El Salón Canning le cerró las puertas, pero el gestor cultural ya estableció una nueva sede en el mítico Marabú. "Más allá de lo estético y la riqueza cultural, en pandemia descubrí que la milonga es un lugar donde se cumplen derechos”, señala.
"El patriarcado sigue pero tiene sus límites, no podés reprimir a nadie que baile con quien quiera."