Si se googlea "Heartstopper", el buscador hará aparecer en pantalla unas simpáticas hojitas otoñales que volarán hasta que se salgan de la misma. Las hojitas son emblemáticas de la serie de Netflix con ese nombre y que trata de dos varones adolescentes y su enredo amoroso. 

Nada aparecerá si busca "Stranger Things" más que los números de su éxito: fue el contenido más visto en la plataforma hasta que Merlina, de Tim Burton, le sacó la corona. Esta serie trata de dimensiones ocultas e infancias con superpoderes. Además de las millones de vistas, las series tienen en común que sus protagonistas se corrieron de la heteronorma recientemente: Kit Connor —Nick Nelson en Heartstopper— lo hizo "bajo presión" y Noah Schnapp —Will Buyers en Stranger Things— lo hizo luego de estar "asustado 18 años en el clóset".

Cada quien sale del clóset como puede, cuando puede. Ellos lo hicieron entre acusaciones de queerbaiting y denuncias de "no representación" pero también entre el apoyo de los fans y de una industria que, empapada en rainwashing, capitaliza su diversidad. ¿Qué se le puede pedir a los actores, a la ficción y, sobre todo, a la realidad al momento de pensar nuestras historias? Nicolás Teté, director y guionista de Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el clóset y Axel Fritzler y Pablo Taboada, creadores del podcast Sodomarama, intentan junto a SOY dar respuestas a estas interrogantes.


QUEERBATING

El concepto de queerbaiting (“carnada queer”) tiene que ver con aprovecharse del personaje para venderse en redes, tipo marketing, pero los que toman la decisión de tomar o no a un actor son los directores, agentes, directores de casting, el actor no tiene mucha injerencia en eso”, dice el director de Todos tenemos y agrega: “El actor siempre se escuda detrás de un personaje, no es el mismo nivel de responsabilidad de un cantante u otras figuras”.

El queerbaiting es mucho más grotesco en la industria musical, por ejemplo, donde la imagen personal tiene el mismo peso que el talento —incluso más en algunos casos— pero sin importar la industria quien está en el ojo público camina en el filo entre lo que quieren conseguir (ese nicho para el cual podrían usar “carnada”) y lo que los fans esperan de ellos, lo que proyectan y demandan.

Axel Fritzler, analiza el caso Kit Connor y observa: “No sólo hay una elemento de queerbaiting, sino también tenés el shipping de los fans: gente queriendo que los actores estén juntos como los personajes“. Pablo Taboada, con quien conducen Sodomarama, un podcast dedicado a películas y series LGBTIQ+ que acumula más de 36 mil escuchas, agrega: “Está la necesidad y el deseo de la gente de ver a sus ídolos con una relación, pero también pasó en Gran Hermano, que se han inventado parejas gays los fans”.

“Hoy le llamamos así porque tenemos redes y sabemos que tiene ese nombre pero pasó siempre en las telenovelas. Marilina Ross y Arnaldo André, una imposibilidad total, se shippeaba igual”, dice Pablo.

El problema surge cuando estos ships disfrazan inquisidores hostigamientos que buscan develar la orientación sexual de la figura en cuestión, bajo la premisa de que si no se coincide con el ideal, es entonces queerbaiting. Cuando Connor salió del clóset —como bisexual— su pareja, Maia Reficco, contó cómo vivió estos agravios en primera persona y la presión que sentía Kit para contarlo. “Los fans se agarraron del queerbaiting para justificar su frustración con el shipping”, explica Axel.

Noah Schnapp, Will en Stranger Things. Su salida del clóset fue amable y bien recibida por los fans. 

En otros casos, como el de Noah Schnapp —Will en Stranger Things— el apoyo de los fans pudo significar una salida del armario un poco más fácil. El video subido a redes sociales que anunciaba su salida frente a su familia (con un “ya lo sabíamos” como respuesta) no tuvo más que brazos abiertos por parte de los fans que desde la 4ta temporada de la serie saben que también en la ficción es una persona cuir.

“El nuestro es un nicho más copado y más fiel, tal vez porque justamente nos gusta vernos reflejados o representados entonces solemos mostrar más apoyo”, dice Teté, quien advierte: “Algunos a veces se pasan de rosca y terminan siendo más gay que los mismos gay. En la música es más visible, Harry Styles juega demasiado con esos límites y es hasta molesto”.

En la próxima gala, la número 34 de la GLAAD Media Awards, Bad Bunny será reconocido por su “allyship” (ser aliado) de la comunidad LGBTIQ+, por hechos que incluyen besos con otros hombres, draguearse en un videoclip o posar con ropas femeninas para la marca Jacquemus. El director de Todos tenemos, dice: “¿Por ponerte un vestido rosa sabés lo que es una vida queer? ¿Sabés lo que vivimos? Lo hacen cuando ya están asentados y se suben a esa para mostrarse más abiertos y más conectados con esas problemáticas”.

