El día que...
El día más triste del fútbol argentino, en primera persona
Con el partido clave que definirá mucho del destino de la Selección de Sampaoli a Rusia, en Enganche nos pusimos a recordar con los protagonistas de aquella recordada eliminación del Mundial 1970. La Bombonera. Argentina. Perú. Todo se repite. ¿Cambiará la historia?

A fines de agosto de 1969, pocos días antes de que Argentina se jugara contra Perú en la Bombonera la clasificación al Mundial de México 1970, los jugadores de la selección fueron convocados en la Casa Rosada. Eran tiempos convulsionados en lo futbolístico, pero mucho más en la sociedad: la dictadura de Juan Carlos Onganía regía en el país. Los futbolistas respondieron a un llamado del coronel Luis Prémoli, secretario de informaciones del gobierno de facto, y uno de los militares que en 1966 habían desalojado a Arturo Illia de la casa de Gobierno. Prémoli les prometió a los jugadores que, si les ganaban a Perú, le regalaría un departamento a cada uno. La desesperación carcomía a una selección (e incluso a la cúpula militar) que había llegado al final de las Eliminatorias con el agua al cuello, una situación que se repite 48 años después, y no sólo porque Argentina se jugará casi todas sus chances contra Perú en la cancha de Boca: en aquel oscuro 1969, la AFA tuvo cuatro presidentes diferentes, un caos comparable a los tres entrenadores que la selección lleva en las Eliminatorias actuales. Casi medio siglo después, algunos protagonistas reconstruyen el antes, durante y después del (por ahora) partido más triste de nuestro fútbol, la única vez que (por ahora, también) la selección quedó eliminada antes de un Mundial.

Juan Carlos Rulli, mediocampista defensivo de Argentina: “Había una desorganización previa terrible. Algunas semanas antes del debut cambiaron el técnico (se fue Humberto Maschio y asumió Adolfo Pedernera) y la lista de jugadores. Yo estuve a punto de renunciar. Racing, el equipo en el que jugaba, hacía una gira por Sudáfrica y estuve tentado de decir ‘ma sí, me voy con Racing, disfruto y estoy tranquilo’. ¿Pero cómo le decís que no a la selección? Viajamos a La Paz para aclimatarnos a la altura y unos científicos franceses nos analizaban la sangre y nos hacían ergometrías, cosas que no servían para nada. Hicimos todo mal, al azar, era un despelote, un ‘viva la pepa’. Ni siquiera el periodismo estaba con el equipo. Era una guerra”.

Ángel Marcos, delantero de Argentina: “Desde el primer día, cuando supimos que tendríamos que jugar contra Bolivia en la altura, y hasta el último, cuando quedamos eliminados contra Perú, la polémica de las Eliminatorias pasó por la preparación para jugar como visitante en La Paz y Lima, que eran los dos primeros partidos (la zona era un triangular con Perú y Bolivia, Argentina jugaría los dos primeros partidos de visitantes y los últimos dos de local, y sólo se clasificaría el primero del grupo). El tema era cómo enfrentar los 4.000 metros de La Paz. Algunos decían que teníamos que llegar el mismo día del partido y otros, que teníamos que ir 15 días antes. Al final se eligió esta segunda opción pero igual hubo enormes problemas. Algunos jugadores se sentían mal, no comíamos mucho, los labios se nos cortaban. Fue una verdadera lucha y encima no nos adaptamos bien, no podíamos correr. Perdimos cuatro o cinco kilos y lo sentimos en el resto de las Eliminatorias. Fue un hándicap terrible. Bolivia nos ganó (3 a 1) y hubo jugadores expulsados, invasión del público y la policía casi nos mata, pero no solo perdimos el partido: la calidad atlética ya estaba dañada. De ahí nos fuimos a Perú”.

Teófilo Cubillas, mediocampista ofensivo de Perú: “En Lima le ganamos a Argentina (1 a 0) con un gol de Perico León. Era una buena Argentina, tenía muchos nombres: estaban (Mario) Cejas, (Roberto) Perfumo, (Daniel) Onega, (Alberto) Rendo. Pero nosotros estábamos convencidos de que íbamos a clasificar. Nos sentíamos superiores. Didí era nuestro técnico y llevábamos mucho tiempo de trabajo juntos”.

Rulli: “Conocíamos a los peruanos porque con Racing los habíamos enfrentado por la Copa Libertadores. La base era de la Universitario: (Héctor) Chumpitaz, (Roberto) Chale y (Luis) Cruzado, con el aporte de otros clubes, como Cubillas (Alianza Lima). Nosotros no teníamos un mal equipo: en la defensa también estaban (Silvio) Marzolini, (Alfio) Basile, (Rafael) Albrecht. Y del medio para arriba estábamos Bernao,  Yazalde, Onega, Más, Rendo y yo. Pero el caos era más fuerte: no sabíamos dónde entrenábamos ni concentrábamos”.

Marcos: “En el primer partido de local, a Bolivia le ganamos (1 a 0) y después nos tocaba cerrar contra Perú en la Bombonera. Teníamos que ganar. ¿Si en el fútbol de antes no existía la tensión de ahora? Claro que sí: aquello fue terrible, con una tensión extraordinaria. El partido fue muy eléctrico”.

Rulli: “Acá, en Buenos Aires, estábamos muy presionados. Perdone que no recuerde mucho, pero fueron hechos muy desagradables, y yo sufrí mucho”.

