemática de la producción sigue estando. En la universidad pública seguimos padeciendo la precariedad. Estudiamos teatro pero no podemos hacer teatro y la coyuntura tampoco ayuda; si se discute si está bien aumentar el salario docente, imaginate si van a poner luces”.

Lo difícil de conseguir espacios donde exponer y foguearse es una de las claves que hacen de este festival un hito porteño. La otra es la necesidad de ver qué está pasando, y es también el disparador de El Porvenir: “Cuando empezamos, veníamos de recibir el palo de otras generaciones que hablaban de que la nuestra no hacía nada nuevo”, dice Baró.

El agrupamiento de Escena, que une a 20 salas del espectro emergente, nació entre fines de 2010 e inicios de 2011, con salas que vienen a trabajar en lugares no convencionales, como el Matienzo, Bravard, Espacio Polonia, La Pausa, Elefante y otros tantos visibles en escena.com.ar, y otras tantas salas por fuera. “También están la Bienal de Arte Joven y espacios que reivindican o generan espacios para directores jóvenes. Antes tenías el Premio Rozenmacher, el Operas Primas que ni siquiera era para jóvenes necesariamente, y algún apartado pequeño en el FIBA. El contexto es otro y la propuesta cambia: es muy romántico hacerlo y no sabemos hasta cuándo”, piensa Baró.

Lo romántico parte de la cultura de la red. De la recuperación del espíritu gregario del teatro en un universo de redes sociales y difusión exacerbada. “Hoy los artistas viven en las redes sociales”, apuntan a modo de síntesis no peyorativa. Otro elemento distintivo actual –en todo ámbito y el arte no está por fuera– es el del quehacer y la velocidad: el flujo de la tarea y la creación, de la formación y la información, es constante. En este contexto de islotes aislados que pululan por direcciones superpuestas, El Porve apunta a la comunidad y los lazos entre autores de una generación. “Una forma familiar y de micropolítica”, define De Urquiza. No es casual que sean los doce directores salientes de una edición los que elijan a los doce próximos: el teatro es también una gran excusa vincular.

“Acá te dicen que podés y te bancan, y eso es crucial”, dice Nader. “Elegir al siguiente también es una responsabilidad”, señalan todos. En el festival, cada noche conviven tres piezas de veinte minutos, de tres directores que son sorteados para convivir en escena. Una forma lúdica de conocer cosas nuevas.

TIEMPOS Y ESPACIOS

Santiago Nader tiene 20 años y es de Tucumán. Mateo de Urquiza, de 25, es de Jujuy. Paula Cancela es una porteña de 30. Y también hay directores del conurbano bonaerense en esta edición. No es una federalización exacerbada pero permite hacerse a la idea de que ciertos ejes temáticos circulan todo el país, aunque siga ocurriendo que una gran mayoría de artistas vengan a buscar su horizonte en Buenos Aires.

Con todo, sigue siendo un problema la idea de una generación. Aunque existen puntos en común. Uno es el modo de producción cooperativo y autogestivo y los elementos a disposición. “Cartón, trincheta y pintura”, resume Baró a la generación pos 2001 que supo hacer teatro con lo que había a mano.

“No sé si podría hablar de generación –dice Nader– porque estoy en una etapa en la que no estoy vinculado a gente de mi edad. Me sirve mucho que el festival sea de menores de 30 porque es un recorte y ayuda a ver qué se está haciendo. Me encantaría ver qué hacen los pibes de 20 o 22 como yo. De hecho, hay un grupo de pibes que se llama Selección Sub 23 y no los conozco, pero ya que se junten a hacer y pensar teatro me parece muy interesante.” Los Sub 23 se juntan, precisamente, para ver qué temas unen a su generación en la creación y reflexión artística. Este año padecieron la clausura del Teatro Mandril, que suele cobijarlos.

Otro elemento saliente –de las clausuras ya se habló– es la presencia de la micropolítica y la caída de los grandes relatos: la distancia con los clásicos. Y la irrupción del feminismo y las cuestiones de género en torno al teatro. Es algo que lo excede, claro, pero el teatro trabaja con lo que pasa en la sociedad. “Claramente tenemos el feminismo como un elemento saliente”, señala Cancela, que viene trabajando sobre el punto “desde antes del estallido que significó la consigna –y colectivo– #NiUnaMenos” y que a la vez se reconoce parte: “No sé si se puede generalizar, pero la gente lo ve. En la generación pasa lo mismo: no sé si todos trabajamos lo mismo, pero hay una conciencia que pasa a ser parte de nuestra forma de pensar. Hay una tendencia mucho más fuerte a representar estas cuestiones”.

Para De Urquiza sí hay “vinculación generacional tanto en lo estético como en lo político”, tanto en “la disidencia o irreverencia respecto del teatro clásico, de lo que fue y es el machismo en el teatro” como en “los temas que surgen”. Y Nader duda: “Nací con todo eso más naturalizado y me parece que mi aporte va por ahí; lo que escribo ya tiende a naturalizar eso por lo que otra generación tuvo que luchar. Puedo escribir una novela coral sobre putos de zona norte y no tengo que poner el foco en ese tema sino en otro lado, porque por suerte eso ya se naturalizó”.

¿Está naturalizado en el arte o en la sociedad?

Cancela: En el arte está trascendido. En nuestros entornos y burbujas estamos más o menos en la misma. Hay más conciencia, pero siguen matando mujeres cada 18 horas. Soy pesimista.

Quizás la función del arte y de esta expresión sea esa: una vanguardia que va a cazar al sector más atrasado de la sociedad para ponerle sobre la mesa los problemas sobre los que hablar. El Porvenir es una oportunidad para ver esa búsqueda, para cruzarse con el teatro de una generación del hacer que, aún defensora de la universidad y la investigación, se opone a la vieja idea académica de que no se puede crear hasta no haber acumulado cierta cantidad de experiencias y, sobre todo, de años.

Agosto dará oportunidad de ver en qué anda esta generación. A las 12 obras que subirán a escena (se añaden las de Julieta Filipini, Belén Arena, Facundo Biaggioni, Consuelo Iturraspe, Juan Pablo Barrios, José Guerrero, Diego Palacios Stroia, Cecilia Slameckase y Danae Cisneros) se sumarán otros espacios del festival para los que pasaron en ediciones previas, con directores que vienen y hacen cruce artístico y talleres gratuitos: este año dramaturgia, a cargo de Sol Rodríguez Seoane y Juan Francisco Dasso, y actuación, por Marina Carrasco y Candelaria Sesín.

En un contexto donde los artistas porteños viven más de la docencia que del arte, El Porvenir es una invitación a que se amplíe la oferta y la llegada de nuevos públicos. El teatro es, también, el modo de militar y opinar sobre el mundo de estos directores. Bienvenido sea ese porvenir.