Adriana Díaz, una militante de los derechos de género que ahora es la nueva presidenta del PI
“Nos definimos como un partido de causas”
Es catamarqueña, candidata a diputada provincial por el Frente Justicialista para la Victoria. Impulsora del NiUnaMenos en su provincia, es la primera mujer que preside el partido. Su perspectiva sobre cuestiones de género, la crisis del PI y la propuesta para revitalizarlo.
“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz.“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz.“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz.“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz.“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz.
“Con Oscar Alende también aprendimos la concepción frentista”, destaca Adriana Díaz. 
Imagen: Sandra Cartasso

No se han encontrado resultados para “presidentas de partidos políticos argentina”. Quizás quisiste decir: “presidentes de partidos políticos argentina”, dice, sugiere, recomienda Google. Irrumpiendo en el escenario masculino de la política –y por qué no, en los motores de búsqueda de Internet–, Adriana Díaz es la nueva presidenta del Partido Intransigente. Primera mujer además, que llega a ese cargo en el partido. “Es un gran desafío y honor representar en su máxima conducción al partido que en su momento condujo el Dr. Oscar Alende, “El Bisonte”. Es un desafío mayor hacerlo en estos tiempos en que el país necesita una respuesta, frente a la tremenda avanzada del neoliberalismo y la derecha en nuestro país, Latinoamérica y el mundo. La política se define en función de un concepto de entrega personal. Se trata de poner el cuerpo a la gestión, y eso es lo que yo quiero hacer”, dijo. 

La Convención Nacional del Partido Intransigente (PI) sesionó en el Hotel Bauen, el sábado de la semana pasada, y la convirtió además en la primera catamarqueña como principal autoridad nacional de un partido político. Es que no hay ni ha hubo en la historia muchas mujeres presidentas de partidos políticos nacionales. Sin ánimo de exhaustividad, se puede citar a Julieta Lanteri (Partido Feminista Nacional), Eva Perón (del Partido Peronista Femenino), Elisa Carrió, del ARI.

En su provincia, Adriana Díaz es candidata a diputada por el Frente Justicialista para la Victoria (FJPV), con vistas a las elecciones generales del 22 de octubre.

En diálogo con PáginaI12, desde Catamarca, de la que es oriunda y donde desarrolló toda su actividad política, Adriana Díaz repasó su historia y sus ideas, y adelantó sus objetivos de gestión. 

Díaz es técnica superior en Turismo, licenciada en Comunicación Social, profesora, y también incursionó en la carrera de Historia y Abogacía. Docente de los principales Institutos de Educación Superior de la Capital de Catamarca, hace un par de años tuvo que interrumpir su actividad en las aulas por una compleja operación de ojos. Aun así, decidió continuar militando. En su recorrido, militó y fue dirigente en los ámbitos de la política estudiantil, sindical y política. En el primer período de gobierno de Lucía Corpacci, fue subsecretaria de Familia en el Ministerio de Desarrollo Social.

–¿Cuándo y por qué se empezó a interesar por la política?

–Pisando los 17 años (año 78) empecé a tomar real conciencia sobre desigualdades e injusticias, comencé a buscarle explicación a todo eso y empezaron las conversaciones con mi viejo sobre política.  Siempre hablábamos mucho con mi papá. Él me contaba que su vida y la de su familia habían sido muy duras. Que desde niño tuvo que trabajar en la calle lustrando zapatos, vendiendo diarios o en lo que fuera para que sus hermanos pudieran estudiar, hasta que pudo aprender un oficio. Era de la provincia de Buenos Aires y se vino a trabajar a Catamarca con un amigo. Una vez me contó algo que me marcó para siempre: que la primera vez que tuvo un juguete “de verdad”, un camión y una bolsa de caramelos, fue con Evita. Sin embargo, en aquel momento, no comprendí exactamente lo que él quería decirme sobre no tener juguetes, ni poder ir a la escuela, porque yo había tenido una infancia diferente y hasta había ingresado a la Universidad. Fue en la Universidad donde lo entendí y empecé a involucrarme junto a otros compañeros de mi generación sobre la realidad del país.

–Es la primera mujer presidenta del partido, ¿por qué recién ahora? 

–Somos un colectivo político y como tal hemos ido definiendo todas las conducciones. En cuanto a mi designación, quien lo planteó en nombre de ese conjunto fue Gustavo Cardesa, el presidente saliente. Lo hizo especificando que la nominación estaba centrada en la condición de militante política donde el hecho de ser mujer aporta y mucho a esta perspectiva de género.

–¿Cómo es la participación de las mujeres dentro del partido?

