El Fondo Monetario Internacional consideró que el gobierno de Mauricio Macri debe abrir la economía al comercio internacional, recortar subsidios a la energía y flexibilizar el mercado laboral. Desde la perspectiva del organismo multilateral esas medidas son necesarias para alcanzar un 2,5 por ciento de crecimiento económico en 2017 y 2018. El FMI despliega su tradicional recetario en su informe regional presentado ayer donde además recomienda la “racionalización del gasto en salarios”, eufemismo para la reducción del empleo en el sector público. 

La entidad conducida por Christine Lagarde advierte que la desaceleración en los aumentos de precios se está danto a un ritmo “más lento que el que es necesario para cumplir las metas de inflación”. Para abordar esta preocupación propone profundizar la estrategia contractiva del Banco Central. Entre los factores que pueden poner en riesgo lo que considera el “fin de la recesión” el Fondo apunta hacia “una mayor inercia en la evolución de los salarios”. 

“Se prevé que en Argentina el ajuste continúe durante 2018 y 2019”, expresa el informe “Perspectivas económicas: Las Américas”. El staff del FMI considera que las principales prioridades de la política económica deben residir en la reducción de la inflación y el déficit fiscal. “Sería crítico cumplir con el objetivo anunciado de recortar el déficit fiscal federal primario en 2 puntos porcentuales en los próximos dos años”, sostiene el Fondo que ofrece una hoja de ruta para lograr el “reequilibrio fiscal”. En los términos del organismo, la mejora en las cuentas públicas no se logra a través de un impulso en el crecimiento económico que incremente los ingresos tributarios. Para el FMI, “el reequilibrio fiscal tendría que basarse en nuevos recortes de los subsidios generosos y mal focalizados de la energía”. De manera complementaria, la estrategia del país requiere desde su perspectiva “de una racionalización del gasto”. 

El Fondo indica avanzar en un ajuste tradicional de la economía aunque sus economistas reconocen que ese camino es insuficiente: “Para afianzar la inversión privada y la productividad también será necesario seguir realizando esfuerzos para impulsar el programa de reformas estructurales”, enfatizan los técnicos del Departamento Occidental. Las “reformas estructurales” que propone el FMI son las tradicionales políticas neoliberales de desregulación. En sintonía con el programa de la Casa Rosada y los reclamos de la cúpula empresaria, el documento exige “dotar de mayor flexibilidad a los mercados laborales, reducir la informalidad, abrir la economía al comercio internacional y mejorar la competencia interna en los mercados”. 

Las recomendaciones del FMI están basadas en un imaginario diagnóstico de la economía local donde baja la inflación, se recupera el consumo privado, mejoran los salarios reales y aumenta la inversión de la mano de la obra pública. El entusiasmo del organismo que el año pasado volvió a realizar su tradicional auditoría de la Argentina por primera vez en diez años contrasta con los datos publicados por el Indec. El IPC arrojó un alza de 1,9 por ciento en septiembre. Ese indicador acumula en nueve meses un alza de 17,6 por ciento, superando el techo de la pauta inflacionaria del Banco Central. Las mediciones oficiales no solo representaron el fracaso para cumplir con la meta sino que el ritmo de los aumentos está por encima de los observados en el mismo mes de 2015. “En países como Argentina donde la inflación sigue situándose por encima del rango fijado como meta será necesario mantener una política monetaria restrictiva”, considera el documento. Tampoco se corroboran en las cifras de la autoridad estadística la mejora en la demanda interna y la recuperación de la capacidad de compra de los salarios. 

@tomaslukin