Ya sea por la presión de los fans, por su apoyo o por los beneficios que podría traerles mostrarse empáticos con la comunidad es verdad que son episodios que colaboran a una narrativa más amplia acerca de la aceptación. “Antes era imposible pensar que un pibe tan famoso de 18 saliera del clóset, no habría habido ni un sólo agente que se lo permitiera”, dice Fritzler. Aún así, tratándose de personalidades tan sensacionalistas, que están tan controladas, que “no se tiran un pedo sin un equipo de 30 personas que lo coordinen” —dirá Taboada— cabe la pregunta de “si los managers saben o sospechan de ellos al momento de ofrecerlos para estos papeles” porque “a veces parece mucha casualidad que en estas nuevas tiradas de contenido coincida la orientación sexual del personaje con la del actor que la interpretó, y que luego sale del clóset”.

Bad Bunny, ¿aliado u oportunista?


QUIÉNES DEBERÍAN

Que ciertos accionares se cuestionen más o menos según quién los haga no sólo abre la interrogante acerca de la vara con la que se juzgan, sino también la certeza de que importa demasiado el quién.

Esta generación está mucho más abierta a salir del clóset que por ejemplo un actor de 35-40 años. En esos casos sólo se les conocen rumores y roommates varios pero son, por decir algo, personajes de Marvel, entonces no pueden decir que son de la comunidad. En los actores más jóvenes pasa que no tienen una imagen heterosexual formada que tengan que sostener”, dicen los conductores de Sodomarama.

Resulta interesante pensar cómo ponerle cuerpo a un personaje cuir ayuda a asimilar en sus realidades su propia disidencia, una lógica que, al mismo tiempo, refuerza la idea de que la disidencia en los actores ayuda a la interpretación de personajes cuir.

“Yo intento que los actores gay hagan papeles gays, muchas veces no se puede porque no tenés un actor que te convenza. Pero en Todos tenemos fue un plus que Facundo (Gambandé) pueda interpretarlo porque muchas cosas del personaje lo interpelaban. Cualquier actor debería poder hacer de cualquier cosa pero para mí la prioridad es que si el personaje es gay el actor sea gay”, cuenta Nicolás Teté quien está trabajando en una adaptación al cine de su cuento “El Viaje”, editado por Blatt&Ríos, que habla de un jóven que conoce a un actor por grindr, el cual no ha salido del armario, historia que orbita la temática de esta nota.

“Tienen que ser los actores del colectivo los que interpreten estos papeles pero no por una cuestión de representación sino para que tengan trabajo, porque no lo tienen en el mainstream”, complejiza aún más el comunicador, Axel Fritzler que agrega: “En Hollywood, ¿qué actor salido del clóset tiene papeles protagónicos en Marvel?, o acá mismo en Argentina, ¿qué actor abiertamente gay tiene los personajes de Darín o Lamothe? Únicamente los vemos en el cine independiente o en el teatro”. “Yo no quiero a Federico Bal haciendo Kinky Boots, un tipo que ni siquiera es actor”, remata su par, Pablo Taboada.

Tanto el director como los comunicadores se muestran flexibles ante esta regla. Llámelo Physique du rol, rango, o no todas las personas disidentes son iguales entre sí, algunas concesiones pueden ser dadas ante el ideal de representación. Cuando se estrenó el capítulo de The Last Of Us que se centraba en la historia de Bill y Frank, uno de los actores era gay (Murray Bartlett) y el otro no (Nick Offerman) y no fue algo en lo que la prensa, ni tampoco los fans, haya hecho mucho hincapié. “Tiene que ver con que Offerman nos tiene acostumbrados a esos papeles del conservador nacionalista libertario, que le salen muy bien”, dicen desde Sodomarama.

Tal vez el límite se vuelva más claro ante los casos de actores que vean un personaje cuir como una manera fácil de demostrar su capacidad actoral, de mostrarse con rango, más provocadores, más talentosos y abiertos a los desafíos. Podría pensarse que Connor y Schnnap, que viven carreras diseñadas por otros y que crecen a la par de sus propios personajes, están exentos de ser este tipo de actores. “Creo que son bastantes jóvenes y no tendrían por qué posicionarse con cosas que a veces no se les cuestiona ni siquiera a los adultos”, dice Fritzler.

Además, los comunicadores ponderan: “Close —la historia nominada al Oscar sobre la amistad de dos chicos de los que se rumerea, son homosexuales—, tiene en los títulos finales un montón de psicólogos que participaron. No debe fácil tener actores menores de edad tratando estos temas; y es algo en lo que requieren acompañamiento, para saber qué es lo que están representando y lo que implica”.