–Nuestra participación en temas de género se remonta ya a los primeros encuentros nacionales de mujeres. Trabajamos por el cupo desde los primeros debates en los años noventa. Conformamos en los territorios distintas mesas de participación popular con perspectiva de género, al igual que desde los municipios, impulsando distintos mecanismos contra la violencia de género y  violencia institucional. Acompañamos las movilizaciones que luego desembocaron en el “Ni una menos”, haciendo especial hincapié en el respeto a la diversidad, sosteniendo específicamente los derechos de la comunidad LGTBIQ. En especial, tratamos de desarrollar acciones en defensa de mujeres migrantes.

–¿El PI incorpora en su Carta Orgánica cuestiones de género?

–Si bien no está en la Carta Orgánica Nacional, se brinda constante estímulo a la participación con perspectiva de género y, con sujeción a la Ley electoral. Las distintas conducciones partidarias tienen espacio institucional correspondiente a género. De hecho, la Mesa Directiva Nacional tiene la Secretaria nacional de género. También sostenemos la importancia de impulsar, desde los municipios, los presupuestos sensibles al género, entendiendo que cuando los gobiernos se comprometen realmente con esta lucha, debe notarse primordialmente en la disposición de recursos humanos y materiales para desarrollar políticas públicas destinadas al respecto.

–¿Qué objetivos se propone para la gestión?

–En otras épocas discutíamos si el Partido Intransigente debía ser un partido de masas o un partido de cuadros. Hoy nos hemos definido como un partido de temas, un partido de causas. Esto significa que nos vamos a direccionar en objetivos que tienen que ver con las cuestiones relacionadas con los derechos humanos en un sentido amplio, las cuestiones vinculadas con género, diversidad, igualdad y equidad, y proponer soluciones a los problemas cotidianos de los argentinos, como por ejemplo la defensa de usuarios y consumidores de bienes y servicios. Trabajaremos fuertemente en lograr un mayor desarrollo territorial en las provincias. En la recuperación de personería partidaria en algunas, donde hay militancia partidaria pero se está tratando de regularizar la parte legal, y estamos muy cerca de lograrlo. Dado el actual proceso que se vive en Argentina, con los ajustes y la desigualdad, con un brutal retroceso en materia de Derechos Humanos –que incluye la condena internacional hacia nuestro país por mantener a Milagro Sala presa y por la desaparición forzada de Santiago Maldonado–, ratificamos una vez más nuestro compromiso con la construcción de un país justo, libre, soberano y solidario. 

–A lo largo de la década del 80 el Partido Intransigente fue la tercera fuerza política nacional, llegó a sumar un millón de votos. ¿Cuál es la situación del PI hoy?

–No puedo soslayar la profunda crisis de representación que padecen los partidos políticos sobre todo en América Latina y el Caribe. En este marco es que se inscribe nuestra propia problemática. Aquella fuerza del millón de votos se vio impactada por la incapacidad para resolver una síntesis ideológica y política entre quienes venían del radicalismo, los que lo hacían desde distintas experiencias militantes durante los años 70 y las nuevas generaciones que nos acercábamos al PI participando por primera vez en una fuerza política. Sumado a ello, un liderazgo como el de Oscar Alende. Desde su fallecimiento en adelante, debimos construir conducciones colectivas, ya que era imposible sustituirlo. Rescatamos entre tantísimos valores la capacidad de guiarnos en una comprensión antigorila de la historia y de la política, buscando sentar las bases de un nacionalismo popular y transformador. Con él también aprendimos la concepción frentista, la necesaria unidad en la acción y la unidad en la diversidad. Muchos se alejaron del partido decepcionados en su visión alternativista, de construcción de espacio propio o bien conformando alianzas o frentes de izquierda. La concepción frentista con perfil nacional y popular es más amplia y concibe al peronismo como eje estructurador. Esta mirada costó objetivamente el alejamiento de quienes pretendían otras modalidades de construcción política. El PI hoy tiene presencia en varias provincias de modo organizado, con militancia en muchos puntos del país que debemos ir a buscar y ayudar a reorganizar.

–Resultó electa candidata a diputada provincial por el FJPV, ¿cuál es su perspectiva para las próximas elecciones?

–Hoy integramos el Frente Justicialista para la Victoria junto al peronismo catamarqueño conducido por Lucía Corpacci, quien puede pararse desde el lugar que le otorga el hecho de gobernar favorablemente la provincia. Y eso tiene su peso. La gobernadora tiene un lugar importante dentro del PJ nacional; este es uno de los escenarios. El otro escenario es que en estas elecciones de 2017, los distintos actores se van a posicionar de cara a 2019. Nosotros lo que vemos es que es necesario construir procesos de unidad. En ese marco, en la provincia, tenemos como objetivo básico que este frente de Catamarca confronte con el PRO-radicalismo-Cambiemos y que gane las elecciones. Por otro lado, creemos que hay que seguir insistiendo en la creación de un gran frente nacional y popular, en el afán de construir la herramienta capaz de disputarle el poder a la derecha neoliberal, que hoy está representada en la figura de Mauricio Macri como gobernante de los CEOs de las grandes corporaciones.