La editorial El Suri Porfiado cumple diez años y lanza once nuevos títulos
La poesía como resistencia
“La apuesta sigue siendo a la difusión de las múltiples tradiciones de la poesía argentina e hispanoamericana”, dice el salteño Carlos J. Aldazábal, poeta y responsable de la editorial, que ya lleva publicados alrededor de 125 títulos de autores de la región.
El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel.El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel.El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel.El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel.El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel.
El plan es potenciar la presencia virtual y digitalizar el catálogo, sin abandonar el papel. 

La poesía tiene razones para celebrar y seguir resistiendo. La editorial independiente El Suri Porfiado cumple diez años y lanza once nuevos títulos de poetas argentinos e hispanoamericanos, que se presentarán hoy a las 19 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543), con la participación especial de la cantante Luciana Jury. Los libros que se incorporan al catálogo del sello son Los ojos del pájaro quemado de Jorge Boccanera, Alguien lo dijo de la poeta fueguina Anahí Lazzaroni, Hoy dejó de ser invierno por un día del peruano Miguel Ángel Zapata, No andarse con chiquitas de la neuquina Carina Rita Medina, Después de las cenizas de la argentina residente en Italia Marisa Martínez Pérsico, Otro hombre descalzo del español Javier Bozalongo, Camerata carioca del salteño Carlos J. Aldazábal; El cielo no termina de quemarse de Agustín Mazzini (Premio Bustriazo Ortiz para Jóvenes Poetas), La forma de lo lejos del neuquino Carlos Duarte, El nacimiento de los ecos del poeta y dramaturgo Daniel Viola, y A campo traviesa, de Francisco Daireaux.

“Celebrar diez años de existencia significa festejar un imposible –dice el poeta y editor Carlos J. Aldazábal a PáginaI12–. El Suri surgió como una apuesta de poetas por subrayar la poesía que nos interesaba, por fuera de modas y de cánones. Como en todo proyecto de poetas, lo que sobraba era entusiasmo, pero faltaba dinero. Esa falta la subsanamos con algún subsidio estatal para dar el puntapié inicial de los primeros diez títulos. El dinero sigue escaseando, y dado el momento que vivimos probablemente la escasez se acentúe. Pero la apuesta sigue siendo al entusiasmo, a la difusión de las múltiples tradiciones de la poesía argentina e hispanoamericana. En este punto, el ejemplo de editores de poesía como José Luis Mangieri o Alberto Burnichón, a los que la escasez nunca les quitó el entusiasmo, nos sirve de guía en este presente”. El poeta salteño, autor de los poemarios La soberbia del monje, Por qué queremos ser Quevedo, Nadie enduela su voz como plegaria y Heredarás la tierra, entre otros, cuenta que el Suri aportó al panorama de la poesía argentina “una perspectiva múltiple” en la que se pueden reconocer las regiones y las diversidades del país. “La región patagónica y el noroeste, especialmente, ocuparon un lugar central en nuestro catálogo. Pero esa regionalidad no implicó un desdén hacia lo nacional, sino más bien la comprensión de lo nacional en esas regiones. No regionalismo sino regionalidad -aclara-. Una poesía nacional con múltiples tradiciones estéticas, entendiendo también en esa apuesta la multiplicidad de las tradiciones poéticas hispanoamericanas”.

En diez años El Suri Porfiado publicó alrededor de 125 títulos. “No sé si son muchos o pocos. Sí sé que son expresión de un deseo, y que ese deseo se sostiene en la palabra, y que esa palabra, como la magia, produce un efecto en la realidad”, reflexiona el poeta y editor salteño. “Ahora estamos planeando transformar la realidad física en realidad virtual, y para eso creamos una nueva página web a través de la cual se va a poder acceder a nuestro catálogo y adquirir los libros, en formato papel o digital, desde cualquier lugar del país. Durante diez años, nuestra presencia en las redes fue un simple blog. Por eso la nueva existencia virtual nos entusiasma. Entonces, el primer plan para el 2018, es potenciar esta presencia virtual, avanzando en la digitalización de nuestro catálogo. De momento, en ese formato, solo estarán disponibles las novedades. Y a partir de febrero, como lo hacemos siempre, empezaremos a planificar los títulos del año. Posiblemente, entre esos libros aparezcan los nombres de algún autor nacional de la talla de Leopoldo Marechal, o algún catalán importante. Pero aún no tenemos ninguna certeza”. El catálogo ha rescatado los poemas del santiagueño Bernardo Canal Feijóo (1897-1982) con Penúltimo poema del fútbol (1924), las Elegías de la piedra que canta (1969) del pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1929-2010) o la antología El hueco de un relámpago de Élida Manselli (1941-2013). Aldazábal confiesa que le gustaría publicar a la poeta tucumana María Elvira Juárez, representante de La Carpa, ese grupo vanguardista del Noroeste Argentino durante la década del 40 del siglo XX, al que también pertenecieron el salteño Manuel J. Castilla o el jujeño Raúl Galán. “También nos gustaría publicar a T.S Eliot, alguna vez vislumbramos la posibilidad de publicar una traducción de Jaime Rest;  y continuar publicando nombres importantes de la poesía hispanoamericana, como el español Luis García Montero, el chileno Omar Lara o el mexicano Marco Antonio Campos, por mencionar tres nombres que, afortunadamente, ya forman parte de nuestro catálogo”, agrega el editor.  

   “Hace diez años, en el 2007, presentamos nuestros primeros títulos. Nuestro padrino musical, en aquel lanzamiento, fue el querido Gabo Ferro, poeta de la canción, o poeta sin más, que nos acompañó en aquel acto esperanzado y esperanzador. Para seguir con la esperanza  y evitar que el desasosiego nos gane, vamos a redoblar la apuesta en esta celebración con la voz inconfundible y portentosa de Luciana Jury, amiga del gran Gabo. Porque me parece que ahí está la clave para vencer el desasosiego: en la resistencia que el arte siempre opone a la resignación”, afirma Aldazábal.

–¿Qué implica escribir poesía en tiempos críticos y tan lúgubres?

–En algún ensayito que escribí, y que anda circulando por las redes, dije que escribir poesía hoy, sea del tipo que sea, es una forma de ejercitar la esperanza. Pero, paradójicamente, esa esperanza está urgida en este presente por el clima social que atravesamos. Entonces es una esperanza urgente, de denuncia, de no resignación, de hermosura comprometida sin frivolidad ni torre de marfil, de originalidad desafiante por sobre lo panfletario, de mirada atenta a los milagros que siguen ocurriendo y que iluminan la oscuridad. Quizá los tiempos siempre son críticos y lúgubres, y simultáneamente luminosos y felices. En el delicado equilibrio de esa balanza está el umbral de la poesía. Y atravesar ese umbral, en términos políticos, puede ser un modo de vislumbrar, de imaginar, un porvenir.