Entre el trabajo y la paz
El diseño de jardines como disciplina, empresa y creación individual. Mariana Hogg y lo que va de una tienda a una visión.

Pasar su tranquera en Pilar es entrar a un mundo de Alicia en el País de las Maravillas. Crecen plantas en las mesas, cuelgan flores de cajones, salen cactus de zapatos, platería y vajilla antigua, todo tipo de muebles y hasta de llao llaos. Mariana Hogg concibió Alalma luego de veinte años de docencia como maestra jardinera y directora de un jardín de infantes. Estudió paisajismo en la escuela emblemática de John Brookes en Argentina (Pampa Infinita), se capacitó en Inglaterra, meca del diseño de paisajes, y abrió su propio espacio, en principio como una ‘tienda de jardín’, ya que venden plantas y todo lo relacionado, además de dictar cursos, dar charlas y asesoramiento.  Y sobre todo es un espacio donde se patentiza cómo el verde puede hacernos feliz.

–¿Cómo fueron tus comienzos?

–Yo quería ser maestra jardinera y mi viejo me dijo que no. Era la época post dictadura y con padres muy estructurados, con lo cual hice dos años de Derecho y por supuesto largué. Ahí volví a la carga con ser maestra jardinera y mi papá me sugirió estudiar profesorado de inglés, hice dos años, de nuevo largué y me anoté en el magisterio. Me recibí y fui veinte años docente de jardín de infantes, siendo directora de uno. Justo en ese tiempo teníamos que hacer una tesis para el colegio en que trabajaba y yo elegí aprender a través de la jardinería. Esto lo había sacado de Inglaterra, que tiene un sistema increíble, como Australia, en el que a través de la jardinería los chicos van haciendo cosas para su escuela. Se forman cooperativas y hacen un proyecto en común donde el patio es el eje para el aprendizaje. Mi tía y mi prima eran paisajistas, yo había vivido muchos años en el campo y me encantaba, y en ese momento yo había reconstruído mi vida luego de una separación importante, tenía la posibilidad de volver a estudiar y me anoté en paisajismo. Largué los guantes en la docencia y me anoté en John Brookes en Argentina, una escuela que se llama Pampa Infinita y es dirigida por las paisajistas Josefina Casares y Martina Barzi. Ahí estudié diseño de jardines y una segunda etapa de paisajes, que son jardines de más de 1000 metros. John es un paisajista emblemático, reconocido como ‘Sir’ por la reina, realmente palabras mayores. Terminé y me fui a Londres a estudiar al Chelsea Garden. Ahí me fui un verano a estudiar que fue lindísimo, esto fue en el 2005, así que hace ya más de diez años que estoy abocada al paisajismo. Cuando terminé el primer año de John Brookes, tuve la oportunidad de conocerlo y él recomendaba un montón de cosas. Lo que tiene de bueno, entre muchas cosas su escuela, es que te da una orientación super amplia en relación al jardín. Escultura, fotografía, todo tipo de herramientas que tengan que ver y se puedan usar en la profesión. El sostiene que cualquiera puede dedicarse al paisajismo desde otros metiers que se relacionen con plantas y el paisaje. El quería que tuviéramos una apertura siempre a la hora de proyectar.

 

–¿Qué te da el verde?

–Mucha paz, pero una paz que la siento después, porque en realidad me da mucho trabajo. Porque pienso en la paz como un estado de meditación, no sentada sino activa. Yo ando en el jardín todo el tiempo haciendo cosas, pero ese hacer me produce paz. El siempre decía y habla de la observación en cuanto al lugar. Si vos estabas en un lugar rocoso, obviamente ese iba a ser el material. Si estabas en la selva, tu plantación iba a ser lo tropical. Y que tuvieras muy en cuenta eso sino tu jardín no iba a combinar con el resto de la naturaleza circundante. Te podés dar licencias en las ciudades donde un jardín inglés puede combinar con uno francés o italiano, o japonesa, oriental, porque ya son impuestos, pero no en las zonas que no son urbanas. Y siempre nos animaba a pensar y trabajar con nuestra idiosincrasia. Por eso mis jardines se relacionan directamente con la persona que los habita. Sus gustos, costumbres. Hablan de él.