REPRESENTACIÓN

En Stranger Things, el personaje de Will era el diferente, no sólo el "sensible" —como lo describe su mamá—, sino también el que era la puerta hacia el otro lado, de él venían las criaturas extrañas y él era el que sentía la presencia maligna. Él es el primero de los otros casos de niñes y adolescencias que son perseguides por el villano de la serie en base a sus inseguridades, culpas y demonios internos. Y es a él a quien le cuesta soltar la infancia, como ese lugar seguro, cuando los demás comienzan a tener novias y él no.

¿Es esta la correcta representación de una infancia cuir? ¿Es esta la realidad que la ficción debe igualar —la sensación de persecución, ser la puerta hacia lo maligno—? ¿Es esto lo mejor que se puede hacer?

Se le pide muchísimo más a las ficciones LGBTIQ+ que a las otras ficciones. Que represente a todas las minorías, todas las disidencias, todas las historias y no siempre se puede”, explica el cineasta y dramaturgo Nicolás Teté. “Heartstopper es criticada por heteronormativa y porque parece muy cuento de hadas pero con dos varones; deberíamos aceptar que si queremos que todo producto audiovisual toque todas las aristas posibles se haría algo superfluo que no termine en ningún lado”, desarrolla.

El guión de Todos tenemos — que el 13 de abril vuelve a la plataforma Cine.ar—fue desarrollado en un taller; cuando Teté lo leyó por primera vez, un compañero le dijo que era una historia que quedaba vieja, que ¿cómo iba a pasar que la familia no lo acepte al protagonista? Pero… ¡Él estaba viviendo esa misma situación! “Era un chabón porteño que no tenía idea de lo que pasaba en el interior, ´Esto no pasa más...´, me dijo”, cuenta Nicolás.

A la interrogante por la representación se le suma la posibilidad de interpretación del consumidor, como si no importara qué tan fiel sea un producto, lo que importa es que se pueda entender. Como una palabra en un idioma que significa exactamente lo que se quiere decir pero que nadie la entiende.

“Con Todos tenemos, nos pasaba tanto a Facundo (Gambandé) como a mí de recibir mensajes de chicos y chicas del interior que se sentían identificados con la película pero los porteños no entendían cosas que le pasaban, no entendían qué era vivir en el interior”, continúa explicando el director.

Resulta casi inocente la búsqueda de una representación plena, totalmente abarcativa, que englobe a todos, todas y todes y todos los escenarios, sobre todo al momento de pensar que entre emisor y receptor juegan códigos específicos, que no sólo responden a un guión y una performance y su “fidelidad con la realidad” sino también una multiplicidad de factores que incluyen demografías, vivencias, conocimientos previos, acentos, edades …

“Las críticas vienen de personas muy grandes, es decir con muy poco contacto con las nuevas generaciones, que no se sienten representades porque elles no vivieron esas historias, ni esa libertad, entonces lo ven irreal. No escuchamos a nadie joven criticar a Heartstopper por asimilista, heteronormativa ni acusar a Netflix de poner un actor gay para un personaje gay por una cuestión de marketing, esas son cosas que piensan las maricas viejas”, dicen de Sodomarama, un podcast cuyas escuchas se centran en varones gay de entre 28 y 44 años.

Trixie Mattel y Katya Zamolodchikova

Las ex participantes de RuPaul´s Drag Race, Trixie Mattel y Katya Zamolodchikova, tienen entre sus múltiples contenidos para redes sus famosas reacciones a los productos de Netflix. Al momento de criticar Uncoupled — protagonizada por Neil Patrick Harris—, cuenta Teté que “le daban con un palo hasta que se dieron cuenta que en realidad estaban criticándola porque era un contenido LGBTIQ+”. Es decir, era una vara mucho más alta por ser un contenido cuir. “Le pedimos más a esos contenidos que a cualquier otro. Pasa algo similar con el cine argentino, le pedimos muchísimo en comparación al cine del exterior”, compara el cineasta.

Entonces, ¿cuál debería ser la medida con la que se juzga la representación? “En nuestro podcast es una pregunta recurrente, porque no hay muchas historias donde no muramos a causa del SIDA o por crímenes de odio”, reflexionan sus realizadores. Tal vez lo más viable sea quedarnos con aquellas ficciones que nos permitan imaginarnos una realidad distinta, tan diversa como esas historias que queremos que se cuenten pero entendiendo que nuestra perspectiva va estar atravesada tanto por nuestras frustraciones, como por nuestro deseo de tener siempre algo mejor que poder contarnos.