Cubillas: “¿Presión en la Bombonera? No, nada de eso. No sentimos nada. Además nosotros tendríamos que habernos clasificado antes, pero el árbitro nos anuló un gol válido en el partido contra Bolivia en La Paz”.

Oswaldo “Cachito” Ramírez, delantero de Perú: “La Bombonera tenía un único túnel de ingreso para los dos equipos. El árbitro nos dijo que primero entrara el local y después, nosotros. Pero cuando los parlantes anunciaban que estaba por salir Argentina y la gente aplaudía y aplaudía, nuestro capitán, Chumpitaz, nos ordenó que saliéramos. Nos evitamos los silbidos y tuvimos viveza, aunque no nos clasificamos por eso, sino porque jugamos mejor. No cambia nada jugar en una cancha u otra, la Bombonera o el Monumental. Al fin y al cabo, son once contra once”.

Alberto Rendo, Argentina: “Yo me había enterado por el diario que estaba citado para la selección, pero Pedernera me dijo que sería el futbolista número 23, y que sólo iba a jugar si se lastimaba un compañero. Y como (Antonio) Ratín se lastimó en Bolivia me volvieron a llamar,. Recién debuté en el último partido, contra Perú en la Bombonera. Entré en el segundo tiempo”.

Marcos: “Pudimos haber ganado porque teníamos jugadores muy buenos, pero Perú aprovechó bien nuestro nerviosismo y de contraataque nos hicieron dos goles”.

Ramírez: “Argentina tenía muchos problemas, similares a los de ahora, pero además nosotros jugábamos muy bien. Si el arquero no hubiera sido Cejas, que se atajó todo, habríamos goleado. Encima el penal que le dieron a Argentina para el primer empate (lo convirtió Albrecht), no fue falta: Eloy Campos ni lo tocó a Rendo”.

Rafael Hormazábal, hijo del padre homónimo, árbitro chileno del Argentina 2-Perú 2: “Mi papá murió hace dos meses y siempre fue muy reservado sobre los partidos que dirigó, pero de aquel Argentina-Perú me habló bastante. Siempre me dijo que no dirigió bien. Yo también fui árbitro y algunos años atrás le mostré las imágenes de ese partido por YouTube. ¿Le soy sincero? En el penal que cobró para Argentina, nunca vi la infracción. Pero no era fácil dirigir en esa época: todavía no había tarjetas y el árbitro amonestaba o expulsaba verbalmente. Sobre el final echó a un peruano por demorar porque se turnaban para patear un tiro libre”.

Ramírez: “Yo hice los dos goles de Perú y me pusieron ‘el verdugo de la Bombonera’”.

Rendo: “Fueron los únicos goles que Cachito Ramírez hizo en su vida, me dijeron. ¿Qué increíble, no?”

Cachito Ramirez: “Es el único partido que jugué en esas Eliminatorias, pero soy el peruano que más goles hice en la Copa Libertadores y en el fútbol de mi país convertí 280 goles”.

Rendo: “En el último minuto hice un gol que fue muy bonito (el 2 a 2 final que evitó la derrota aunque no la eliminación). Arranqué casi desde mitad de cancha, pero no tapó la tremenda amargura. Eso lo invadió todo”.

Marcos: “¿La verdad? Fue justo que se hayan clasificado ellos. De nuestra parte estuvo todo hecho para no clasificarnos. Es más, habría sido un milagro si nos clasificábamos. Pero lo primero que hay que decir es que aquel Perú era un gran equipo. Fue el mejor Perú de la historia. Al año siguiente hizo un gran Mundial y perdió en cuartos de final contra Brasil. Nosotros teníamos muy buenos jugadores y creíamos que con eso nos alcanzaría, pero el equipo colectivamente no jugaba bien, algo parecido a lo de ahora. Tiramos tanto la cuerda que nos eliminaron. La diferencia con la actualidad es que ahora se juegan 18 partidos y hay cuatro clasificados (más un repechaje). No entrar en estas condiciones es una vergüenza”.

Cubillas: “El festejo fue grandísimo. Desde la cancha de Boca nos fuimos a una recepción a la casa del embajador peruano en Buenos Aires y nos quedamos muchas horas celebrando”.

Rendo: “Después del partido, la tristeza era tremenda. Nunca vi algo así. Pedernera fumaba en un rincón en el vestuario. Yo me metí en la ducha y cuando salí, ya no quedaba nadie. Agarré el bolso y me fui caminando despacito desde la cancha de Boca hasta mi casa en Pompeya. Eran 50 cuadras. Pasé por la estación Buenos Aires, por la cancha de Huracán y apenas llegué a mi casa me fui a la cama. Me desperté al día siguiente a las 9 de la mañana. No tenía teléfono, me quedé encerrado ahí. La selección no se recuperaría hasta que en 1974 la agarró (César) Menotti”.

Rulli: “Fue una desilusión terrible. Volví a Racing y me sacaron unos días para que no me entrenara con el equipo. A los que volvimos de la selección nos mandaron a practicar aparte, como si fuéramos delincuentes”.

Siete futbolistas que jugaron aquel partido del 31 de agosto de 1969 no volvieron a ser convocados a la selección (Carlos Pachamé, Luis Gallo, Roberto Tarabini, Albrecht, Marzolini, Rulli y Rendo). Tampoco continuó Pedernera, el técnico. Cuarenta y ocho años después, las placas tectónicas de la selección corren riesgo de registrar un terremoto similar, o peor, al de entonces, aunque por suerte ahora sin convocatorias militares.