–Para mi jardín es Inglaterra, cuáles son tus referencias…

–En realidad las cunas de la jardinería dependen de donde vos tomás tus referencias, porque los jardines de Babilonia eran increíbles y existieron antes de Cristo, es más, si nos remontamos más allá el Paraíso fue el primer jardín para la cultura cristiana. 

Los orientales tienen unos jardines en total sintonía con la naturaleza. Los árabes con sus jardines de la Alambra, son increíbles. Esta cosa de que la naturaleza sea parte. En la Roma antigua, en Grecia. 

 

–Citaba Inglaterra, como un país donde tienen incorporado el amor y cuidado del jardín en todas las clases sociales, por ejemplo con esa costumbre de comprar flores como quien como acá compra el pan…

–Yo te voy a decir de donde sale eso por lo que he viajado y hablado con gente de distintas culturas. Los países donde tienen nieve e inviernos muy largos, y otoños muy húmedos, la primavera es una de las fiestas paganas más importantes y donde realmente el renacer es fuertísimo. Si durante todo el año no pueden ver una flor, cuando explota, explota. Y se dedican y son muy horticultores. Eso pasa también en Alemania, Suecia, Dinamarca.

–Volviendo a vos, te recibís y empezás enseguida a trabajar diseñando jardines…

–En el mismo mes que me recibió me dan un trabajo de diseño del que resultó mi actual marido. Le voy a hacer su jardín y él me inicia en algo que tenía que ver con John. Me cuenta que se dedicaba a la chatarra. Sin conocer su mundo, le propongo trabajar con eso, por ejemplo con increíbles durmientes que tenía de a miles en un depósito y un nuevo mundo se abre para mí. Empecé a hacer muebles para exteriores con hierro y lapacho. Ahí nacieron mis primeras mesas de lapacho, las hacia con varillas de bombeo del petróleo que tienen un macho y hembra y diferentes diámetros, patas o respaldo. Al año siguiente me presento en Estilo Pilar con mis plantas y muebles reciclados, una puesta famosa porque hice una cama toda de pasto. Esa la soñé. A mí me encanta poner mi espalda en el pasto y soñé eso. Ahí empieza Alalma en tu primera etapa. Usando la original chatarra de Santiago para mis instalaciones y trabajos. Luego participé de una exposición Estilo Pilar donde como el tema eran jardines urbanos armé un patio con un Ford T antiguo lleno de plantas, paredes graffiteadas que daban a una pérgola. Siempre reivindicando lo viejo y las hibridaciones. Y en el tiempo que tuve un pequeño, mínimo impasse de dos semanas entre dos obras, me vine al depósito en Pilar y me instalé. Primero en un espacio que iba a ser de 4x4 metros, luego de 12 x 8 y ahora que toma un terreno enorme suceden muchas cosas. Mi oficina es un vagón preexistente, tenemos huertas, acuáticas, pérgolas variadas, los muebles, invernadero. Empecé a armar los distintos espacios de forma natural. 

–¿Y hoy cómo resumís todo lo que haces?

–Yo nunca decidí que iba a hacer ni para qué, voy haciendo. Había hecho unos terrarios para un querido amigo, el dueño de Kalpakian, y eso me impulsó a lanzarme con la tienda. Mi hermana que es bien pragmática me ayudó a definir o clasificar porque Alalma surge de un modo muy natural. Yo principalmente venía a este espacio a buscar paz y con el tiempo lo hice propio. Así que acá no sólo vendo plantas y todo lo relacionado al jardín, sino que se propone como un espacio para disfrutar del contacto con la naturaleza. Poder venir a camina o leer debajo de la pérgola. Un lugar de encuentro, todo a través de las plantas.